Ciudad de México.- El actual proceso electoral en Brasil y una contienda presidencial intensamente reñida, no solo evidencia la profunda polarización política, sino que ha expuesto los intentos de instrumentalizar las instancias religiosas del pueblo y que se ha convertido en un factor decisivo en las urnas. El análisis del episodio del podcast Bajo Llave explora los resultados oficiales de la primera vuelta electoral y algunos temas sociorreligiosos que se imponen en la segunda vuelta decisiva para la presidencia de Brasil entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.
El podcast abordó el papel activo de las iglesias evangélicas en la campaña, y los hechos lo confirman. Líderes como el pastor Silas Malafaia, de la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, se convirtieron en aliados estratégicos de Bolsonaro, movilizando a sus fieles y celebrando actos políticos en sus templos. Esta influencia se refleja en el legislativo: la "bancada evangélica" o "bancada de la Biblia" logró posicionar a diputados federales y senadores en una representación del 20% de la Cámara de Diputados y del 16% del Senado.
El poder de convocatoria de estas iglesias es innegable. El caso de la Iglesia Universal del Reino de Dios, liderada por Edir Macedo, es paradigmático: a pesar de presentar a varios familiares y candidatos, estos no lograron las cuotas de poder esperadas, lo que sugiere que el "evangelismo institucional" de las grandes megaiglesias no siempre se traduce en victorias electorales, a diferencia del evangelismo de base, más arraigado en las comunidades.
El símbolo de Aparecida y la guerra sucia
La campaña también se libró en el terreno de los símbolos. Lula, consciente de su ventaja entre los católicos, apeló repetidamente a su origen y a la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil. En un acto de campaña, se santiguó frente a una estatuilla de la virgen y prometió que, mientras él fuera presidente, nadie tocaría a la patrona brasileña. Este gesto buscaba capitalizar un rumor, difundido como noticia falsa, que afirmaba que el senador Flávio Bolsonaro, tenía la intención de retirarle a la Virgen de Aparecida su título de patrona nacional para reducirla a un culto exclusivamente católico.
Este episodio, aunque basado en un bulo, ilustra cómo la religión se convirtió en un campo de batalla de desinformación y gestos simbólicos. Bolsonaro, por su parte, se presentó como el defensor de los "valores cristianos" y llegó a decir que "Brasil pertenece al Señor Jesucristo", un guiño directo a su base evangélica que, sin embargo, fue mal recibido por sectores católicos.
Reflexiones para México
El caso brasileño deja lecciones para países como México, donde el episodio sugiere que la identidad religiosa aún no es un factor determinante en el voto. Sin embargo, el crecimiento sostenido de las iglesias evangélicas en América Latina y su cada vez mayor involucramiento en la política son una señal de alerta. La reflexión final del podcast es clara: en Brasil, el debate más importante no fue la corrupción, sino el posicionamiento religioso. Esto obliga a los analistas y a los propios partidos a entender que las convicciones éticas y espirituales de la población pueden ser un factor más movilizador que las promesas económicas o las acusaciones de corrupción.

