Ciudad de México.- "Este es un lugar donde podemos orar por la paz", llamó el cardenal secretario del Estado Vaticano, Pietro Parolin, durante su mensaje desde la Basílica de Guadalupe y en su visita oficial en México del 4 al 6 de agosto; en la que se han agendado reuniones institucionales con representantes del gobierno mexicano, con los obispos católicos del país y con liderazgos sociales.
El cardenal Parolin presidió la ceremonia Eucarística del mediodía acompañado por el nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri; el arzobispo de Tlalnepantla, José Antonio Fernández Hurtado; el obispo auxiliar Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM); el obispo de Matamoros, Eugenio Lira Rugarcía; y el obispo Luis Marín Barraza Beltrán, pastor de la Diócesis de Torreón que celebraba la misa de los peregrinos de la región lagunera al Santuario del Tepeyac.
En su homilía, el purpurado agradeció en primer lugar al obispo Barraza por cederle la oportunidad de presidir la Misa de la Peregrinación de Torreón y compartió con los concelebrantes y los fieles la bendición espiritual del papa León XIV para los presentes en el "Corazón Espiritual del Continente Americano".
Parolin hizo una mención sensible por las madres mexicanas que buscan con fe a sus hijos desaparecidos y exhortó a los creyentes a apoyarles en lo posible, especialmente con la oración.
El mensaje del 'Número Dos' de la Santa Sede se enfocó en promover tres enseñanzas del Acontecimiento Guadalupano al pueblo mexicano y a los pueblos del mundo en tiempos de grandes desafíos como la guerra, el hambre y la normalización de la violencia: presencia, minoridad y oración.
Parolin aseguró que la presencia de la Virgen de Guadalupe en el pueblo mexicano confirmó su consuelo y ofreció seguridad "a una sociedad que padeció cambios rápidos y complejos". Por tanto, dijo, es un ejemplo para estar presente para los necesitados, para los migrantes, los necesitados y los extranjeros.
También aseveró que el acontecimiento guadalupano depositado en un hombre sencillo como san Juan Diego Cuauhtlatoatzin enseña que la pequeñez "puede obrar maravillas y puede cambiar al mundo". En consecuencia, hizo un llamado a los fieles para que den testimonio tanto en la esfera personal e íntima como en los espacios familiares, laborales, públicos y cívicos.
Finalmente destacó el servicio de la oración en medio de las tribulaciones modernas. Aseguró que la contemplación, meditación y profundización de la vida cristiana se realizan mediante la oración, que "nada puede reeplazar esta relación personal con el Señor" y que sólo en esa oración se alcanza la paz plena ofrecida por Dios.
Concluyó con un llamado a que en medio de las comunidades heridas por la violenica, la Iglesia sea una "escuela de oración" que coopere en la pacificación de los pueblos.
Buena Esperanza | Cardenal Parolin en México: De Roma viene lo que a Roma va

