Roma, Italia.- En el Borgo Laudato si' de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, la Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear reunió a líderes religiosos, académicos y expertos. La sesión del 15 de julio, titulada "La fe y el futuro de la humanidad en la era de la IA y las armas nucleares", abordó los valores comunes que pueden guiar el desarrollo tecnológico sin perder de vista la dignidad humana.
La reunión inició el pasado 14 de julio cuando se celebra la Global Nobel Laureates Assembly on Artificial Intelligence and Nuclear War y el punto de partida del debate ha sido la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV. El documento utiliza una metáfora para señalar dos paradigmas diferentes de proyectos globales compartidos: la reconstrucción de "las murallas de Jerusalén" y la edificación de "la Torre de Babel". La primera se fundamenta en la dignidad humana; la segunda opera ignorándola. En el primer modelo, el hombre es un fin; en el segundo, es un medio.
Buena Esperanza | Poder, verdad y colectividad en Magnifica Humanitas
Tres conceptos para la acción conjunta
Indunil J. Kodithuwakku K., secretario del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, propuso tres conceptos como guía para un esfuerzo conjunto de todas las religiones: bienvenida, diálogo y cooperación en la acción.
"Acoger, como la columnata de Bernini en la Plaza de San Pedro, que abraza a todos con sus brazos, dando la bienvenida a todos aquellos con quienes es posible caminar juntos. Luego, entablar un diálogo: escuchar y compartir. De este modo, surgen imágenes y valores comunes. Y, precisamente, a partir de estos valores compartidos, debemos trabajar juntos para aliviar el sufrimiento humano, liberar a las personas de prejuicios y falsas creencias", enfatizó el Secretario.
El rabino David Rosen, del Diálogo Interreligioso Internacional, profundizó en la metáfora bíblica: "La Torre de Babel implica la opresión de los débiles, la posibilidad de que un solo idioma pueda traducir y, por lo tanto, dominar a todos los demás, y el riesgo de la deshumanización", explicó.
"La Biblia no explica qué tenía de malo la construcción de la Torre, aunque era evidente que desagradaba a Dios. En última instancia, fue un intento de estandarizar y crear una sociedad totalitaria. La Biblia nos dice que si un hombre caía de la Torre y moría, nadie lo lamentaba, pero si un ladrillo se caía, se rompía y quedaba inservible, todos lloraban".
Sobre Jerusalén, el rabino señaló que su nombre significa "ciudad de paz", un significado que "hoy suena bastante irónico si se considera la situación en la región de la que Jerusalén es el centro". Añadió: "La visión permanece: que Jerusalén algún día debe ser verdaderamente una ciudad de paz, y que esta paz pueda, en última instancia, extenderse a toda la humanidad".
Rosen también destacó que Jerusalén es conocida como la "ciudad del temor". "Aquí, el término 'temor' debe entenderse, en el sentido bíblico, principalmente como reverencia. El temor es importante. Por un lado, no debemos permitir que el temor nos paralice; por otro, en los Salmos leemos: 'Bienaventurado el hombre que vive en constante temor'. Esto significa: bienaventurada la persona que es consciente del peligro. No porque el peligro deba paralizarla, sino porque sabe a qué se enfrenta y de dónde pueden provenir las amenazas".
"Creo que esto también es importante para comprender nuestra condición. Es un recordatorio contra la arrogancia, contra el orgullo, contra la presunción de omnipotencia. Nos recuerda nuestras limitaciones. Si aprendemos a enriquecernos mutuamente a través de estas diferentes perspectivas y adoptamos una actitud de modestia y humildad, ya sea teológica o filosófica, entonces podremos contribuir de manera mucho más efectiva al bienestar y al florecimiento de la sociedad", concluyó.
El compromiso budista contra las armas nucleares
Yoshiyuki Nagaoka, director ejecutivo de la Oficina de Asuntos Públicos del Movimiento religioso budista Soka Gokkai, explicó que el programa de su organización consiste en "seguir trascendiendo las fronteras religiosas, étnicas y nacionales, con el objetivo de convertir la Tierra en una sola comunidad humana".
El compromiso se centra en la eliminación de las armas nucleares, "una conciencia que deseamos transmitir especialmente a las generaciones más jóvenes". Nagaoka añadió: "También nos preocupa profundamente el desarrollo de armas autónomas", dispositivos capaces de seleccionar y atacar un objetivo sin intervención humana directa. "Se basan en la misma lógica que las armas nucleares y representan una inhumanidad indiscriminada y una total falta de responsabilidad".
La participación de la comunidad y los guardianes
Anna A. MacMillan, investigadora de políticas de IA y miembro estadounidense del Consejo de Administración de la Fundación Domus Communis, propuso un enfoque participativo. "Creo que la forma de reconstruir Jerusalén, si queremos usar esta metáfora, es involucrar a los custodios, es decir, a los líderes religiosos y a la comunidad académica. También necesitamos involucrar a los guardianes, es decir, a los gobiernos, los organismos reguladores y a todos aquellos que puedan crear el marco regulatorio dentro del cual la tecnología pueda desarrollarse legítimamente. Finalmente, necesitamos involucrar a los constructores, para que puedan sentarse a la misma mesa con una comunidad plenamente comprometida".
"No creo que exista un único camino para desarrollar la IA, o cualquier otra tecnología, que sea seguro, ético y responsable. Esto solo será posible si todos los niveles de partes interesadas están verdaderamente involucrados y comprometidos, sin tener que abandonar sus propios principios morales y éticos", argumentó MacMillan.
El caso de Corea: disuasión y reconciliación
Ignatius Ki-young Sung, del Instituto para la Paz y el Compartir de la Arquidiócesis de Seúl, presentó el caso de Corea del Sur. "Corea y la península coreana atraviesan una situación muy difícil desde el punto de vista político y de seguridad, especialmente, debido a la amenaza nuclear de Corea del Norte. La disuasión ha funcionado hasta ahora. La disuasión nos mantiene con vida, nos permite sobrevivir. Pero este no puede ser el final de la historia. Por eso seguimos buscando una auténtica reconciliación entre los pueblos, entre los seres humanos de Corea del Sur y Corea del Norte".
"Corea del Norte ha suprimido todas las oficinas y departamentos que se ocupaban de las relaciones intercoreanas. Para el pueblo surcoreano, este es un momento de gran frustración. Pero como Iglesia Católica de Corea del Sur, no dejaremos de trabajar y orar por una paz y reconciliación duraderas en la península coreana", concluyó Ki-young Sung.
Concluye Segundo Diálogo Nacional por la Paz con llamado innegociable por la dignidad humana

