Villahermosa, Tabasco.- "¿Qué Iglesia estamos comunicando y qué Iglesia está percibiendo la sociedad?" La pregunta atraviesa el XXXIII Encuentro Nacional de la Pastoral de la Comunicación, que reúne en Villahermosa a representantes de diócesis, organismos, movimientos e instituciones vinculadas con la misión evangelizadora.
Bajo el lema 50 años comunicando el Evangelio, construyendo comunión, el encuentro congrega a 131 participantes: 85 laicos, 39 sacerdotes y 7 religiosos y religiosas. Más allá de las cifras, la composición del encuentro muestra una realidad significativa: comunicar el Evangelio es una responsabilidad que involucra a toda la comunidad eclesial.
La participación tiene también un amplio carácter nacional. Entre las delegaciones principales se encuentran Nuevo Casas Grandes, con seis representantes; México, Tabasco y Tlalnepantla, con cinco cada una; y Guadalajara, Matamoros y Morelia, con cuatro. A ellas se suman numerosas diócesis representadas con un delegado, además de diversas instituciones y organismos.
La presencia institucional amplía más el encuentro. CEPCOM cuenta con seis delegados; las Discípulas de Jesús, con tres; Regnum Christi y los Misioneros Claretianos, con dos cada uno. También participan Pastoral Digital Monterrey/Casa INDI, la Diócesis de Sacramento, California, así como otras instituciones y proyectos vinculados con la comunicación pastoral.
El encuentro no es solamente un espacio para compartir experiencias. Su programa plantea una revisión de fondo sobre la misión comunicativa de la Iglesia.
Entre los primeros temas aparece el diagnóstico de la comunicación eclesial en México, que es especialmente retador: “La Iglesia que comunicamos, la Iglesia que perciben”.
La reflexión continúa con otro planteamiento que coloca la responsabilidad comunicativa en cada persona: “Lo que soy habla más fuerte, la comunicación empieza en mí”.
La agenda del Encuentro incorpora la relación entre comunicación, cultura y evangelización, con una mirada hacia la identidad de la Pastoral de la Comunicación en América Latina.
La cultura digital ocupa otro espacio importante, bajo la perspectiva de evangelizar y evangelizar la cultura digital.
El programa busca llevar la reflexión hacia propuestas concretas. Los participantes comparten experiencias diocesanas y proyectos de comunicación, revisan el estado de la Comisión Episcopal y sus dimensiones y trabajan en equipos a partir de una pregunta fundamental: “La comunicación que somos y la comunicación que necesitamos”. El objetivo es llegar posteriormente a convergencias y líneas de acción.
También hay espacio para una dimensión que resulta indispensable en la comunicación contemporánea: la escucha. El programa contempla la escucha empática y el acompañamiento en redes sociales, además de una reflexión sobre el liderazgo.
Y en el cierre aparece uno de los desafíos más actuales: la inteligencia artificial para la misión y su aplicación a la administración pastoral. El encuentro concluirá con compromisos de trabajo, y la Misa de clausura.
En el Encuentro la discusión y análisis de la comunicación pastoral, no se reduce a herramientas. La Iglesia puede disponer de buenos medios, producir contenidos de calidad y tener presencia constante en las plataformas digitales, pero si su mensaje no corresponde con su manera de vivir, la comunicación pierde credibilidad.
Escuchar, camino jubilar de la Pastoral de la Comunicación
Por ello, el desafío planteado en Villahermosa tiene una dimensión profundamente pastoral: comunicar no solamente lo que la Iglesia hace, sino quién es; no solamente transmitir mensajes, sino generar encuentro; no solamente hablar, sino aprender a escuchar.
En una sociedad saturada de información, la Iglesia está llamada a ofrecer algo que ningún algoritmo puede sustituir: una presencia humana capaz de acompañar, una palabra que consuele y una comunidad que haga visible el Evangelio.
En este año jubilar por los 50 años de camino de la Pastoral de la Comunicación son una oportunidad para mirar hacia atrás, pero también para preguntarse hacia dónde caminar. El reto no consiste únicamente en comunicar más. Consiste en comunicar mejor, con verdad, cercanía y coherencia, para que cada medio y cada plataforma puedan convertirse en espacios donde el Evangelio construya comunión.
Román Ramírez Carrillo / Semanario de Guadalajara

