Entre los cambios obligatorios que vivirán casi un tercio de las cátedras episcopales en México en los próximos años, la sede metropolitana de Puebla de los Ángeles es quizá una de las más importantes para el país y para la Iglesia católica mexicana.
El actual arzobispo, José Víctor Manuel Valentín Sánchez Espinosa (76 años), ha sido desde 2009 un auténtico faro de estabilidad, seriedad, cercanía pastoral y temple político en el colegio de obispos mexicano; su sucesor, por tanto, tendrá una enorme responsabilidad no sólo de dar nuevos bríos a la labor eclesiástica sino de honrar el trabajo precedente de un arzobispo que se entregó por entero en una de las provincias de mayor abolengo católico en México.
Entre 2006 y 2009, tuve oportunidad de seguir con cercanía el trabajo de Víctor Sánchez en la VII Vicaría Episcopal cuando fue obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México bajo el mando del cardenal Norberto Rivera Carrera.
En aquel entonces, cundía el consenso en que el obispo encarnaba solo buenas cualidades episcopales: un buen gobierno, cercanía sacerdotal, caridad con los últimos, una sólida homilética y una eclesialidad horizontal honesta, sin carrerismos y sin fingimientos aduladores. Por ello, incluso varios meses antes de que desde Roma viniera la confirmación de su promoción a arzobispo metropolitano de Puebla, crecía la esperanza de que Sánchez sucedería al arzobispo Rosendo Huesca, quien en su momento también fue una voz episcopal de gran relevancia en el colegio de obispos.
Puebla de los Ángeles es una sede eclesiástica de gran trayectoria y tradición; sobre todo, de comunidades religiosas con gestos muy fervorosos. Sus orígenes se remontan y mezclan con la erección de la ancestral Diócesis de Tlaxcala en 1525 de cuyos territorios nacieron las iglesias de México, Antequera-Oaxaca, Yucatán (Mérida), Chilapa, Veracruz-Jalapa, Ciudad Victoria-Tamaulipas y Mixtecas; y después, desde 1903, cuando fue elevada a arquidiócesis metropolitana, ha dado vida a las diócesis de Papantla, Tlaxcala (La Nueva) y Tehuacán.
A lo largo de su historia, Puebla ha gozado de potentes comunidades católicas con egregias personalidades como sor María de Jesús Tomelín y del Campo (1579–1637), mística concepcionista conocida como el "Lirio de Puebla”; el beato arzobispo y virrey Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), quien prácticamente configuró la identidad de la iglesia angelopolitana; la madre María Anna Águeda de San Ignacio (1695–1756) priora dominica y escritora mística de Santa Rosa; don Trinidad Sánchez y Santos (1859-1912), el “Hércules del Periodismo de Combate”; Ramón Ibarra y González (1853–1917), venerable arzobispo espiritual y reconstructor de instituciones eclesiásticas; y un largo etcétera.
Por ello, cuando el arzobispo Víctor Sánchez cumplió 75 años en mayo del 2025 y, tal como lo estipulan los cánones eclesiásticos, puso a disposición su renuncia al Papa, se inició un intenso proceso de evaluación y consideración de posibles candidatos para asumir la guía y gobierno de una Iglesia de gran relevancia histórica, cultural y política.
Los nombres más recurrentes que saltan en las conversaciones eclesiásticas son Ramón Castro Castro (70 años), actual presidente del episcopado mexicano y obispo de Cuernavaca; y Carlos Briseño Arch (66), obispo de Veracruz y ex compañero episcopal de Víctor Sánchez en la Arquidiócesis de México.
Pero también se habla con frecuencia de dos obispos formados en Puebla, quienes recibieron la consagración episcopal de manos del propio arzobispo Sánchez Espinosa: Eugenio Andrés Lira Rugarcía (61), obispo de Matamoros-Reynosa y ex vocero del arzobispo Huesca; Rutilio Felipe Pozos Lorenzini (59), obispo de Ciudad Obregón y ex rector del prestigioso Seminario Palafoxiano de Puebla.
Finalmente, dos obispos aparentemente fuera del radar y de las ternas pero que podrían llegar a sorprender: un viejo conocido de Sánchez en su época en la ciudad de México, Jorge Estrada Solórzano (65), un pastor con arraigo en la zona centro de la República pero con curtida experiencia en Gómez Palacio; y Gonzalo Alonso Calzada Guerrero (62), actual obispo de Tehuacán, dentro de la Provincia Eclesiástica de Puebla y con quien Víctor Sánchez ha trabajado desde 2018.
Quizá en todo este proceso, la voz de mayor peso para la elección de su sucesor sea la del propio arzobispo Víctor Sánchez; no sólo porque comprende los desafíos a los que se enfrentará su relevo o por el alto respeto que ha ganado al interior y al exterior de la Iglesia católica mexicana sino por aquello que el 2 de abril del 2009, en el estadio Cuauhtémoc, me respondió con notable felicidad el cardenal Rivera Carrera cuando le pregunté cómo se sentía “por haber sacado” al arzobispo de Puebla desde la Ciudad de México. El cardenal arzobispo dijo: “¡Pues, yo no lo saqué… Yo lo metí!” Don Víctor Sánchez, creo, merece también esa felicidad.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

