Cuautitlán Izcalli, Estado de México.- A través del informativo institucional de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se divulgó que en el inicio de la 120 Asamblea Plenaria de obispos nacionales se delinearon dos objetivos de trabajo imperativos para los pastores: la promoción vocacional y la denuncia sin eufemismos de la violencia en el país que no cede.
El obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, Ramón Castro Castro, confirmó que los temas nodales serán la creación de una "cultura vocacional" como "la apuesta más profunda que la Iglesia puede hacer por el futuro"; y la denuncia de la violencia pues "no podemos hablar de esta realidad con eufemismos ni con la asepsia de quien observa desde lejos".
La Asamblea a convocado a 114 obispos de 83 diócesis de las 96 que conforman el país (algunas sedes permanecen vacantes y en espera del nombramiento de su obispo) y se desarrolla del 13 al 17 de abril en Casa Lago de Guadalupe; el informativo sintetiza que tendrá como eje central "el impulso de la cultura vocacional, el fortalecimiento del dinamismo misionero y la renovación de los procesos evangelizadores".
Bajo el lema “¡Viva Cristo Rey!: Jesús resucitado nos envía: cultura vocacional, evangelización y misión en el centenario de la memoria de nuestros mártires”, los obispos del país iniciaron la asamblea con el mensaje de apertura del obispo Castro quien sintetizó las dificultades que enfrentan las diócesis mexicanas: "Víctimas de la violencia, jóvenes que se alejan de la Iglesia, seminarios que se vacían, presbiterios que envejecen y una sociedad fracturada y herida"; pero afirmó que "el mal no es lo definitivo en este mundo".
El obispo de Cuernavaca insistió en que la cultura vocacional es el tema central de la asamblea: “No es un programa pastoral más”. Explicó que la vocación no pertenece solo al sacerdote o al religioso, sino que es “la realidad más profunda de cada cristiano: la llamada personal e intransferible que Dios hace a cada persona para participar, desde su estado de vida y sus carismas propios, en la misión de Cristo”.
Entre los objetivos de la asamblea, los obispos se propusieron identificar los desafíos y recursos actuales de la cultura vocacional en México, elaborar orientaciones pastorales para la promoción de las vocaciones y la formación integral de todos los bautizados, con diversidad de carismas y estados de vida.
“La cultura vocacional no es responsabilidad exclusiva del director de Seminario o del delegado de pastoral vocacional. Es responsabilidad de cada obispo, de cada párroco, de cada comunidad cristiana, de todas las instituciones educativas de la Iglesia”, reflexionó.
Violencia: realidad inocultable
Castro Castro abordó también la situación de seguridad en México: “Nuestro país sigue bajo el peso de una violencia que no cede. Y nosotros, como pastores, no podemos hablar de esta realidad con eufemismos ni con la asepsia de quien observa desde lejos”, exhortó.
Mencionó casos concretos: sacerdotes amenazados y extorsionados, madres buscadoras de desaparecidos, el deterioro de las instituciones, comunidades desplazadas por la violencia, extorsiones y pago de cuotas: “El mal no es lo definitivo en este mundo”, reiteró, en un llamado a la esperanza.
El obispo también señaló la situación económica del país y el contexto del centenario del conflicto religioso. Invocó a la Virgen de Guadalupe: “Santa María de Guadalupe sostuvo a nuestros mártires en su testimonio, sostuvo a la Iglesia en México a través de la persecución y sostiene hoy a nuestro pueblo que sufre”.
Mensaje del Nuncio: Más escucha y diálogo
La sesión inaugural incluyó el mensaje del nuncio apostólico Joseph Spiteri, quien presidió más tarde la Eucaristía por la tarde noche. En su homilía, el representante del papa León XIV ofreció una reflexión sobre el momento que vive la Iglesia.
Spiteri recordó que nunca ha sido fácil ser discípulos misioneros, ni en los orígenes de la Iglesia ni a lo largo de la historia.
Subrayó que los cristianos enfrentan incomprensiones y desafíos cuando anuncian el Evangelio, especialmente en favor de la paz y la verdad. Inspirado en los Hechos de los Apóstoles, destacó que ante las dificultades, la primera respuesta de la comunidad cristiana ha sido la oración: una oración que fortalece la unidad, renueva la esperanza y sostiene la misión.
El nuncio invitó a los obispos a vivir estos días como una experiencia espiritual, marcada por la escucha del Espíritu Santo. Señaló que el discernimiento exige una actitud profunda de escucha: escuchar a Dios y escuchar a los hermanos, en un ejercicio sinodal que permita encontrar caminos comunes.
Como tercer eje, invitó a reconocer la importancia del diálogo, recordando el encuentro de Jesús con Nicodemo como modelo de apertura: una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de todos, incluso de quienes buscan desde la duda o la distancia.
Spiteri retomó enseñanzas recientes del Papa, señalando que en contextos donde la fe es considerada débil o irrelevante, la misión se vuelve más urgente. “La ausencia de fe conlleva crisis profundas en la sociedad: pérdida de sentido, debilitamiento de la familia y afectaciones a la dignidad humana”, afirmó. Animó a los obispos a buscar un “renacer desde lo alto”, fruto de la fe, la comunión y una conversión constante.
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