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I Iglesia México

Comentario al mensaje de los señores obispos de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara

El mensaje que los señores obispos de la Provincia eclesiástica de Guadalajara han enviado el pasado primero de marzo del año en curso a todo el pueblo de Dios que peregrina en sus ocho diócesis, desde el principio nos ubica en una visión más amplia del tema al hablar del conflicto religioso en México, y no sólo de algunos de sus aspectos.

El mensaje es iluminado tanto por textos de la sagrada escritura como del magisterio eclesiástico, así la glosa que se hace de 1Pe 3,15, invitándonos a saber dar razón de nuestra historia y, por ende, de este conflicto, para luego iluminarlo desde la fe, a la luz de Lc. 11,13.

Del magisterio del papa Juan Pablo II se toman varios elementos de su mensaje a la vida consagrada con motivo del V centenario de la evangelización, así:

  • Lograr una valoración ecuánime de este momento histórico sin caer en extremismos.
  • Hacer un balance objetivo que nos permita tener un conocimiento integral de lo ocurrido, aceptando lo positivo y lo negativo.
  • Ubicarnos en su momento para no incurrir en el defecto de querer juzgar el pasado con los criterios del presente.
  • Acercarnos con conciencia eclesial a un acontecimiento en el que participaron muchos miembros de la Iglesia, pero que afectó a todos.

Del magisterio del papa Francisco, se nos invita a mantener una opción permanente por la paz, considerando que la guerra es siempre una derrota para la humanidad.

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Conocer en profundidad lo sucedido incluye comprender varios aspectos:

1. Que en el periodo que abarca este conflicto, de 1913 a 1929, México vivía inmerso en una grave crisis de autoridad, de vacío de poder, de inestabilidad política, de crisis económica, y una enorme volatilidad social generada por la revolución caudillista.

2. Que antes de la Constitución de 1917 hubo ya una persecución religiosa anárquica, justificada en el involucramiento que políticos católicos habían tenido en el golpe de estado en contra de Francisco Madero, y el apoyo del arzobispo primado de México al general golpista Victoriano Huerta. Que esta misma razón operó como justificación para establecer artículos persecutorios en la Constitución de 1917.

3. Que atrás de estas razones, operaba igualmente un fuerte celo ante los éxitos que la Iglesia había tenido en la primera década del siglo XX en materia de promoción social de obreros y campesinos, celo avivado por los defensores del jacobinismo mexicano.

4. Que la condición de privilegio que Porfirio Díaz otorgó a la Iglesia, despertó resentimientos en otros sectores menos favorecidos, así como entre los grupos tradicionalmente anticatólicos.

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Pese a la gravedad de la situación, algunos obispos incurrieron en declaraciones imprudentes y provocaciones innecesarias que fueron escalando el conflicto hasta desembocar en la codificación y, por tanto, aplicación de todos los artículos que en materia eclesiástica incluía la referida Constitución, esta codificación se ha llamado “Ley Calles”, de 1926.

Ante la codificación, las reacciones de los señores obispos de México se dividieron en por lo menos tres posturas: intransigencia, resistencia pacífica, conciliación, posturas que convendrá analizar a fondo.

DOCUMENTO ÍNTEGRO: 260301-Arzobispado de Guadalajara - Mensaje de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara con motivo del Centenario del Conflicto Religioso en México

De igual interés resulta estudiar con amplitud la postura asumida por la Santa Sede a lo largo del conflicto.

La suspensión de los cultos es otro tema coyuntural, pues fue la causa inmediata de la rebelión armada. Por lo menos la mitad del episcopado era contrario a esa medida, pero fue la que al final se impuso.

En lo que mira a la Guerra Cristera, el tema se hace aún más complejo pues incluye aspectos evangélicos, teológicos, morales, así como la constatación de sus logros, límites, excesos y afectaciones para todos.

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Los arreglos que pusieron fin a la guerra y en cierto sentido al conflicto religioso, sí incluyeron el compromiso por parte del gobierno de amnistía para los cristeros, algo que el mismo papa Pío XI había siempre pedido, que solicitaron los obispos que participaron en los arreglos, compromiso que el gobierno no respetó.

El mismo gobierno tardará más de siete años en cumplir su parte, algo que a partir de la presidencia de Manuel Ávila Camacho se confirmará a partir del programa de reconciliación nacional.

¿Cómo retomar entonces este centenario? Los obispos son muy claros y precisos en su lenguaje, invitándonos a:

  • Celebrar y aprender de los mártires.
  • Conmemorar a todos aquellos, los cristeros que, presionados por una y otra parte, optaron por la defensa armada de sus creencias.
  • Conmemorar igualmente a las víctimas inocentes de ambos bandos, y a todo el pueblo de Dios que tanto sufrió, sobre todo en las zonas de mayor beligerancia.
  • Y un asunto de la mayor importancia: reconocer con honestidad que en este conflicto hubo tanto aciertos como graves errores por parte de la Iglesia y del gobierno.

Finalmente, el mensaje concluye puntualizando lo que se pretende, celebrando, reconociendo y/o conmemorando, y cuáles son los previos:

  1. Conocer con objetividad y profundizar los hechos.
  2. Aprender del pasado.
  3. Sanar la memoria.
  4. Reconciliarnos con nuestra historia.
  5. Integrar en nuestro pasado todos sus momentos.
  6. Identificar los grandes valores de ese periodo.
  7. Proyectar a la comunidad como fermento vivo.
  8. Contribuir a la unidad y a la paz del país.
  9. Seguir trabajando por la libertad religiosa.
  10. Construir la justicia.
  11. Rehacer el tejido social.
  12. Ser luz y sal de la tierra.

 

Especial atención debe prestarse a la vida de virtudes heroicas de san Cristóbal Magallanes, y al gran movimiento de resistencia pacífica liderado por el beato Anacleto González Flores.

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