Sokoto, Nigeria.- La Iglesia católica en Nigeria experimenta un crecimiento sin precedentes, con unos 35 millones de fieles y una asistencia dominical que roza el 95%. Sin embargo, el obispo de Sokoto, Matthew Hassan Kukah, advierte que el auge numérico no garantiza la solidez de la fe y que la Iglesia africana debe aprender de los errores que han llevado a la crisis a las comunidades cristianas de Occidente.
En una entrevista con Catholic World Report, Kukah reflexiona sobre el fenómeno llamado "giro católico" que algunos analistas observan en las sociedades occidentales y que, en Nigeria, también parece manifestarse con características propias. Sin embargo, a decir del obispo, el país africano no ha experimentado una "vuelta" a la fe porque nunca la abandonó, sino que se encuentra en una tendencia ascendente que lo posiciona como uno de los centros del catolicismo mundial.
Un crecimiento que no debe ocultar la profundidad de la fe
Kukah reconoce que el crecimiento de la Iglesia nigeriana es significativo, pero insiste en que "más allá de las cifras, debemos insistir en los frutos de esta fe, porque eso es lo que puede sostenernos". El obispo atribuye la vitalidad de la Iglesia a la calidad de la labor misionera, a unos cimientos sólidos y a la vida virtuosa promovida por el catolicismo.
También destaca la influencia de una generación de clérigos indígenas que, según sus palabras, "elevó el nivel y marcó un ritmo que hizo que el catolicismo resultara atractivo". Nombra a cardenales como Ekandem, Arinze, Okogie y Onaiyekan, cuya "imponente estatura tenía un gran atractivo e inspiró a toda una generación de jóvenes".
El obispo también alabó el papel de la familia en el crecimiento de la Iglesia. Aunque reconoce que la reproducción biológica "es un factor" a tener en cuenta, sostiene que "en la vida real", como sacerdote y obispo, son muchos los bautizados y confirmados. "En muchas diócesis, estamos presenciando un fuerte aumento del entusiasmo entre los jóvenes, por no hablar de los conversos de otras religiones más allá del propio cuerpo de Cristo", observa.
La advertencia: no repetir los errores de Occidente
Para Kukah, el auge de la Iglesia nigeriana no está exento de los riesgos que han llevado a la crisis a la iglesia de Occidente, "erosionada" en su autoridad a raíz del "entusiasmo y aceptación del poder secular". El obispo lamenta que "una vez que la Iglesia abandona el terreno común, donde se encuentra el pueblo, y asciende a las altas esferas del poder, va perdiendo gradualmente su fuerza moral".
"El secularismo se aprovechó de esto; la Iglesia abrazó el mundo y se convirtió en parte de él. Para nosotros, la lección consiste en aprender a gestionar los atractivos de la modernidad, asegurándonos de no caer víctimas de la cultura del relativismo", advierte.
El obispo contempla "la menguante influencia moral de la Iglesia" como una advertencia para la Iglesia africana. Expresa su preocupación por la tendencia de las élites nigerianas a enviar a sus hijos a estudiar al extranjero con un "nivel muy bajo de madurez emocional, física y espiritual", lo que considera "un peligro para el futuro".
Kukah señala que "no existe inmunidad" frente a estos riesgos, salvo "aprender de la historia de otros". Por ello, remarca que "la máxima prioridad como padres y pastores" debe ser ofrecer una sólida formación a niños y jóvenes. "Esta es la única garantía del futuro de la Iglesia", afirma.
Persecución y martirio: una historia de sangre inocente
Si la Iglesia de Nigeria es una de las que más crecen del mundo, también es una de las más perseguidas. Kukah define su trayectoria como "una historia de sangre inocente y martirio". La persecución, lejos de menguar la Iglesia, "solo nos ha fortalecido", asegura.
El obispo relata el caso de un seminarista de su diócesis, secuestrado a los 18 años junto a otros tres compañeros. Tras negociaciones y el pago de un rescate, sus tres compañeros fueron liberados; él fue asesinado.
Los secuestradores, capturados posteriormente, confesaron que lo mataron porque, a pesar de saber que eran musulmanes y de estar armados, "insistió en que debían arrepentirse de sus crímenes y regresar a Dios". Hoy, la Casa del Obispo lleva su nombre.
"No podemos temerles, porque nuestra fe se fundamenta en la sangre de los mártires", alienta.
Kukah menciona a otro obispo que optó por recomendar a los fieles no asistir a misa por su propia seguridad: "Yo tenía una opinión contraria", comenta. "Creo que el Dios al que adoramos nos defenderá, y no podemos ceder al miedo. Debemos animar a nuestra gente a desterrar el miedo. Si les decimos que dejen de venir a adorar por temor, puede que nunca los recuperemos".
El obispo concluye celebrando que la Iglesia ha echado "raíces firmes y profundas" en todo el continente africano. Ahora, dice, es tiempo de "consolidar los logros". Aunque la fe del pueblo es fuerte, advierte que las élites están sucumbiendo y desviándose hacia el neopaganismo, y que "las primeras víctimas son los valores y virtudes de nuestra fe".

