Saltillo, Coahuila.- Hilario González García, obispo de la Diócesis de Saltillo, planteó la construcción de una paz colectiva y comunitaria como el propósito esencial para el año que inicia. En su mensaje con motivo del Año Nuevo y la Jornada Mundial de la Paz, el líder religioso impulsó un cambio de enfoque: de los propósitos individuales a las metas de bienestar social.
Frente a los retos de seguridad en la región, el obispo definió la paz necesaria no como una simple ausencia de conflicto, sino como una realidad activa. Inspirado en las directrices del Papa, pidió cultivar una paz “desarmada y desarmante”, que se debe promover desde la familia hasta la esfera internacional.
“La comunidad debe plantearse metas para 2026 que incluyan el beneficio de la familia y los sectores vulnerables”, expresó González García. Su llamado propone un balance entre la acción humana y la confianza espiritual, para que “la Providencia Divina disipe las tinieblas de la duda y permita a los ciudadanos caminar con seguridad”.
El mensaje detalla recomendaciones concretas. Entre ellas, el obispo pidió “realizar un servicio a la sociedad en ambientes necesitados o marginados” y “mejorar las relaciones familiares como base de la paz”. También mencionó la necesidad de “superar las limitaciones personales para crecer como hijos de Dios”.
La Diócesis de Saltillo asoció este llamado en la celebración de María, Madre de Dios, y la exhaltó para solicitar “su protección maternal” y que los habitantes de la región “permanezcan fieles a sus valores”. El mensaje concluyó con una invitación a la cooperación social para que otros “también puedan alcanzar la dicha y el crecimiento personal”.
Con este planteamiento, la autoridad católica local establece un marco de reflexión y acción para el inicio de 2026, donde la paz se presenta como una tarea comunitaria que requiere humildad, solidaridad y compromiso tangible con el prójimo.

