Aguascalientes, Ags.- En el marco de la celebración de la Epifanía del Señor, el obispo Juan Espinoza Jiménez lanzó un contundente mensaje desde la Catedral Basílica, alertando que cuando el poder político y social prescinde de Dios, termina por “desconocer la dignidad de la persona”. Durante su homilía, el prelado hizo un llamado a no relegar la fe al ámbito privado, sino a permitir que ilumine las decisiones cotidianas y la vida pública del país.
En la misa que marcó simbólicamente el regreso a la normalidad tras las fiestas de fin de año, Espinoza Jiménez propuso a los fieles tres actitudes concretas para el nuevo ciclo: dejarse iluminar por Dios y no por ideologías o intereses de poder; buscar la verdad con sinceridad, aunque esto implique incomodidad; y reflejar la luz del Evangelio en la familia, el trabajo, la educación y la sociedad, “sin miedo, sin violencia y con coherencia”.
El obispo dirigió una reflexión directa al contexto sociopolítico de México. Advirtió sobre los riesgos de un ejercicio del poder “centralista y cerrado a toda referencia trascendente, que solo escucha lo que conviene y manipula la verdad”. Subrayó que la Palabra de Dios interpela la realidad actual, especialmente cuando “se pretende construir el futuro prescindiendo de Dios”, tratando a la fe como un obstáculo y no como una fuente de sabiduría.
“Ningún proyecto humano puede dar frutos auténticos si excluye a Dios, ignora a los pobres, a los migrantes o a las víctimas de la violencia y la injusticia, o los utiliza con fines personales o partidistas”, afirmó el prelado, estableciendo una clara conexión entre la dimensión espiritual y la justicia social.
Espinoza Jiménez explicó que la festividad de la Epifanía no es solo un recuerdo religioso, sino una oportunidad para reflexionar sobre la luz que ofrecen “el servicio, la verdad y la justicia”, en contraste con la oscuridad del “control, el engaño y la autosuficiencia”. Invitó a los católicos a retomar la vida cotidiana y laboral con responsabilidad, ánimo renovado y una fe activa.
Su homilía resonó como un llamado a la coherencia y al compromiso ciudadano fundado en valores evangélicos, en un momento donde, según su diagnóstico, la falta de referentes trascendentes en la esfera pública puede llevar al olvido de los más vulnerables.
El pronunciamiento del obispo se suma a una serie de intervenciones pastorales que buscan posicionar a la Iglesia como una voz crítica frente a dinámicas de poder que considera excluyentes. Al hacer hincapié en los migrantes, los pobres y las víctimas de violencia, Espinoza Jiménez coloca la dignidad humana en el centro del debate, argumentando que esta no puede garantizarse si se ignora la dimensión espiritual del ser humano.

