Santa Rosa, Guatemala.– La Iglesia Catedral del Santo Niño Jesús en la Diócesis de Santa Rosa de Lima (Guatemala), informó el pasado 22 de agosto sobre una posible "manifestación eucarística" ocurrida durante la Semana Eucarística Misionera celebrada en julio pasado. El hecho, que ha despertado gran interés entre la comunidad católica, gira en torno a una Sagrada Hostia que, tras ser colocada en agua, no se disolvió y presentó manchas de color rojo que podrían ser sangre.
Todo comenzó el jueves 30 de julio de 2026, en el marco de la Semana Eucarística Misionera organizada por la parroquia. La Santa Misa se celebró en las instalaciones de un colegio privado de Cuilapa y fue presidida por un sacerdote que colaboraba en dicha semana, por indicaciones del párroco.
Durante el momento de la Comunión, un adolescente, estudiante del colegio, hizo fila para recibir la Sagrada Hostia. Sin embargo, al regresar a su lugar, el sacerdote celebrante advirtió que el joven se estaba sacando la hostia de la boca. El religioso se acercó rápidamente y logró impedir que la arrojara al suelo.
Siguiendo el procedimiento litúrgico establecido para estos casos, el sacerdote depositó la Sagrada Hostia en un vaso de cristal con agua y la resguardó en la capilla de la casa parroquial, con el propósito de que se disolviera conforme a la praxis habitual.
El jueves siguiente, durante la limpieza de la capilla, un colaborador parroquial se percató de algo inusual: la Hostia no se había disuelto y presentaba unas manchas rojas "que podría ser sangre".
El hallazgo fue comunicado de inmediato. Un diácono y un sacerdote, avisados por el colaborador, comprobaron en ese mismo momento la existencia de las manchas rojizas. El párroco interrogó al colaborador y tomó nota de su testimonio.
En los días siguientes, la Hostia fue observada presencialmente por un diácono, un sacerdote y tres laicos. Finalmente, el 15 de agosto, el párroco presentó fotografías de los hechos al obispo de la Diócesis de Santa Rosa de Lima, José Cayetano Parra Novo, OP.
La Iglesia pide prudencia ante potencial milagro eucarístico
En su comunicado, la Catedral diocesana ha sido enfática en pedir mesura y respeto ante lo ocurrido: "Es necesario recordar que la Iglesia pide que, con prudencia y mesura, se juzgue el hecho", señala el texto.
La Iglesia local recuerda que, a lo largo de la historia, la Iglesia ha recibido el testimonio de la presencia real y substancial de Jesucristo en la Eucaristía, pero que estos casos "no han sido nada comunes ni sencillos de discernir, por lo que no se pueden llamar milagros hasta que se concluya toda una investigación que se debe realizar y llevará su tiempo".
El signo "ya se ha reservado en un lugar especial y no estará en exposición pública". Será el obispo quien, en su momento, dé "las indicaciones para el discernimiento necesario y poder realizar un estudio de esta posible manifestación eucarística".
Un llamado a la fe
Más allá de la investigación en curso, la Iglesia local ha hecho un llamado a los fieles a aprovechar este acontecimiento como una oportunidad para renovar la fe y devoción en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
"Que hoy sea el momento para reparar todas las ofensas que recibe Jesús en este Sacramento del Amor", exhorta el comunicado, "una invitación a vivir atenta y devotamente la Santa Misa y un ofrecimiento a frecuentar la confesión".
La Iglesia recuerda que "Jesús está vivo en la Eucaristía, no es algo, es Alguien", y recomienda a todos la prudencia y el respeto hacia el caso, así como hacia el lugar y las personas que fueron testigos del signo.
Hasta el momento, no existe una declaración oficial que determine que las manchas sean sangre ni que se trate de un milagro eucarístico. La investigación deberá establecer la naturaleza de las manchas rojizas y descartar posibles explicaciones naturales antes de que pueda emitirse cualquier conclusión.
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