Alicia será la heredera universal de mis libros. Ya lo he dicho aquí en distintas ocasiones. Ella sabrá qué hacer con ellos. Solo de unos pocos dispondré yo. Son de esos temas de los que ella está alejada. Porque he de decir que Alicia sabe de mis gustos y también de mis disgustos.
Bien que conoce mi debilidad por los autores italianos, especialmente por la siempre bien precisa Susanna Tamaro, y sabe lo difícil que es conseguir sus libros. Sabe también que tengo la colección que comenzó con Antes de que se enfríe el café. Tiene por cierto que poseo todos los libros de Carlos Ruiz Zafón y que incluso ella me regaló el último antes de que el catalán falleciera prematuramente.
Reconoce mi valentía por no leer libros románticos ni de ciencia ficción. Sabe que me gustan los libros de historia y de espiritualidad. Tiene entendido que cada vez que la visito en Guadalajara me gasto media mañana en la librería católica por excelencia de la colonia Conchita.
Y sabe que no leo libros de Stephen King. Bien que lo sabe, y muy bien.
“Pero el año pasado bien que leíste uno de King”. Me suelta la frase luego que hemos terminado un buen corte de carne en un restaurante de Chapalita con un vino tinto sabroso de la casa. Tiene razón. Fue el primero. Me lo regaló Dora. Confesado.
No discuto. No tenía oportunidad de ganar una discusión con la hija predilecta (Fer es mi hijo predilecto). No digo nada y terminamos la comida platicando de libros, cantantes, perros, cánceres y planes inmediatos.
La frase demoledora de aquella tarde sube de tono la siguiente Navidad. Su bolsa de regalos incluye Misery, de Stephen King. Si ya leí uno donado por Dora, no hay manera de negarme a leer éste donado por la otra Dora. “Pero dame tiempo, luego que acabe unos que ya tengo seleccionados para principios de año”, atino a decir.
Cada vez que echaba un vistazo al librero donde se colocan los libros próximos a leer, la portada azul de Misery me guiñaba el ojo izquierdo. Por más que lo escondía, volvía a aparecer. Ni hablar. Cuando planeaba el viaje que desde hacía diez años quería hacer, lo puse en la maleta.
Lo comencé en el aeropuerto de ida y lo terminé una mañana de intenso calor frente a la arena semi obscura de la playa vacía del Pacífico en un hotel solitario mientras descansaba de un viaje extraordinario que nunca olvidaré y del que pronto les daré detalles.
Misery cumplió el objetivo.
Clásico libro de terror y suspenso de King. Supongo. Vale la historia y no la forma en que la describe. El escritor Paul Sheldon se hizo famoso con los libros cuya protagonista es Misery Chastain. Además de fama hizo mucho dinero. Pero está hastiado de seguir con la saga y quiere tener la libertad de escribir otras historias. Así que decide “matar” en su último libro a la protagonista.
Sheldon se siente feliz por el desenlace. Por fin se deshizo de Misery. Decide tomarse unas vacaciones y emprende un viaje en su auto por el centro geográfico de Estados Unidos. Justo allí tiene un accidente, mientras cae una intensa nevada.
Aparece en escena Annie Wilkes, quien observa el auto volcado y decide ayudar. Cuál es su sorpresa de encontrarse mal herido a su autor favorito: Paul Sheldon. Porque Annie no solo ha leído todo lo que ha escrito Sheldon, sino que se ha interiorizado en cada una de sus textos, y se considera su mejor lectora.
Solo que Annie tiene una obsesión. No está de acuerdo con que Misery haya muerto. Y pide, solicita, ruega, implora, clama, invoca y exige que Misery vuelva a la vida en un siguiente libro que Sheldon debe escribir desde la cabaña en la que Annie se ha refugiado luego de ser involucrada en una serie de delitos en diferentes hospitales en los que sirvió como enfermera.
Hasta aquí es una novela convencional de un escritor convencional. Pero a decir de mi hija y de otros admiradores del escritor es aquí cuando aparece el genio terrorífico de King.
Annie tampoco es un enfermera convencional. Es terrorífica en toda la extensión de la palabra. La presión para que Sheldon se ponga a escribir y reviva a Misery no será una tarea fácil, ni por la literatura ni por las presiones que ejercerá Annie sobre Paul.
Crecí viendo algunas películas adaptadas de los libros de King. El terror que se ve en las películas es diametralmente distinto al leído en los libros. Misery tiene su propia adaptación. Dicen que es de lo mejor que se ha hecho con la obra de King. No recuerdo haberla visto.
Fue un libro que leí fluido en la parte final de un viaje que disfruté sobremanera. Gocé la parte central de dicho viaje. Gocé la parte final que incluyó una playa vacía en un hotel solitario. Y gocé la lectura, porque junto con la historia evocaba a mi hija predilecta, la heredera de mis libros y la mejor y más guapa veterinaria del mundo mundial.
He vuelto a mis andadas. Volví del viaje con un montón de libros.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!
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