Madrid, España.– En una sola tarde, el papa León XIV cambió los adoquines del Palacio Real por las calles del barrio de Lucero. A las 18:00 horas, el Papa llegó al Centro de Información y Acogida “CEDIA 24 Horas”, un proyecto de Cáritas Madrid que atiende a personas sin hogar. El contraste con la visita de Benedicto XVI en 2011, que cruzó la Puerta de Alcalá, no pasó desapercibido. El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, lo resumió en su bienvenida: “Hoy usted entra en Madrid por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”.
El centro, situado en la periferia, ofrece albergue, atención psicológica, talleres y apoyo social. En 2025 acompañó a 2 mil 562 personas. Dispone de 67 plazas para pernocta (47 para hombres y 20 para mujeres) y una media de 82 personas atendidas diariamente en el centro de día. Un equipo multidisciplinar y 71 voluntarios sostienen el servicio.
El Papa recorrió las instalaciones, compartió un momento en las habitaciones con tres usuarios, visitó el comedor y salió al patio central. Antes de su llegada, los asistentes participaron en la creación de un “Árbol de la esperanza”. La cantaora Niña Pastori ofreció una actuación.
'Un belén sencillo y acogedor'
En su discurso, León XIV se presentó con una frase del arzobispo Cobo: “quien está en Madrid, es de Madrid”. Lo que se ha interpretado no sólo como un gesto de agradecimiento por la bienvenida sino como una convicción de acogida y acompañamiento a quienes llegan de fuera como migrantes a esta metrópoli. Agradeció los gestos y dijo sentirse “un madrileño más” en una familia donde “ocurren milagros de amor” y donde nadie se queda solo.
El Papa utilizó una imagen navideña para describir el centro. Recordó que Madrid es famosa por sus belenes en diciembre, pero afirmó que su belleza es solo una “pálida expresión” de la maravilla que se vive en CEDIA.
“Las luces, las voces y los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón, en realidad los llevamos dentro durante todo el año, y hoy están más vivos que nunca alrededor de este belén sencillo y acogedor que vosotros seguís preparando día y noche para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral del Centro en busca de ayuda”, dijo.
El Papa escuchó tres historias. La de Niurka, abogada cubana que gracias al centro ha podido dar a sus hijos Ares y Atenea “la vida, su amor de madre, la gracia del Bautismo y la promesa de un futuro feliz”. La de Khadri, senegalés que atravesó “el oscuro túnel de la pandemia” y recuperó un empleo y las ganas de apoyar a otros. La de Alicia, Alba y las voluntarias del Proyecto Esperanza de las Adoratrices, que ayudan a mujeres a recuperar “la dignidad, la autonomía, la esperanza y el respeto por el valor sagrado de su persona”.
Los regalos simbólicos entregados al Papa fueron también tres: una cinta con nombres infantiles (alegría por cada nacimiento), un permiso de residencia (compromiso, honestidad y acogida) y una sandalia. Esta última evocaba el encuentro de Moisés con Dios en el Horeb (Éxodo 3,1-6) y recordaba que cada existencia humana es “tierra sagrada”. El Papa entregó un icono de “Cristo, rostro del amor”.
La caridad no admite demoras
El lema de la visita del Papa en el Reino Españo es “Alzad la mirada” (Juan 4,35) y por ello explicó que estas palabras invitan a contemplar los campos maduros que esperan la cosecha. “La caridad no admite demoras. Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados”, advirtió.
El Papa alertó sobre el peligro de sustituir el Evangelio por la “mentalidad mundana”. Citó al Papa Francisco: “El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio”.
Criticó los corazones “aburridos, fríos, acomodados a una vida tranquila, que se blindan en la indiferencia y se vuelven impermeables”. Un corazón vivo, dijo, da vida; un corazón frío provoca la muerte.
León XIV insistió en un gesto concreto: mirar a los ojos de quien sufre. Recordó otra enseñanza de Francisco: “Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne? La limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor”.
Quien ama de verdad, añadió el Papa, “no se limita a dar algo; escucha, dialoga, intenta comprender la situación y sus causas. Está atento a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona”.
El acto concluyó con la entrega del Árbol de la Esperanza y la bendición apostólica. León XIV encomendó a todos los presentes a la Virgen de la Almudena, a quien invocó como “manantial de misericordia” y “abrazo de la esperanza”.
Madrid y los sintecho
CEDIA 24 Horas confirmó que atiende a una población creciente. El encarecimiento de los alquileres, la precariedad laboral y la situación administrativa de muchas personas migrantes han intensificado el fenómeno de la gente sin techo en la capital del reino. El centro ofrece un entorno seguro y un modelo de intervención integral que busca reconstruir proyectos de vida, no solo responder a la emergencia.
La visita del Papa a este centro, en su primer acto público después de los protocolos oficiales, envió un mensaje claro: la Iglesia no empieza su misión en los palacios, sino en la periferia: “Un abrazo que nace de la convicción de que el Evangelio se comprende mejor cuando la realidad se mira desde los últimos”, dijo el cardenal Cobo. León XIV lo confirmó con su presencia y con una frase que quedó flotando en el aire del barrio de Lucero: “No es posible olvidar a los pobres”.
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