Buenos Aires, Argentina.- Una carta de los sacerdotes que trabajan en los barrios populares de la ciudad de Buenos Aires encendió la polémica. Leída al término de una misa oficiada por el arzobispo Jorge García Cuerva en la Villa 31 de Retiro, la misiva denunció una serie de atropellos cometidos durante un megaoperativo antinarcos realizado el jueves 14 de mayo.
“Junto a los vecinos y tantas organizaciones sociales venimos pidiendo presencia del Estado, puntualmente de fuerzas de seguridad, así como lucha contra el narcotráfico, pero repudiamos lo sucedido en esta y todas las villas de la ciudad”, expresaron los curas villeros. Aclararon que no niegan que haya habido alguna acción positiva, pero cuestionaron los métodos.
La Iglesia católica porteña protestó por el procedimiento cuando más de 400 policías ingresaron a las villas 31, 21-21, 1-11-14 y 19. Los sacerdotes denunciaron la detención de personas inocentes y el secuestro de alimentos y ropa. El arzobispo García Cuerva advirtió que los vecinos “huelen erradicación”.
Según el texto, los agentes policiales “le sacaron los alimentos y la ropa a quienes la venden para ganarse el sustento”. También denunciaron que se llevaron motos y detuvieron a personas inocentes, con una “sobreactuación exagerada”.
El operativo, denominado “Tormenta Negra”, fue el más grande realizado en barrios populares de la ciudad. Participaron 400 efectivos, realizaron 30 allanamientos simultáneos y detuvieron a más de 20 personas, según informó el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien supervisó el despliegue desde un centro de monitoreo en Lugano. El objetivo era desarticular una banda conocida como “Los herederos de Dumbo”, integrada por sucesores del narcotraficante peruano Raúl Martín Maylli Rivera, actualmente preso en la cárcel de máxima seguridad de Ezeiza.
García Cuerva evitó referirse directamente al operativo durante su homilía, pero criticó el nombre elegido. “Quienes hemos experimentado la vida en los barrios, y para los vecinos, tormenta negra se llama al narcotráfico, a la falta de trabajo, cuando el Estado se retira, cuando los pibes no tienen posibilidades”, afirmó.
“Eso es tormenta negra y hace rato, hace años, hace décadas que lo sufren nuestros barrios”, completó. La misa conmemoraba el 52º aniversario del asesinato del padre Carlos Mugica, quien se desempeñaba en la Villa 31 y allí descansan sus restos.
El arzobispo pidió “que se dé un nuevo amanecer” y que “en la tormenta negra surja la luz de un pueblo solidario comprometido”.
'Olor a erradicación'
Los curas villeros señalaron que los barrios populares “no necesitan show mediático”. Afirmaron que “las villas no son la vecindad del Chavo, los vecinos son protagonistas de sus vidas”. Denunciaron que el hostigamiento a los trabajadores de los barrios “acrecienta la estigmatización ya existente en muchos sectores de la sociedad”.
Reclamaron más integración y menos discriminación. “Necesitamos trabajo, alimentos, acceso a la salud, acompañamiento de los chicos, adolescentes y jóvenes, tan expuestos a los mercaderes de la droga”, escribieron.
Enumeraron necesidades básicas: cloacas, vivienda digna, agua potable y buen tendido eléctrico. Y lanzaron una advertencia: “Lamentablemente hoy estamos sintiendo olor a erradicación”.
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