Zacatecas, Zacatecas.- Tras completar un recorrido pastoral por 90 de las 100 parroquias que conforman la Diócesis de Zacatecas, el obispo Sigifredo Noriega Barceló ofreció un diagnóstico sobre la situación que enfrenta la entidad y la diócesis de 60 mil kilómetros cuadrados: violencia generalizada, familias vulnerables y una profunda carencia de formación religiosa entre los creyentes.
"Encontré enorme cantidad de violencia con múltiples síntomas de dolor entre quienes la padecen", expresó el obispo, quien vinculó directamente esta realidad con la falta de preparación de los fieles.
Según Noriega Barceló, en muchos casos los cristianos no cuentan con la formación debida para afrontar los retos de la vida actual porque han perdido sus valores.
El obispo explicó que su labor pastoral se ha centrado por el momento en el área de Guadalupe y Tacoaleche, donde ha encontrado enormes desafíos para la estructura familiar. La violencia, señaló, no solo se manifiesta en las cifras delictivas sino también en el tejido cotidiano de las comunidades.
"Creo que el cristiano actual inicia mal su vida como creyente pues carece de formación en todos los aspectos", afirmó. Detalló que muchos fieles se conforman con recibir el bautismo y la primera comunión, pero desisten de continuar su preparación para cobrar conciencia de sus dificultades o aprender cómo afrontarlas.
Ante este panorama, Noriega Barceló anunció que en los próximos cinco años la Iglesia instrumentará una serie de acciones relacionadas con labores formativas. El programa abarcará desde la infancia hasta la edad adulta, una labor en la que todos los sectores sociales deben participar.
"Debemos trabajar de manera conjunta incluidas las escuelas", puntualizó el obispo, quien considera que la formación integral requiere la colaboración de instituciones educativas y familias para reconstruir la base valoral de la sociedad.
El obispo reconoció que en este momento existen muchos tipos de familia, una realidad que el clero debe atender: "La Iglesia debe invertir mucho en caminar con esas familias, con el fin de fortalecer ese núcleo social que podría hallarse en problemas", indicó.
Señaló que esta tarea requiere no solo del acompañamiento espiritual sino también de la creación de un ambiente familiar propicio y el apoyo de políticas públicas que favorezcan la estabilidad de los hogares.
Noriega Barceló no omitió referirse a las cifras de mujeres, niñas y niños secuestrados, desaparecidos o agredidos en sus hogares y comunidades. Aseguró que estas cifras habrían ido al alza, por lo que llamó a la sociedad a cobrar conciencia de las dificultades que las personas deben enfrentar en este momento.
El obispo describió un escenario complejo donde no solamente existen conflictos o carencias económicas en los hogares del estado. A esto habría que añadir los problemas para encontrar trabajo o seguir estudiando. "Encima, las personas tienen temor o padecen ansiedad en medios que les son hostiles", agregó.
El líder católico hizo un llamado a evitar la tentación de atribuir toda la responsabilidad al gobierno: "No es que todo ello sea culpa del gobierno sino que cada uno de nosotros debería asumir la propia responsabilidad", expresó.
Noriega Barceló reflexionó sobre la fragilidad de la condición humana: "No queremos darnos cuenta de la fragilidad de que dependemos de un hilito en los hechos que padecemos", sentenció.
El obispo reconoció que las cifras de crímenes dolosos han disminuido debido a las acciones de las autoridades en la materia. Sin embargo, advirtió que en la misma medida ni el miedo ni la inseguridad han decrecido.
"Los zacatecanos tienen por ahora escasa confianza en el futuro", diagnosticó. Atribuyó esta desconfianza a una carencia compartida: "Creo que todos debemos poner de nuestra parte y no lo estamos haciendo porque por igual seguimos careciendo de formación".
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