Ciudad de México.- Hay preguntas que no admiten demora. Cuando el Papa León XIV publicó el 25 de mayo su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas, la sociedad conoció algo más que un documento de 245 numerales: recibió un mapa de la actualidad y un itinerario reflexivo formulados con precisión y urgencia histórica. ¿Levantaremos una nueva torre de Babel o edificaremos la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos?
Esa pregunta, planteada desde el primer numeral del texto pontificio, fue el hilo conductor del ejercicio sabatino, en una transmisión especial de Diálogos por la Esperanza, el programa de reflexión eclesial de la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en un primer acercamiento colectivo al documento.

El encuentro, organizado en tres partes, abierto al diálogo con la audiencia en redes sociales y conducido por el Pbro., Maestro en Ciencias, Eduardo Corral Merino, asesor y responsable de proyectos especiales de la Dimensión, reunió perspectivas tan diversas como complementarias, que fueron expresados con sencillez, claridad y riqueza.
Un mapa para tiempos nuevos
En el arranque de las intervenciones, Mons. Joseph Spiteri, Nuncio Apostólico en México, ofreció lo que denominó "cinco coordenadas para la lectura" del documento. La primera y más relevante fue también la más correctiva: la encíclica no es, en su núcleo, un texto sobre inteligencia artificial: "El hilo conductor de esta encíclica no es la inteligencia artificial en sí misma, sino la grandeza del ser humano, situado en este tiempo complejo permeado por la presencia de nuevas tecnologías", precisó el Nuncio.

Esta aclaración, lejos de reducir el alcance del documento, amplía su horizonte. Los 245 numerales de Magnifica Humanitas son, en palabras de Mons. Spiteri, "un mapa que nos orienta para vivir este momento civilizatorio nuevo, en sus gozos y esperanzas, en sus fragilidades y desafíos". El Nuncio destacó además que la encíclica representa "un salto cualitativo en la Doctrina Social de la Iglesia", ofreciendo criterios no solo en el ámbito teórico sino también en el práctico e histórico, con la gran diferencia del desarrollo del ámbito afectivo: la alteridad, la generosidad, la misericordia y "una paz desarmada y desarmante".
El Cardenal Christophe Pierre, ex Nuncio en México y en Estados Unidos, hoy cardenal emérito, eligió para su intervención la pregunta con la que León XIV sintetiza la tensión central de nuestra época: "¿Torre de Babel o Reconstrucción de las Murallas del Templo?" Y advirtió que no se trata de una disyuntiva meramente moral, sino de "dos orientaciones radicalmente distintas del ser".
El relato bíblico de Babel, explicó, es "la declaración ontológica de un ser humano que pretende ser suficiente a sí mismo… Babel es la metáfora de toda cultura que, al absolutizarse, fragmenta desde dentro a la comunidad y destruye el diálogo", sostuvo.

Frente a ese paradigma, el libro de Nehemías propone una lógica opuesta: la reconstrucción del muro de Jerusalén, no como gesto de gloria personal sino como servicio compartido al pueblo, en obediencia a Dios. El Cardenal Pierre afirmó que el Papa León encontró en San Agustín la clave filosófica para comprender esta encrucijada: "Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la ciudad celestial". Y concluyó que la custodia de lo humano es "la vocación más alta y creativa que el ser humano puede realizar".
Al respecto, el rector de la Universidad Pontificia de México, Pbro. Dr. Pedro Benítez Mestre, reflexionó sobre el llamado actual a la humanidad y la Iglesia. Describió el error de dejar en la dimensión de la capacidad técnica el destino de la humanidad: "No es a los técnicos, tecnócratas, ingenieros, computólogos.. necesitamos críticos y lo pedía como un grito: que nos ayuden a pensar juntos". Insistió en que es un llamado a la responsabilidad especialmente a quienes tienen entre sus manos el poder de las herramientas; pero también a la responsabilidad de los pequeños: "No seremos salvados por el sistema, debemos compartir la responsabilidad".

La Doctrina Social entre la historia y el lenguaje
Los disertantes compartieron, en un segundo bloque, reflexiones sobre el cambio del paradigma civilizatorio que se advierte con el desarrollo de las tecnologías de frontera. La Dra. Virginia Aspe Armella, doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, destacó, por ejemplo, el acierto del Papa de situar el tema de la inteligencia artificial dentro de la Doctrina Social de la Iglesia; y el Dr. Jovani Fernández Puentes, profesor de la Universidad Anáhuac México, centró su intervención en la propuesta de la encíclica para pensar la historia "como lugar teológico, de discernimiento, de aprendizaje eclesial y de cooperación humana con la acción de Dios".
Fernández explicó que esta aproximación nace de la visión cristocéntrica del documento pontificio; pues la clave para interpretar la historia no está en el progreso técnico ni la economía, sino en Jesucristo como "acompañante y guía de la historia humana". Y subrayó que esta compañía no sustituye la libertad humana: "Es una historia dramática, participativa y mediada a partir de nuestros aciertos, errores y aprendizajes… la historia no está determinada ni terminada, sino que las personas cooperamos activamente en su configuración".

En un tercer bloque, en donde se analizó el avance de la Doctrina Social de la Iglesia, con esta nueva encíclica, participaron la Dra. Emilce Cuda, Secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales; y por el periodista Felipe Monroy, director de VC Noticias, ambos situaron el documento en su dimensión social contemporánea.
Cuda subrayó que cada salto civilizatorio de la historia ha estado precedido por un cambio tecnológico cualitativo: "Cuando hay saltos tecnológicos cualitativos, las formas políticas, las formas económicas, las formas bélicas, las formas educativas cambian". Lo que permanece en esos tránsitos es la lengua y la religión. Y ahí reside el peligro actual: "Esta tecnología cambia la gramática del conflicto", advirtió. Este nuevo lenguaje se apropia de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia y los resignifica, impidiendo una nueva conformación social y política desde el saber acumulado.
Para Monroy, Magnifica Humanitas habla sobre las nuevas dimensiones del poder; pues la inteligencia artificial es el soporte de un poder capaz de "definir los márgenes de la verosimilitud, moldear las reglas de acceso a los bienes y a la propiedad común, o incluso modificar las formas ordinarias de las relaciones humanas". Frente a esa concentración de poder, explica el comunicador, el Pontífice no convoca al pesimismo sino al realismo: en lugar de "entusiasmos ingenuos o miedos estériles", pide a la sociedad "desenmascarar estas nuevas asimetrías", recordando que "la verdad es un bien que hay que compartir".

Por ello, Cuda destacó el servicio de la encíclica al actualizar el significado y el sentido de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia –en especial el de la justicia social y el bien común— para rescatar dichos conceptos que son actualmente silenciados o distorsionados en el espacio público.
La realidad global, una dimensión espiritual y humana
En esta sesión especial de Diálogos por la Esperanza participaron además del Ing. José Lázaro Tamez Guerra, fundador de la Federación Empresarial Humanista, quien aportó la perspectiva del mundo económico afirmando que la actualización de la Doctrina Social es un llamado concreto a transformar las estructuras económicas y sociales desde la dignidad humana y el bien común.

Compartió, que la preocupación por las nuevas tecnologías, particularmente por la IA, es una constante en los trabajos de dicha Federación, así como de otros organismos, entre ellos, el Consejo Episcopal de América Latina y El Caribe (CELAM), en donde se han desarrollado estudios específicos sobre la materia.
Desde la perspectiva espiritual, el Cardenal Alberto Suárez Inda, Arzobispo Emérito de Morelia reflexionó sobre la presencia transversal del Misterio de la Encarnación en el documento. Desde el sentido que ofrece la certeza de que Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios, el Cardenal explicó los errores en los que caen algunos al olvidar las necesidades terrenales tanto como al obsesionarse exclusivamente de los asuntos del mundo sin tener una mirada trascendente. Acentuó la insistencia del Papa León, en el desarrollo de una espiritualidad eucarística, para encarnar la presencia de Cristo en el mundo, en una dinámica oferente, libre y generosa.

Una conversación que apenas comienza
Las conclusiones del encuentro correspondieron al Mtro. David Eduardo Calderón Martín del Campo, director del Centro de Excelencia e Innovación para los Derechos y Oportunidades de la Niñez, y a Mons. Alfonso Cortés, Arzobispo Emérito de León y responsable de la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
El primero, el Maestro Calderón, retomó los aspectos más importantes de cada una de las aportaciones con gran puntualidad. Además, remarcó que, como ya se señaló en la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, no podemos olvidar que la IA es algo que no tiene existencia propia, no tiene corporeidad, que no tiene emociones, ni experiencia propia... Afirmó, “tenemos una exigencia para ponerla al servicio de la persona, así como para asumir nuestra responsabilidad en su uso. No podemos subrogar la mente, hacer que nuestra conciencia funcione como algoritmo”.

Mons. Cortés, por su parte, cerró el encuentro con una reflexión que encontró en el título mismo de la encíclica, la síntesis de todo su contenido. El nombre Magnifica Humanitas no es ornamental: toma su raíz del cántico de María, "Magnificat anima mea Dominum". Esta elección, explicó, es programática: "La humanidad es magnífica no por sus capacidades técnicas, sino porque Dios la habitó, porque el Verbo tomó carne en el seno de una mujer".
El Arzobispo Emérito subrayó que el Magnificat no es solo una oración devocional sino "una declaración sobre el modo en que Dios actúa en la historia: desde abajo, en su opción preferencial por los pequeños". Dios derriba a los poderosos, levanta a los humildes, llena de bienes a los hambrientos (Lc 1,51-53). Por eso, el criterio último para juzgar cualquier transformación social o tecnológica es, según la encíclica, "la perspectiva de los últimos".

Custodiar lo humano en la era de la inteligencia artificial es, para León XIV, "un acto mariano que requiere humildad, disponibilidad, discernimiento, valentía de los pequeños gestos y confianza en que Dios actúa desde donde nadie espera".
Mons. Alfonso Cortés anunció al cierre de dicha emisión de Diálogos por la Esperanza, que se ofrecerá una segunda y tercera emisión especial, con distintos acercamientos e invitados de talla nacional e internacional, para seguir abordando Magnifica Humanitas. La conversación, como los muros de Jerusalén en el libro de Nehemías, apenas comienza a levantarse —ladrillo a ladrillo, voz a voz.
Diálogos por la Esperanza confirmó una segunda transmisión sobre Magnifica Humanitas, para el sábado 20 de junio, y una tercera emisión especial, el próximo 4 de julio, con metodologías distintas para abordar el texto, con invitados nacionales e internacionales.
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Diálogos por la Esperanza es un espacio de reflexión eclesial organizado por la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano, coordinado por Mons. Alfonso Cortés, Arzobispo Emérito de León; el Pbro. Dr. Carlos Sandoval, Secretario Ejecutivo de la Dimensión; y el Pbro. Mtro. en Ciencias, Eduardo Corral Merino, Asesor y Responsable de Proyectos Especiales de la Dimensión.

