Cuautitlán Izcalli, Estado de México.- El llamado a recuperar la capacidad de escucha, a renovar el entusiasmo por el anuncio del Evangelio y a construir una cultura vocacional que abarque a todos los bautizados marcó el inicio del II Encuentro Nacional de Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). La reunión, que se extenderá hasta el 21 de mayo de 2026 en Casa Lago, congrega a los responsables de pastoral de cada diócesis y a los secretarios de las comisiones episcopales.
El encuentro ocurre en un momento de profundas transformaciones sociales. Según el diagnóstico presentado por los propios organizadores, la sociedad mexicana enfrenta incertidumbres, búsquedas existenciales y un cuestionamiento creciente al sentido de la vida y la fe.
Frente a este panorama, el obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, Ramón Castro Castro, afirmó que la misión evangelizadora sigue siendo actual y necesaria, aunque reconoció que muchas veces el entusiasmo por anunciar el Evangelio se debilita ante las dificultades culturales y religiosas del presente.
“El Señor continúa llamándonos a renovar el corazón, la entrega y el entusiasmo por servir”, expresó Castro durante el mensaje de bienvenida. El presidente de la CEM exhortó a los participantes a convertirse en discípulos misioneros que lleven esperanza a la incertidumbre, cercanía a la soledad y fe a quienes han dejado de creer: “Que nunca perdamos la alegría de anunciar el Evangelio y de caminar juntos como Iglesia”, añadió.
Escuchar, antídoto contra el ruido social
Uno de los ejes centrales del encuentro giró en torno a la escucha. El obispo de Ciudad Valles y primer vocal de la CEM, Roberto Yenny García, advirtió que las personas viven rodeadas de mensajes, opiniones e información constante, lo que dificulta una escucha auténtica y profunda.
“A veces creemos que escuchamos, pero no siempre lo hacemos verdaderamente. Incluso podemos descubrir que, mientras alguien habla, nuestra mente ya está pensando en cómo responder o qué decir después”, señaló.
Yenny explicó que escuchar con apertura permite discernir si la Iglesia camina según la voluntad de Dios o si necesita corregir procesos pastorales.
En ese sentido, afirmó que los diagnósticos, las estructuras y las organizaciones no bastan por sí solos si la institución no aprende a escuchar la realidad concreta de las personas.
Como ejemplo, recordó una escena cinematográfica donde un grupo discutía ampliamente sobre los pobres sin escuchar sus experiencias, hasta que un personaje salió al encuentro de una joven y descubrió, en el diálogo sencillo, una verdad ausente en las discusiones previas.
“No basta mirar la realidad desde afuera ni quedarse solamente con informes o interpretaciones. El verdadero pastor necesita escuchar a las personas, acercarse a sus sufrimientos, conocer sus dificultades y dejarse tocar por la vida real de quienes le han sido confiados”, expresó Yenny. El obispo concluyó que la escucha es una forma de servicio y una condición indispensable para el discernimiento que hoy necesita la Iglesia.
Cultura vocacional para todos
Durante la segunda parte de la jornada, el obispo de Ciudad Victoria y responsable de la Dimensión Episcopal para la Pastoral Vocacional, Óscar Efraín Tamez Villarreal, llamó a superar la visión reducida de la pastoral vocacional limitada al seminario o a la vida consagrada.
“La vocación no es solamente para algunos; todos los bautizados tienen una llamada de Dios”, expresó. Tamez insistió en que la misión de la Iglesia no es “reclutar”, sino ayudar a las personas a descubrir el llamado que Dios ya sembró en sus vidas.

El responsable de la pastoral vocacional señaló que este tema ha tomado fuerza desde 2018 dentro de los procesos del Episcopado Mexicano y hoy representa uno de los ejes prioritarios. Explicó que la cultura vocacional debe despertar en niños, adolescentes, jóvenes y adultos la pregunta fundamental: “¿Qué quiere Dios de mí?”. Para ello, no basta ofrecer información sobre las distintas vocaciones, sino formar para el discernimiento, acompañar procesos personales y ayudar a cada persona a encontrar su misión dentro de la Iglesia y del mundo.
Tamez advirtió que la cultura contemporánea influye en el debilitamiento de los procesos vocacionales. Describió al hombre posmoderno como una persona marcada por la fragilidad emocional, la dificultad para asumir compromisos duraderos y la pérdida del sentido profundo de la existencia.
Esta realidad, dijo, impacta a las familias, los seminarios y los institutos religiosos, y provoca crisis de perseverancia y abandono de procesos formativos. Ante este panorama, la Iglesia necesita promover un modelo antropológico centrado en la dignidad humana, la trascendencia y el descubrimiento del sentido de vida.
El obispo de Ciudad Victoria definió la cultura vocacional como una tarea “coral y sinfónica” de toda la pastoral. Señaló que todas las áreas pastorales están llamadas a colaborar en sembrar, proponer, acompañar, formar y discernir las distintas vocaciones: laicales, matrimoniales, sacerdotales y de vida consagrada.
La misión no termina, comienza siempre de nuevo
La jornada concluyó con una celebración eucarística presidida por Ramón Castro, acompañado por los obispos Rutilo Felipe Pozos (vocal segundo), Héctor Mario Pérez Villarreal (secretario general) y los sacerdotes Enrique Morales Plasencia y Jesús Ortega Montes, quienes celebraban su aniversario sacerdotal. Durante su reflexión, Castro afirmó que el tiempo pascual recuerda a una Iglesia que sigue caminando con Cristo Resucitado y cuya misión “no termina, sino que comienza siempre de nuevo”.
El presidente de la CEM invitó a los participantes a preguntarse no solo qué deben hacer pastoralmente, sino quiénes son delante de Dios y qué quiere Dios de ellos:“Somos servidores de una misión que no nos pertenece; somos parte de una obra que comenzó antes de nosotros y continuará después de nosotros”, afirmó.
Como primera convicción pastoral, Castro propuso recuperar una pastoral centrada en la escucha profunda de las personas y de la realidad. Advirtió que la Iglesia corre el riesgo de llegar con respuestas preparadas antes de escuchar las preguntas reales de las comunidades.
“Podemos llegar con programas antes de haber escuchado los dolores; con lecturas antes de haber escuchado las esperanzas”, expresó. Escuchar, dijo, no es solo una metodología pastoral, sino una actitud teológica que permite discernir la voz de Dios en medio de la realidad concreta.
La segunda convicción del obispo de Cuernavaca se centró en la paciencia y la perseverancia pastoral. Recordó que el Reino de Dios crece de manera silenciosa y discreta. “El Reino tiene el ritmo de la semilla y no del mercado”, afirmó, al advertir sobre la tentación de medir los procesos pastorales solo con criterios de eficacia inmediata. Finalmente, insistió en la necesidad de formar integralmente a los agentes de pastoral en las dimensiones humana, afectiva, espiritual y doctrinal. “La Iglesia necesita formar discípulos maduros, no solamente colaboradores o funcionarios”, señaló.
Al concluir, el presidente de la CEM encomendó el caminar pastoral de la Iglesia en México a la Virgen María, a quien describió como modelo de escucha, discernimiento y paciencia, y pidió que fortalezca la esperanza y acompañe la misión evangelizadora. / Con información y fotografías de RedCatólica
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