Ciudad de México. – A cien años del inicio del conflicto religioso en México, la Provincia Eclesiástica de Guadalajara emitió un mensaje público para orientar a los fieles sobre cómo conmemorar aquel periodo. Para explicar el alcance del documento, el sacerdote e historiador Armando González Escoto sostuvo un encuentro con periodistas en la capital del país organizado por la Dimensión de Educación y Cultura del Episcopado Mexicano, donde detalló las claves para entender el conflicto cristero sin caer en extremismos ni en manipulaciones ideológicas.
El mensaje episcopal, firmado por el cardenal Francisco Robles Ortega y los obispos de ocho diócesis del occidente de México, propone una lectura de los hechos ocurridos entre 1914 y 1929 a partir de fuentes históricas rigurosas y del magisterio de la Iglesia. González Escoto subrayó que el texto busca equilibrar la narrativa sobre un fenómeno que, dijo, "se ha mitificado mucho, positiva y negativamente".
Las causas del conflicto: más allá de la Ley Calles
González Escoto recordó que la guerra cristera no puede reducirse a la aplicación de la Ley Calles en 1926. El conflicto, explicó, tuvo raíces más profundas: la crisis de autoridad derivada de la revolución caudillista, la persecución religiosa previa a la Constitución de 1917, el involucramiento de católicos en el golpe de Estado contra Francisco I. Madero y el apoyo del arzobispo de México a Victoriano Huerta. A ello se sumó, añadió, el resentimiento de sectores anticatólicos por los privilegios que la Iglesia recibió durante el Porfiriato.
“Así también debemos entender que en ese conflicto los católicos no solamente fueron víctimas, también la Iglesia de ese momento cometió errores –como la suspensión del culto o la actividad partidista– que hay que reconocer y que hay que aceptar de manera muy madura”, acotó González Escoto.
El sacerdote Eduardo Corral Merino, asesor de la Dimensión, contextualizó la relevancia de una revisión serena, amplia y propositiva: “Cuando hay muertes –y aquí hubo más de cien mil–, tenemos que hablar con mucha objetividad y sobre todo viendo hacia el futuro. Para que esto no vuelva a acontecer. Y no puede volver a acontecer porque las circunstancias son totalmente distintas. Tenemos que buscar siempre una mejor relación entre todos los actores de la sociedad, particularmente entre la Iglesia y el Estado”.
González Escoto señaló que, aunque la Constitución de 1917 estableció artículos persecutorios, no todos los obispos reaccionaron de la misma manera. Hubo al menos tres posturas entre ellos: intransigencia, resistencia pacífica y conciliación. Esta división, dijo, es uno de los aspectos que deben analizarse con profundidad para poder realizar los actos conmemorativos del centenario.
“Hay efemérides que no podemos ignorar porque la importancia de recordarlas es no volverlas a cometer; [por ello] desde la perspectiva de la Iglesia debemos tener claro que celebramos a los mártires, recordamos a los cristeros y recordamos también a tanta gente que sufrió de un lado y de otro en ese periodo”, afirmó el historiador.
La guerra cristera: un error para la mayoría de los católicos
Uno de los puntos más destacados por González Escoto fue el carácter regional del levantamiento armado: "La Cristiada no fue un fenómeno nacional", afirmó. Se manifestó en entre doce y quince estados, pero bastó para afectar a todo el país. El costo en vidas humanas, recordó, es complejo de calcular. Se sabe que por parte del ejército mexicano fueron alrededor de 50 mil bajas; y que en la población civil rondan las cien mil personas.
El sacerdote enfatizó que, en su momento, la guerra fue considerada un grave error por la mayoría de los católicos, tanto en México como en el extranjero. De los 34 obispos mexicanos, solo cinco apoyaron la rebelión. El secretario de Estado del Vaticano, dijo, también la desaprobó.
"La guerra es una derrota para la humanidad", citó González Escoto, retomando palabras del papa Francisco. El mensaje de los obispos de Guadalajara recoge esa enseñanza como un criterio moral permanente: la violencia no es el camino del Evangelio.
Además, en el recuerdo del movimiento de resistencia pacífica liderado también hace una centuria por el beato Anacleto González Flores para favorecer la construcción de instancias de participación política, el sacerdote sentenció: “Es más fácil levantarse en armas que educar democráticamente a una sociedad”. Por ello, pidió valorar y tomar como ejemplo los esfuerzos de los creyentes que buscaron incidir en la transformación social sin poner de por medio las armas, como era la costumbre de la época.
Mártires y resistencia pacífica
Uno de los temas más sensibles del centenario es la diferencia entre quienes murieron en defensa de su fe y quienes participaron en la lucha armada. González Escoto fue tajante: no todos pueden ser llamados mártires; pero sí se debe hacer memoria justa de quienes, en el particular contexto histórico posrevolucionario de sublevaciones armadas, se levantaron en defensa de su fe.
El mártir, según los criterios de la Santa Sede utilizados durante décadas en procesos de canonización, es aquel que no tomó las armas, no apoyó el levantamiento ni provocó su propia muerte. En cambio, muchos de los que participaron en la guerra cristera, aunque murieron por su fe, no cumplen con esos requisitos.
Sobre el fin del conflicto o al menos los arreglos alcanzados entre el gobierno y los obispos católicos en 1929, González Escoto recordó que los acuerdos incluyeron la promesa gubernamental de amnistía para los cristeros, una condición exigida por el papa Pío XI. Esa promesa, sin embargo, no fue respetada por el gobierno, que tardó más de siete años en cumplir su parte, ya durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho.
En ese sentido, el sacerdote consideró también oportuno que se reconozca en esta reconciliación histórica los excesos criminales del gobierno mexicano; por ejemplo, relató el caso tras los Arreglos celebrados entre los obispos y el gobierno para deponer las armas y la promesa de amnistía a los sublevados, donde el ejército continuó abatiendo a los Cristeros que entregaban sus armas: "El gobierno tendría, si entramos en ese plan, que reconocer que cometió ese crimen”, afirmó.
Llamado a la reconciliación y al aprendizaje
El mensaje de los obispos, explicó González Escoto, no busca reabrir heridas, sino sanar las que aún permanecen abiertas. Para ello, propone conocer los hechos con objetividad, aceptar que tanto la Iglesia como el gobierno cometieron errores, e identificar los valores que surgieron en aquel periodo, como la defensa de la libertad religiosa y el testimonio de fe.
En el presente, el sacerdote llamó a la educación como herramienta fundamental para evitar la manipulación ideológica. Y la oportunidad de conmemorar este centenario es de utilidad para el México contemporáneo. En palabras de Corral Merino, la Iglesia en su magisterio ha insistido en una laicidad colaborativa: “La relación entre la Iglesia y el Estado siempre tiene que ser colaborativa, siempre tiene que ser constructiva, precisamente porque hay una división entre el Estado y las iglesias, hay una autonomía de las realidades temporales en el Estado y nosotros tenemos un ámbito particular que le es propio a las religiones: lo trascendente, lo eterno, etc. Entonces cada uno tiene que ocupar su lugar con un cuidadoso respeto y sobre todo distinguiendo muy bien nuestras respectivas autonomías”.
Convergió en este planteamiento el padre González Escoto y añadió un cuestionamiento: “Si vivimos y entendemos lo que es la multiculturalidad en el México actual, donde todos debemos gozar de los mismos derechos… ¿En qué momento el gobierno mexicano logrará entender que la paz en el país se construirá en la medida en que se sepan convocar a todas las instancias presentes en la nación?”
Finalmente, recordó que la Constitución mexicana actual ya no contiene artículos persecutorios como los de 1917, aunque mantiene mecanismos de control sobre las iglesias. El reto, concluyó, es seguir trabajando por la libertad religiosa y la justicia social en un país distinto al de hace cien años.
En nombre del arzobispo Alfonso Cortés Contreras, presidente de la Dimensión de Educación y Cultura, el sacerdote Eduardo Corral, asesor y responsable de proyectos especiales de la misma, agradeció a los periodistas y al padre Armando González Escoto la oportunidad de participar en un diálogo respetuoso y necesario para comprender la historia nacional y alimentar la esperanza en nuestros tiempos.

