Saltillo, Coahuila.- En medio de un contexto global marcado por conflictos armados en diversas regiones del mundo, el obispo de la Diócesis de Saltillo, Hilario González García, ofreció una reflexión que traslada la mirada desde las guerras internacionales hasta las trincheras cotidianas: el uso de la lengua como arma.
Durante su mensaje, el líder católico afirmó que resulta muy difícil dialogar cuando una de las partes tiene un arma en la mano. Por ello, invitó a la sociedad a examinar otra forma de violencia, aquella que se ejerce con las palabras y que muchas veces se convierte en el principal instrumento para ofender y agredir.
"Que sea una paz desarmada, que no llegue al diálogo desde las armas o las situaciones bélicas, sino una paz que también sea desarmante; que cuando en verdad queremos dialogar, nos desarme", expresó.
González García señaló que el lenguaje agresivo, aquel que hiere, ridiculiza y ofende, constituye "una pequeña guerra" que es necesario superar. En el marco del tiempo cuaresmal, consideró propicio reflexionar sobre el uso que se da a la lengua en las relaciones personales y sociales.
El obispo recordó el mensaje de Jesús resucitado: "La paz esté con ustedes". Destacó que ese llamado ha sido retomado por el papa León XIV como eje para la Cuaresma actual, enfatizando la necesidad de construir una paz que no solo sea ausencia de conflicto, sino que tenga la capacidad de desarmar a quienes participan en el diálogo.
El obispo hizo referencia a los conflictos armados que ocurren en distintas regiones del mundo. Mencionó la guerra entre Rusia y Ucrania, la situación en Gaza, las tensiones entre Estados Unidos e Irán, el conflicto entre Afganistán y Pakistán, así como los problemas internos que enfrentan varios países africanos.
Recordó que el papa Francisco ya había advertido, hace algunos años, que el mundo vivía una "Tercera Guerra Mundial en pedacitos", marcada por múltiples conflictos dispersos que, aunque no alcanzan la escala de las grandes guerras del siglo XX, generan sufrimiento y destrucción de manera constante.
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En ese contexto, reiteró el llamado constante de la Iglesia al diálogo, a la superación de los conflictos y a deponer las armas, tanto las materiales como las verbales.
"Es muy difícil dialogar sentado a la mesa con alguien que tiene una pistola", expresó el obispo con claridad. La frase resume la dificultad de alcanzar acuerdos genuinos cuando una de las partes impone su voluntad mediante la fuerza o la amenaza.
González García subrayó que el papa León XIV ha iniciado su pontificado con un mensaje claro y firme: trabajar por una paz "desarmada y desarmante". Este concepto implica no solo renunciar a las armas físicas, sino también a las actitudes que buscan dominar, humillar o silenciar al otro mediante cualquier tipo de violencia.
Finalmente, exhortó a los fieles y a la sociedad en general a apostar por el diálogo sin amenazas y sin imposiciones. Llamó a no reproducir la lógica de las potencias armadas que pretenden decidir o influir a partir de su fuerza, y a construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la escucha sincera.
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