Ciudad de México.- Detrás del brillo, la fiesta, el turismo, la mercadotecnia y la pasión que puede desatar la celebración del Mundial del Futbol 2026, existe el riesgo de que la dignidad humana de incontables personas se ponga a la venta y se vulnere a través de diversos mecanismos criminales e inmorales, alertaron organizaciones sociales, colectivos de asistencia y la Iglesia católica durante el foro 'Copa del Mundo, la dignidad no está en juego' organizado por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC).
La Red Rahamim, colectivo de asistencia y acompañamiento enfocado en la prevención y eliminación de la trata de personas en México, advirtió de los diversos riesgos en los que se somete a la dignidad humana durante eventos masivos deportivos internacionales; y en los que, principalmente se aprovechan las condiciones de vulnerabilidad y pobreza locales para ejercer una sujeción económica contra la dignidad de niños, niñas, adolescentes y comunidades vulnerables.
En el panel, la religiosa María Teresa Santillán Rodríguez, de la Red Talitha Kum y Rahamim, afirmó que el Mundial exacerba los casos de explotación de personas con fines sexuales o laborales. De hecho, denunció que desde las plataformas digitales, algunos negocios formales como hoteles y restaurantes, ofertan "paquetes todo incluido" para los visitantes y turistas de la justa mundialista donde veladamente se oferta turismo sexual y prostitución.
Jessica Cerón Hernández, de Rahamim, también alertó del fenómeno de desaparición de niños, niñas y adolescentes, que se incrementa durante este tipo de eventos de gran consumo y tránsito internacional. Afirmó que la población infantil y adolescente suelen ser las víctimas principales de reclutadores y tratantes, ahora incluso a través de plataformas digitales.

Bajo este contexto, la organización solicitó tanto a la sociedad civil como a las autoridades civiles a asumir una voluntad política doble: perseguir y sancionar estos delitos, y permitir a las organizaciones de asistencia social realizar su trabajo para prevenir estos abusos y acompañar a las víctimas. De lo contrario, afirman, "hay una complicidad implícita si no se hace un esfuerzo por combatirlo o prevenirlo; una responsabilidad si se oculta detrás del embellecimiento de las ciudades, de la fiesta y de cierta 'unidad' mundialista".
El obispo auxiliar de México, Francisco Javier Acero Pérez, explicó que las cifras de este fenómeno debería alarmar a la sociedad mexicana: "Según la Fundación Freedom 12 millones de niños son víctimas de trata en el mundo; 21 mil niñas y niños son captados para la explotación sexual en México al año, de los cuales, solo uno de cada 100 volverá a casa. Además el 60% de la pornografía infantil que hay en el mundo se produce en México".
"En México -denunció el obispo- la trata de personas la tenemos como algo terciario, ya no digo secundario, terciario. Como un problema que sabemos que existe, pero frente el que somos indiferentes o impotentes. Mientras no defendamos integralmente la dignidad humana en las calles y plazas de nuestras ciudades, seguiremos en deuda con las nuevas generaciones por no recuperar la humanidad en las instituciones y la amabilidad en las labores cotidianas de cada persona. Por eso este Mundial tiene que ser un lugar de competición deportiva, sí, y también de reflexión sobre la fraternidad, la unidad y la paz entre los pueblos. No hagamos del deporte un tipo de esclavitud comercial y económica que sustituya la superación, la unidad y el trabajo en equipo que humaniza y nos ofrece otros rostros".
Tanto la Red Rahamim como la Arquidiócesis de México insistieron durante el panel que el riesgo del Mundial es reducir a la persona humana a un número, una cifra o un valor económico, incluso en la creación de accesos privilegiados o derechos superiores que "crean diferencias y que podrían generar violencias".
El obispo Acero explicó que es evidente el enojo social en México: "Hay un hartazgo, un estallido y una falta de convivencia social"; y el problema es que las dinámicas de consumo y fascinación por el espectáculo deportivo puedan ocultar los riesgos "de hacer al ser humano una mercancía más para vender en estos días", como complementó Cerón Hernández.
Los disertantes insistieron en que la trata de personas es un delito complejo y muchas veces invisible; pues, con frecuencia, las víctimas ignoran que lo son: "También es posible que no aparezcan señales visibles, ningún indicador de una persona que está siendo víctima de trata", alertaron.
Manifestaron, por ejemplo, su preocupación por el creciente fenómeno del juego en línea y las casas de apuestas que incluso son patrocinadores centrales de equipos y selecciones; industrias que, aunque legales, pueden producir adicciones e incremento a la violencia familiar y social.
El obispo Acero insistió: "Este fenómeno nos hace a todos pensar, reflexionar con profundidad de lo que implica el deporte limpio, que va más allá del estadio y del palco. Es un deporte que se ejerce en los distintos campos de fútbol, en los parques y plazas. Apostemos por nuestros jóvenes para que sean menos sedentarios y más apasionados con vidas de superación, con la búsqueda del sentido de vida, en lugar de que estén acomodados en sus pantallas. Que la sociedad estime que a través del deporte podemos construir una juventud sana; y no solo entretenida, sino con valores".
El panel concluyó con un llamado a diversos órdenes sociales. En primer lugar a las autoridades civiles pues estas tienen la capacidad y la obligación de proteger a la población vulnerable de este flagelo de esclavitud y abuso; y en segundo lugar a las empresas y las diversas industrias que aprovechan la fiebre mundialista; pues "detrás de todo esto hay una mafia, como con las armas, la industria bélica y la guerra; quizá no ha entrado, pero hay una mafia que ahí está. Y el Mundial es ocasión para esas 'negociaciones'", denunció el obispo Acero.
"No somos objetos, no somos mercancía, ni nuestros niños ni nosotros. Nadie lo es. Todos tenemos un nombre, todos tenemos un rostro y todos merecemos ser cuidados", concluyó Cerón.
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