Ciudad del Vaticano.- El pasado 22 de octubre, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó el documento "Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época”. León XIV aprobó el texto el 21 de agosto de 2026 y ordenó su publicación. El texto parte del llamado evangélico "Véngan a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo les aliviaré"; y la instancia pontificia que la publica aclara que no es propiamente una "nota doctrinal" sino el acercamiento de "consideraciones" con la finalidad de estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral. Es decir, el texto no cierra ni sentencia la cuestión.
El documento aborda reflexiones sobre la transmisión de la fe con familia, educación, medios digitales, inteligencia artificial, autoridad, pobreza, persecución, mujeres y ecumenismo.
Familia y ruptura generacional
El documento sitúa la familia como primer lugar de transmisión de la fe. Cita a León XIV: “En la familia, la fe se transmite junto con la vida”. También recoge la tesis de Francisco: la transmisión de la fe se puede hacer solo “en dialecto”, en el lenguaje de padres y abuelos.
Pero afirma que la transmisión en el ámbito familiar se ha interrumpido en muchas partes del mundo y se soporte en informes de obispos de Rusia, Albania, Hungría, Chile, Antillas, Panamá, Colombia, Perú, Corea, Malasia, Singapur, Brunéi, Bangladés, Japón, Asia Central, África del Sur, Zambia, Rumanía, España, Brasil, Austria, Bélgica y Francia. Por lo que el desafío de transmisión de la fe adquiere consecuencias pastorales concretas como la evangelización de adultos y la superación de una acción pastoral con niños y adolescentes como eje.
El Dicasterio recupera el diagnóstico de Evangelii gaudium: “No podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico”.
Cultura digital, inteligencia artificial y autoridad
El documento describe la difusión de tecnologías digitales y los avances en inteligencia artificial como parte del cambio de época. Afirma que la cultura digital cambia categorías de espacio, tiempo y autoridad; y recupera de León XIV su planteamiento sobre el desafío antropológico por encima del desafío tecnológico.
Las consideraciones mencionan fenómenos como la desinformación, la manipulación de contenidos, imágenes y vídeos, y la crisis de credibilidad de instituciones como realidades que afectan no solo la transmisión de la fe sino el sentido mismo de la verdad y la realidad.
Por ello, no deja de mencionar áreas de oportunidad en esta nueva realidad: difusión de contenidos de catequesis, testimonios y experiencias espirituales. El documento advierte no obstante sobre caer en promocionar una "fe a la medida", modelada según gustos y preferencias, en lugar de la enseñanza profunda, extensa y amplia de la Iglesia.
Kerygma, lenguaje y formación
El capítulo IV del documento sitúa el kerygma [anuncio] en el centro; para la Iglesia católica se trata del primer anuncio de la Buena Noticia del Evangelio. Es decir, el primer contacto de muchas personas con el mensaje cristiano o con la vida de fe cristiana. Como indica Evangelii gaudium: el anuncio de que “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día”. Por ello, se pide un anuncio que provoque una experiencia de fe y un lenguaje de proximidad.
El documento pone alertas respecto a lenguajes “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas” y sobre una catequesis que no logra un encuentro con Cristo. Y sostiene que toda formación cristiana es profundización del kerygma porque “la fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama”.
Comunidad, liturgia, caridad, arte y etapas de la vida
'Venite ad me' también destaca a la liturgia, el testimonio, el arte y la belleza como elementos sustanciales de la vida cristiana en el mundo; y recuerda que si bien “la Iglesia no hace proselitismo" son estos elementos de su identidad los que le ayudan a crecer "por atracción". Si la liturgia es una experiencia de fe y lugar de transmisión; el resto de sus elementos son "un puente que nos lleva a Dios".
Por ello pide a las diócesis a que se sostenga una atención a la santidad, a la cercanía y a la opción por los pobres; a no descuidar la atención a los bautizos, bodas y funerales como oportunidades para el anuncio del kerygma. Reconoce además que la persecución de creyentes y la violencia por motivos de credo son graves condiciones de violación de la dignidad humana; y desde esas afectaciones sociales, también se puede anunciar el Evangelio en distintas etapas de la vida.
Fe y cultura; atenciones para el diálogo social
En su sexto capítulo, el documento dicasterial aborda la relación entre fe y cultura. Desde Juan Pablo II se afirmó que “una fe que no se convierte en cultura es una fe que no se ha acogido plenamente”. Por ello, la reflexión parte desde la inculturación de la fe en contextos culturales diversos para abordar y atender subculturas urbanas, comunidades de migrantes, trabajadores temporeros y habitantes de pueblos pequeños.
Las consideraciones piden reflexionar además en áreas de atención importantes para la Iglesia: la piedad popular, la homilía, el voluntariado, la participación de mujeres en la guía de procesos eclesiales, los eventos pastorales, el estudio de la historia de la Iglesia, la acción formativa en colegios y universidades católicas, y el encuentro y oración ecuménica.
El texto pide en específico ampliar los espacios de mujeres en la guía de procesos eclesiales e indica que el Dicasterio estudió el tema y remitió conclusiones al Papa por la Secretaría del Sínodo.
'Venite ad me', invitación a repensar el futuro
El texto se ordena en ocho capítulos y una conclusión. Los primeros dos capítulos presentan los fundamentos teológicos de la reflexión: el amor del Padre y la luz de la fe. Más adelante se describe el cambio de época que desafía a toda la humanidad: crisis de transmisión de valores, colonización cultural, retos con las tecnologías digitales y las fronteras de la evangelización.
A partir de dichos criterios, se ofrece una lectura desde la centralidad del kerygma: la experiencia de fe, el lenguaje y la formación. Finalmente, el último capítulo recoge testimonios desde las realidades eclesiales más diversas.
El documento insiste en que la aportación es un compendio de Consideraciones; que 'Venite ad me' no es una nota doctrinal que sentencia criterios de ejecución sino que invita a aportar puntos de vista sobre el futuro de la transmisión de la fe en el mundo.
El documento distingue tres tipos de voz invitadas a construir camino de evangelización: Primero, el magisterio: Francisco, Benedicto XVI, León XIV, el Concilio Vaticano II, la Comisión Teológica Internacional y el Sínodo. En segundo lugar: los informes de Conferencias Episcopales de África, Asia, Europa y América. El texto, por ejemplo, cita casos de Rusia, Albania, Hungría, Chile, Antillas, Panamá, Colombia, Perú, Corea, Malasia, Singapur, Brunéi, Bangladés, Japón, Asia Central, África del Sur, Zambia, Rumanía, España, Brasil, Austria, Bélgica, Francia, Nigeria, Tanzania, Costa de Marfil, Congo, Ghana, Venezuela y Myanmar.
Finalmente, recupera testimonios de personas en situaciones sociales particulares: una persona con adicciones en Colombia; un joven de Bélgica y TikTok; un capellán de cárceles en Canadá; familias de Chile y Eslovaquia; parejas de Estados Unidos, Japón y Angola; una mujer de Polonia y un retiro carismático; estudiantes de Francia y Suiza; una mujer de Jamaica; un catecúmeno de Vietnam en Malasia; y obispos de Myanmar y su trabajo con pobres y budistas.
El Dicasterio reconoce estas realidades como material para la reflexión. No las presenta como doctrina. Las integra como testimonio y como consulta a las Iglesias locales. El documento termina con la imagen de la Vigilia Pascual: una llama enciende otras velas. La conclusión pide transmisión de la luz de Cristo a las generaciones. María aparece como Maestra de la transmisión de la fe. El texto recoge la frase: “Dios es amor para siempre y para todos”.

