"Todo lo que te caiga de la persecución religiosa me lo apartas, por favor".
Fue mi súplica a Willie, quien junto con su esposa Lili, son los dueños de la Librería Infinito, mi reducto literario de solaces tardes de verano e invierno.
Así, acordados de palabra, Willie ha sido muy fiel. Me ha apartado cuanto libro usado ha caído en la librería sobre el tema de la persecución religiosa. Y han caído algunas buenas obras. Así me hice de dos que tres novelas, cuarto cinco de historias e incluso la última adquisición fue La persecución religiosa en Chihuahua de Gerald O’Rourke, para sustituir mi ejemplar que ya está muy dañado de tanto uso.
Infinito no ha sido la única fuente de mis libros de la persecución. En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del año pasado me hice de dos que tres ejemplares que conseguí en un stand de usados. Antes, en una de las tantas librerías de usados de la calle López Cotilla, muy cerca del centro histórico de Guadalajara, me encontré también con otras joyas, una de ellas, un libro plagado de fotos en una excelente edición de Clío con un texto de Jean Meyer.
Además, con ojos de joyero me he asomado en tianguis y stands para buscar textos afines. También he de decir que he hurgado en algunas colecciones de libros de difuntos, antes de que se vayan al camión de recolección de basura.
Mi compilación de textos sobre la persecución religiosa en México no es grande. Quizás unas tres docenas, entre historia propiamente dicha, historias y novelas. Quizá tenga más de cuarenta.
La tarde del miércoles me puse frente a mi colección, para elegir la historia de hoy. El 31 de julio próximo se cumplen 100 años de que los Obispos mexicanos decretaran el cierre de templos en protesta por la entrada en vigor de la Ley Calles, que dio inicio a la guerra cristera dentro de un período más amplio de la persecución religiosa.
Elegí La guerra sintética, de Jorge Gram.
Antes de leerlo, pensé que el título se debía a una guerra no natural. Es decir, la palabra sintética como opositora a lo natural. Cuán equivocado estaba. Se refiere más bien a un concepto más filosófico, relacionado a la síntesis como juicio que combina aspectos nuevos que se unen a los ya conocidos para llegar a un conocimiento nuevo… o algo así por el estilo.
Luego, ya entrado en la lectura me doy cuenta que Jorge Gram es un pseudónimo. En realidad, quien escribió el libro fue el sacerdote David Guadalupe Ramírez. Vaya.
La guerra sintética narra la historia de Roberto Magallanes, de profesión médica pero de oficio cristero. Se desarrolla en 1935, en pleno período llamado Segunda, término eufemístico para referirse a la segunda persecución religiosa, posterior a los arreglos de 1929. Hemos de recordar que esta segunda es menos famosa que la primera, ya que participaron un menor número de cristeros y federales, pero no estuvo exenta de sangrientos episodios.
Magallanes en la novela aparece como un personaje reconocido por haber participado en cruentos enfrentamientos en los años 20. En 1935 aparece dispuesto a seguir luchando para conseguir la tan anhelada libertad religiosa. Después de su aprehensión, prácticamente es asesinado. Sus captores creen que han acabado con su vida, pero cuando resurge después de las profundas heridas, su fama de “resucitado” lo hace ver como un tipo de mayor cuidado para el gobierno.
La guerra sintética intenta ser un texto que justifique el uso de las armas para alcanzar salir de la tiranía. El autor asegura, a través del pensamiento del personaje del doctor Magallanes, que la situación de México es de una tiranía, que se expresa por la violenta persecución religiosa y por el maltrato del gobierno federal hacia su pueblo. Gram -o más bien el P. Ramírez- también critica ferozmente la implementación de la educación socialista ordenada por Lázaro Cárdenas.
Magallanes busca convencer de que el asesinato del tirano podría justificarse, si con ello el pueblo se libera de todos los males. Con ello, la guerra sintética sería posible. Así se encamina la vida del médico convertido en cristero.
La novela tiene ese fin. No pretende mayores pretensiones literarias. De hecho, está escrita muy al estilo de los textos del período: ampulosa, redundante, exacerbada, mostrando a los personajes muy directamente y a veces sin matices. Una novela que busca poner el tema en la polémica, sin más.
Una novela muy extremista. Quizá adecuada al pensamiento de la época. Fue escrita en 1937. Vista desde el hoy, parece demasiada fanática y violenta. El conocimiento de la historia debe ser acorde a la época, pero la literatura es otra cuestión: debe hoy remover las emociones para trasladarnos a ese período en específico. Y a mí me hizo recordar hoy que los fanatismos no nos llevan a mejores puertos, sean de ayer, de hoy o de mañana.
Por cierto, creí que La guerra sintética le había comprado en la Librería Infinito. Comienzo a dudar. No importa. Nomás espero que el buen Willie me siga apartando cuanto libro de la persecución religiosa le llegue.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!

