Ciudad de México.- A pesar de los grandes distanciamientos históricos entre las instituciones militares y católicas en México, la capellanía militar nacional ha cumplido nueve décadas de favorecer el acompañamiento pastoral a miembros de las Fuerzas Armadas y a sus familias. Para conmemorarlo, la parroquia castrense de Cristo de la Paz, ubicada en la capital del país y frente a la Secretaría de la Defensa Nacional, ha recibido el Vigésimo Segundo Encuentro Nacional de Pastoral Militar de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
La historia se remonta a 1936, apenas siete años después de los arreglos entre el gobierno mexicano y la cúpula episcopal para terminar las agresiones bélicas de la Guerra Cristera, gracias a la iniciativa de Josefina y Guillermo Belloc, quienes impulsaron una capilla frente a la entonces Secretaría de Guerra y Marina para brindar atención espiritual a soldados y sus familias. Aquella obra dio origen a la Asociación de Caballeros y Damas de la Paz y sentó las bases de la actual parroquia castrense.
Una conmemoración con dimensión nacional
Este 20 de agosto, la conmemoración adquirió una dimensión nacional con una celebración realizada en el histórico recinto, en el marco del XXII Encuentro Nacional donde sacerdotes provenientes de distintas partes del país, representantes de las Fuerzas Armadas y miembros de la comunidad castrense participaron en una jornada de memoria, oración y reconocimiento.
La celebración incluyó una ofrenda floral y el toque de silencio de la Banda de Guerra en memoria de quienes han perdido la vida en el cumplimiento de su servicio a México.
La Misa fue presidida por José Antonio Fernández Hurtado, arzobispo de Tlalnepantla y responsable de la Dimensión Episcopal para las Fuerzas Armadas y Pastoral Militar de la CEM. En su intervención, el arzobispo llamó a renovar el trabajo conjunto en favor de la paz.
"Deseo que juntos, militares, fuerzas armadas y la Iglesia, sigamos trabajando por la construcción de la paz en México", expresó Fernández Hurtado.
En la homilía, el sacerdote Jorge Reyes de la Riva, párroco castrense de la Arquidiócesis de México, señaló que la atención espiritual a los militares y sus familias constituye una expresión del reconocimiento de su dignidad humana y del ejercicio de su libertad religiosa.
El sacerdote vinculó así la misión pastoral con dos principios fundamentales: el respeto a la persona de quienes sirven en las fuerzas armadas y el derecho a profesar su fe, incluso en el contexto de su servicio institucional.
Un cuaderno conmemorativo para recuperar la memoria y proyectar el futuro
Como parte de la conmemoración, el pasado 13 de agosto se presentó el Cuaderno Conmemorativo por los 90 años de la Pastoral Militar en México. La publicación recupera la memoria de estas nueve décadas y plantea los retos futuros del acompañamiento pastoral a las nuevas generaciones de militares y sus familias.
El documento, elaborado por la Arquidiócesis de México y la Dimensión Episcopal para las Fuerzas Armadas de la CEM, busca preservar la historia de esta presencia eclesial y al mismo tiempo trazar líneas de acción para las próximas décadas.
La conmemoración coincide además con el 40 aniversario de la Constitución Apostólica Spiritual Militum Curae, promulgada por Juan Pablo II. Este documento, publicado en 1986, es el marco fundamental para la atención pastoral de los miembros de las Fuerzas Armadas en todo el mundo y establece las bases para la organización de los ordinariatos militares y las capellanías castrenses.
La coincidencia de ambas fechas refuerza el significado de la celebración, que une la memoria local de nueve décadas con la renovación del marco normativo universal que orienta esta misión.
Actualmente, la labor pastoral se realiza mediante la celebración de los sacramentos, la formación en la fe y el acompañamiento espiritual de integrantes de las Fuerzas Armadas, tanto en activo como en retiro, y de sus familias. La parroquia castrense atiende a una comunidad que abarca no solo a los militares en servicio, sino también a sus cónyuges, hijos y parientes cercanos, así como a quienes han concluido su carrera castrense.
El acompañamiento incluye la atención en momentos críticos: despliegues, misiones, situaciones de riesgo y duelo por compañeros caídos. La capellanía militar en México, como en otros países, ofrece un sostén espiritual y psicológico en un entorno que exige disciplina, sacrificio y, en ocasiones, la entrega de la propia vida.
Un lema que sintetiza nueve décadas
Bajo el lema "Fieles a Dios, leales en el servicio", la Arquidiócesis de México renueva así una misión que, después de nueve décadas, continúa vigente: acompañar a quienes sirven y contribuir, desde la fe, a la construcción de la paz.
El lema, que aparece en los materiales conmemorativos, sintetiza la doble vocación del militar católico: la fidelidad a los principios religiosos y la lealtad al servicio de la patria. La pastoral castrense busca armonizar ambas dimensiones sin contraponerlas, ofreciendo un espacio de encuentro y sostén espiritual dentro de la institución militar.
La conmemoración se produce en un momento en que México enfrenta desafíos significativos en materia de seguridad pública y violencia. La presencia de la Iglesia junto a las Fuerzas Armadas adquiere así una dimensión adicional, más allá del acompañamiento espiritual cotidiano. El llamado de Fernández Hurtado a trabajar "juntos" por la paz resuena en un contexto nacional que demanda respuestas colaborativas entre instituciones civiles, militares y religiosas.
La Arquidiócesis de México, con más de 400 años de historia, ha mantenido una relación institucional con el Estado mexicano que ha transitado por distintas etapas. La pastoral castrense representa uno de los ámbitos de encuentro más estables y continuos, iniciado incluso antes de la pacificación del conflicto religioso de los años veinte.
El Cuaderno Conmemorativo presentado el 13 de agosto no solo recupera la historia, sino que, según la información oficial, "plantea los retos futuros del acompañamiento pastoral a las nuevas generaciones de militares y sus familias". Este enfoque prospectivo sugiere que la Iglesia católica en México no considera esta misión como un legado del pasado, sino como una responsabilidad vigente que requiere adaptación a los cambios sociales, culturales y generacionales.
La celebración del 20 de agosto, con su ofrenda floral y el toque de silencio de la Banda de Guerra, combinó el reconocimiento a los caídos con la afirmación de una presencia que se proyecta hacia el futuro. Los sacerdotes provenientes de distintas partes del país que participaron en la jornada evidencian la dimensión nacional de esta pastoral, que trasciende los límites de la Arquidiócesis para abarcar a todo el territorio mexicano a través de la CEM.
Un aniversario en el marco de la renovación sinodal
La conmemoración de estos 90 años se inscribe además en el contexto de la renovación sinodal impulsada por el Papa Francisco y continuada por el papa León XIV. La pastoral castrense, como expresión particular de la misión de la Iglesia, participa de este llamado a salir al encuentro de quienes viven en periferias existenciales —en este caso, las periferias institucionales y operativas de las Fuerzas Armadas— y a ofrecer acompañamiento y escucha.
La parroquia castrense Cristo de la Paz se constituye así como un lugar donde la Iglesia se hace presente en un ámbito que, por su naturaleza jerárquica y operativa, podría permanecer al margen de la vida pastoral ordinaria. La continuidad de esta presencia durante nueve décadas testimonia la capacidad de la Iglesia para adaptar su misión a los diversos contextos en los que los fieles viven y trabajan.

