Montevideo, Uruguay.- El viernes 6 de noviembre de 2026, a las 7:00 hora de Roma, un Airbus A330neo de ITA Airways despegó del aeropuerto de Fiumicino con destino a Montevideo. A bordo viajaban 13 tripulantes, la delegación vaticana y 87 periodistas acreditados, de los cuales 10 procedían de los tres países que conforman la gira: Uruguay, Argentina y Perú. El vuelo, sin escalas, cubrió 11 mil 123 kilómetros y aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Carrasco a las 16:30 hora local, tras aproximadamente 13 horas y media de travesía.
Minutos después del despegue, el papa León XIV tomó el micrófono para dirigirse a la comitiva periodística. “Antes que nada, me gustaría darles la bienvenida a todos y expresarles una vez más mi gratitud por su servicio”, dijo el pontífice, que alternó el italiano, el español y el inglés en su saludo.
La referencia a su estado de salud no tardó en aparecer. “Sé que algunas personas tenían dudas sobre si este viaje se llevaría a cabo. Confieso que desde el primer día no tuve ninguna duda y estaba convencido de que este viaje tenía que seguir adelante”, afirmó. El viaje se produce menos de un mes después de que se le diagnosticara cáncer de pulmón y se sometiera a una intervención quirúrgica para extirparle un lóbulo del pulmón derecho. “Creo que estoy bastante bien de salud. Así que ustedes son testigos de eso”, añadió.
El vuelo papal no es un charter convencional. La tripulación que atiende al pontífice cumple un protocolo estricto: nada de selfies con el Papa, el saludo es un apretón de manos y no un beso, y no se le habla directamente sino a través de sus secretarios. El Papa ocupa el asiento 1A, en la parte delantera izquierda, con una imagen de la Virgen María frente a él, y a su lado viajan los cardenales, sus secretarios personales y un médico.
Durante el vuelo, León XIV presentó a la nueva prefecta del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, la doctora Monserrat Alvarado, quien asumió el cargo el 1 de noviembre en sustitución de Paolo Ruffini. Alvarado, nacida en México y hasta entonces presidenta y directora de operaciones de EWTN News, es la primera mujer en liderar ese dicasterio. “Contamos con la maravillosa experiencia, la creatividad, la vitalidad y el dinamismo de Montse, quien nos acompañará en este viaje”, dijo el Papa.
La parte más extensa del viaje, que se prolongará hasta el 17 de noviembre, transcurrirá en Perú. “Para mí, sin duda, es uno de mis muchos hogares”, afirmó León XIV, que pasó la mitad de su vida sacerdotal en el país andino y se naturalizó ciudadano peruano antes de ser elegido pontífice. El itinerario incluye 12 vuelos en 12 días, dos viajes en helicóptero, nueve misas y 36 discursos, un programa que, según el diario The New York Times, “pondría a prueba a cualquiera”.
La Redota como espejo del Uruguay de hoy
Horas después del aterrizaje, el escenario cambió. La Plaza Independencia de Montevideo reunió a unas 30.000 personas para el primer encuentro del pontífice con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. El presidente Yamandú Orsi recibió al Papa con un discurso en el que calificó la visita como un honor y destacó que Uruguay es “de los pocos rincones del mundo que no tiene guerras entre países”. Al bajar del papamóvil, León XIV recibió una camiseta de la selección uruguaya de fútbol y varias cartas de personas presentes en el lugar.
El discurso papal tomó como eje el monumento a Artigas, en el centro de la plaza, y más concretamente el friso de bronce que Angelo Zanelli esculpió en su pedestal, donde se representan escenas del Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, conocido como la Redota. “En lo alto del monumento, Artigas aparece solo, a caballo. Más abajo, en el relieve frontal, vuelve a aparecer entre sus hombres, formando parte de aquella multitud”, describió el Papa. A partir de ese detalle, citó las palabras que Artigas pronunció en el Congreso de abril de 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.
León XIV vinculó esa frase con la democracia uruguaya, que en 2025 cumplió cuarenta años ininterrumpidos. “La autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y está llamada a ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos”, afirmó, en referencia al Concilio Vaticano II.
Demografía, energía y fragilidad humana
El discurso también abordó tres asuntos que el pontífice consideró inseparables del bien común: la transmisión de los recursos a las generaciones futuras, la protección de la vida que comienza y el cuidado de quienes sufren.
En materia energética, León XIV reconoció que Uruguay “ha transformado profundamente su matriz de generación eléctrica, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables”. Los datos respaldan la afirmación: en 2025, más del 98% de la electricidad del país procedió de fuentes renovables. El Papa señaló que ese resultado “ha requerido decisiones sostenidas durante años” y planteó nuevos desafíos en el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía.
La evolución demográfica ocupó un lugar central en la preocupación del Santo Padre. Uruguay, con 3.5 millones de habitantes, registra una tasa de crecimiento poblacional negativa del -0,17% para el período 2024-2025.
El pontífice se detuvo en la figura de una mujer que, en uno de los frisos del monumento, lleva a un bebé en brazos: “Quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece”, afirmó. La frase se produce en un país donde el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo forma parte de la agenda pública desde hace años.
El discurso incluyó una referencia explícita al suicidio, una de las principales causas de muerte no natural en Uruguay: “Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia”, dijo el Papa, que vinculó esa realidad con la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad. La mención no es menor: el país registra una de las tasas de suicidio más altas de América Latina, un fenómeno que las autoridades sanitarias monitorizan de forma sistemática.
León XIV también se refirió a su propia experiencia reciente con la enfermedad. “Recientemente he experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad y he recibido cuidados por los que estoy profundamente agradecido”, confesó. Esa vivencia le sirvió para reclamar el acceso a la atención sanitaria “independientemente de los recursos” de cada persona.
Un Estado laico, una convivencia posible
Ante un país de mayoría laica pero con una profunda tradición católica, el pontífice dedicó un pasaje a la relación entre creyentes y no creyentes. “El carácter laico del Estado está llamado a garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto, porque hay valores que son universales”, afirmó. La neutralidad estatal, añadió, “no exige que la dimensión religiosa quede confinada al ámbito privado”.
El discurso concluyó con una referencia a la vocación integracionista de Uruguay, que acoge la sede de la Secretaría del Mercosur: “En tiempos en que las diferencias pueden convertirse fácilmente en motivo de enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, en la negociación y en la búsqueda paciente de acuerdos constituye un servicio que Uruguay puede seguir ofreciendo a sus vecinos”, dijo el Papa.
La jornada terminó sin incidentes y con el pontífice de pie, como quería demostrar desde el primer día. La pregunta que sobrevuela la gira ya no es si podrá completarla, sino cómo administrará la energía en un itinerario que, en palabras del propio León XIV, tiene un único objetivo: “continuar la misión del Obispo de Roma, compartiendo la alegría del Evangelio y caminando junto a la gente”

