Ciudad del Vaticano.- En una ceremonia cargada de simbolismo histórico, el papa León XIV cerró solemnemente la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro este 6 de enero de 2026, poniendo fin al “Jubileo de la Esperanza” que había sido inaugurado por su predecesor, el papa Francisco, el 24 de diciembre de 2024. Este acto marcó un evento no visto desde el año 1700: por primera vez en más de tres siglos, un pontífice concluye un Año Santo convocado por otro, tras el fallecimiento de Francisco en abril de 2025.
A las 9:41 horas locales, ante la presencia del presidente de Italia, Sergio Mattarella, cardenales, obispos y miles de fieles, León XIV selló la puerta tras un momento de silencio y oración. El rito concluyó un año de gracia extraordinaria que atrajo a Roma a más de 33.4 millones de peregrinos, según cifras oficiales de la Santa Sede, siendo los grupos más numerosos procedentes de Italia, Estados Unidos y España.
Jubileo entre dos pontificados: símbolo de continuidad
La Santa Sede destacó la singularidad del evento. El Jubileo, una tradición que se celebra aproximadamente cada 25 años, había sido convocado por el Papa Francisco con el tema de la esperanza. Su muerte interrumpió el ciclo normal, dejando en manos de su sucesor la clausura. “Esta circunstancia no se registraba desde el año 1700”, señaló oficialmente el Vaticano, subrayando un hecho que vincula a la Iglesia del siglo XVIII con la actual.
En su homilía durante la Misa de la Epifanía, León XIV reflexionó sobre el significado del camino de los peregrinos, a quienes comparó con los Magos de Oriente. “Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia… son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje”, afirmó. El Pontífice describió la Puerta Santa como un “espacio de acogida para personas cansadas y agobiadas”.
Contra 'halagos de poderosos': una Iglesia 'hogar'
El Papa hizo una clara advertencia, invitó a la Iglesia a “rechazar unidos los halagos de los poderosos” y a convertir las comunidades en “hogares” acogedores. Criticó que “una economía deformada intenta sacar provecho de todo”, incluso de la búsqueda espiritual humana, y abogó por una “justicia basada en la gratuidad” como herencia del Jubileo para “reorganizar la convivencia”.
Y es que para León XIV “el Jubileo nos ha recordado esta justicia basada en la gratuidad; tiene en sí mismo la llamada a reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver “lo que se tiene” y “lo que se es” a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros”.
También hizo un llamado a la paz, señalando que “amar la paz significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño”. Sus palabras resonaron como una guía pastoral para el inicio de su pontificado.
El Año Jubilar requirió un esfuerzo logístico y de seguridad monumental. El jefe de la policía de Roma reportó el despliegue de más de 70 mil agentes. Además de las cuatro basílicas papales tradicionales (San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros), el Jubileo tuvo un gesto innovador ordenado por Francisco: la apertura de una Puerta Santa en la cárcel romana de Rebibbia, como signo de esperanza para los privados de libertad.
Tras la clausura, la Puerta Santa será tapiada y permanecerá sellada hasta el próximo Jubileo ordinario, aunque la Santa Sede ha mencionado la posibilidad de uno extraordinario en 2033, con motivo del bimilenario de la muerte de Jesucristo. Con este histórico cierre, León XIV no solo culmina un ciclo de gracia, sino que define los contornos de un pontificado que nace recogiendo el testigo de la esperanza y apelando a una Iglesia más humilde y cercana.

