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O Opinión

Veritas et Iustitia | ¿Bendecir a todos? Si

Tal como se atacó desde dura hasta escandalosamente al papa Francisco, se ha vuelto a atacar al nuevo papa León XIV por defender las bendiciones a personas que viven situaciones Irregulares, estando casados religiosamente, unidos en nuevas relaciones conyugales, en unión libre o divorciados con contratos matrimoniales del orden civil. Y más aún si se trata de bendiciones a personas que viven relaciones homosexuales. Y esos ataques a ambos papas, son más que simples críticas. El fondo del asunto es el grave desconocimiento de lo que es una bendición en la tradición judeocristiana.

El término bendición en ambas religiones se ha conceptuado en diferentes expresiones, pero en el fondo siempre es lo mismo. Bendecir es “bien decir”, y siempre, cuando se entiende correctamente esta acción, bendecir es desear el bien, en particular el bien que viene de Dios. Si yo bendigo un alimento, es desear que por obra del Señor ese alimento sea para nuestro bien. Bendecir a una persona es desearle que Dios le ayude, le acompañe.

En Números 6: 22 26 leemos: El Señor dijo a Moisés: […] Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: "Que el Señor te bendiga y te proteja [guarde]; que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia; que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz". Esta es una bendición judeocristiana.

Pero los escándalos en contra de los papas se han dado por malentender lo que significa una bendición. Y en particular tratándose de esas parejas irregulares (no unidas sacramentalmente) y homosexuales. Bendecir a esas personas es desearles el bien, que estos casos se refieren a corregir una vida contraria a la voluntad de Dios y no a justificarles. Igualmente una persona santa bendice a los enemigos para desearles que corrijan, que abandonen sus maldades.

Lo esencial en estos casos, de bendecir a quienes viven y obran en contra de lo que es recto conforme a la voluntad divina, es pedir para ellos la gracia de Dios para su corrección. De ninguna manera, de ninguna, significa que quien bendice a quienes obran y viven mal les aprueben esa forma de vida. Bendecir no es aprobar, no es consentir en lo que está torcido sacramentalmente.

En la celebración de un matrimonio conforme a las leyes de Dios, canónicamente en la iglesia católica y sacramentalmente en otras confesiones cristianas, el oficiante de la ceremonia matrimonial bendice a las parejas para que el Señor les de sus dones. Y hay que tener bien en cuenta que un matrimonio judeocristiano es un acto en que los contrayentes son quienes lo realizan, ellos son sus propios ministros, y en los que el sacerdote, rabino o pastor oficiante es un testigo de calidad. Y este testigo oficiante, con su autoridad, declara que ese acto de contraer matrimonio es legítimo, válido (canónicamente) hablando. Las bendiciones para los contrayentes no son la declaración de reconocerlos casados, son el desearles que su vida sea conforme a la voluntad de Dios y bajo su protección divina, en el judaísmo como en el cristianismo.

De esta manera, bendecir a quienes practican una relación íntima ajena a la voluntad divina, heterosexual u homosexual, no es, hay que insistir, alguna aprobación de que su relación es aceptable. No es decirles que, aunque sea indebida una autoridad eclesiástica se los aprueba. No, de ninguna manera. No es una declaración de validez, de legitimidad.

Todo el escándalo, los ataques a los papas Francisco y León XIV por decir que se puede bendecir a todas esas personas, homosexuales y heterosexuales, está en la confusión elemental sobre el concepto de bendecir. Y así como nos dice la Escritura, que Dios hace llover sobre los buenos y los malos, así también las bendiciones generales van para todos. Este concepto tan simple ha sido dicho y repetido por ambos papas y muchas personas: las bendiciones al terminar el oficio de la misa van para todos, independientemente del estado de sus almas. Y cómo las bendiciones papales Urbi et Orbi son para toda la humanidad, toda, de los buenos y de los malos. No son para aprobar o desaprobar sus conductas, sino para pedir que Dios les ayude en sus vidas, les proteja y les conceda la paz.

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