Ciudad del Vaticano.- El papa León XIV recibió en el Vaticano a parlamentarios del Partido Popular Europeo; y les recordó los valores de los fundadores de la Unión Europea: Adenauer, De Gasperi y Schuman: Una política que no grite ni se reduzca a eslóganes. El pontífice finalmente advirtió sobre el riesgo de sustituir la realidad por la simulación digital.
En encuentro se realizó en la Sala Clementina con los legisladores europeos. León XIV habló en inglés y, en tono de advertencia, hizo un llamado a la coherencia: “La unidad es más grande que el conflicto”, afirmó el pontífice, retomando una frase de Francisco.
El Papa recordó que encuentros similares ocurrieron con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco (este último no pudo recibirlos en 2023 por una hospitalización): “Aprecio el reconocimiento de su grupo a la herencia cristiana de Europa”, dijo, citando a Benedicto XVI hace veinte años.
León XIV trazó un recorrido histórico. El proyecto europeo nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial por necesidad práctica, pero también por una visión ideal: superar siglos de división. Los padres fundadores —Adenauer, De Gasperi, Schuman— se inspiraron en su fe personal y consideraron los principios cristianos como un elemento común y unificador para acabar con el espíritu de venganza.
Política como caridad, no como ideología
El Papa definió la política como “la forma más alta de la caridad”, porque puede comprometerse por completo con la construcción del bien común. Pero advirtió: perseguir un ideal no significa glorificar una ideología. “La ideología es siempre el resultado de una distorsión de la realidad y una especie de violencia impuesta sobre ella”, señaló. Recordó que la Europa moderna surgió al reconocer el fracaso de los proyectos ideológicos que la destruyeron y dividieron.
Citó a De Gasperi: perseguir un ideal significa poner a la persona humana en el centro, “con su espíritu de fraternidad evangélica, su respeto por la ley heredada de la antigüedad, su aprecio por la belleza refinada a lo largo de los siglos y su compromiso con la verdad y la justicia”.
Contra el populismo y el elitismo
El Papa diagnosticó dos tendencias actuales: el populismo, que busca solo la aprobación fácil, y el elitismo, que tiende a actuar sin consenso. La solución, dijo, es una política auténticamente “popular”, que requiere tiempo, proyectos compartidos y amor a la verdad.
Lanzó una frase de impacto: “En la era del ‘triunfo digital’, la acción política verdaderamente orientada al bien común exige un retorno a lo analógico”.
Explicó que la disminución de la armonía entre el pueblo y sus representantes necesita reconstruirse con contacto personal: “Esta es quizás la verdadera cura para una política que a menudo grita, consiste solo en eslóganes y es incapaz de responder a las necesidades reales de la gente”.
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Ser cristiano en política
El Papa ofreció consejos concretos a los parlamentarios, pero también a todo el mundo donde emergen figuras políticas que se autovalidan por su supuesta fidelidad religiosa, mística o mesiánica.
Ser cristiano en política, dijo el Papa, no significa ser abiertamente confesional, sino permitir que el Evangelio guíe las decisiones, incluso aquellas que no atraen consenso fácil.
A la clase político, les recordó varias áreas prioritarias:
- Trabajo digno: fomentar condiciones laborales que alienten el ingenio y la creatividad frente a un mercado cada vez más deshumanizante.
- Natalidad: ayudar a superar el miedo a formar una familia y a tener hijos, un temor particularmente extendido en Europa.
- Migración: abordar las causas profundas, cuidar a los que sufren y tener en cuenta las capacidades reales de acogida e integración.
- Creación e inteligencia artificial: confrontar estos desafíos de manera no ideológica. La IA ofrece grandes oportunidades, pero también está llena de peligros.
Insistió en invertir en libertad, pero no una libertad trivializada reducida a meras preferencias personales: “Una libertad arraigada en la verdad”, que salvaguarda la libertad religiosa, de pensamiento y de conciencia en todo lugar y circunstancia. Advirtió sobre evitar un “cortocircuito de los derechos humanos” que termina dando paso a la fuerza y la opresión.
El Papa concluyó con su Bendición Apostólica. Agradeció a los parlamentarios, en particular al presidente Manfred Weber y a la enviada especial de la Unión Europea para la libertad religiosa, Mairead McGuinness.
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