Tel-Aviv, Israel.– A pesar de que el ejército de Israel confirmó que investiga a un militar que fue fotografiado colocando un cigarrillo en la boca de una imagen de la Virgen María en Debel; la actitud de desprecio contra las identidades cristianas permanece en el pueblo comandado por Benjamín Netanyahu.
En ese mismo pueblo, semanas atrás otro soldado golpeó con un mazo un crucifijo. Mientras, en Jerusalén, la fiscalía presentó cargos contra un colono por patear a una religiosa francesa. Los incidentes, que han generado condenas globales, ocurren en un contexto de ocupación militar en el sur de Líbano, el genocidio en Palestina y de crecientes actos de hostilidad contra la comunidad cristiana en Tierra Santa.
El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), teniente coronel Nadav Shoshani, declaró que la fotografía fue tomada hace varias semanas y que se aplicarán “medidas de mando” contra el soldado de acuerdo con los hallazgos. “Las FDI consideran el incidente con la máxima gravedad y enfatizan que la conducta del soldado se desvía completamente de los valores esperados de su personal”, señaló la institución en un comunicado.
No es el primer acto de profanación en Debel. A finales de abril, otra fotografía se difundió en redes sociales: un soldado israelí golpeaba con un mazo la cabeza de una estatua de Jesucristo crucificado que había caído de su cruz.
La imagen provocó la condena del primer ministro Netanyahu, quien se declaró “atónito y entristecido”; sin embargo, él mismo enardeció a su ejército con consignas deshumanizantes en años pasados al llamar a los árabes 'bestias salvajes' y afiramar que "Israel es el Estado-Nación del pueblo judío y de ellos exclusivamente". También recientemente declaró que "Jesucristo no tiene más ventaja que Genghis Khan, porque cuando uno es suficientemente fuerte, despiadado y poderoso, incluso el mal puede prevalecer sobre el bien".
Por lo pronto, los dos soldados involucrados en aquel incidente fueron retirados del servicio de combate y condenados a 30 días de prisión militar, según confirmó el ejército israelí tras la presión internacional.
El peso de la ocupación
Miles de soldados israelíes permanecen en el sur de Líbano tras una tregua pactada con mediación estadounidense el 16 de abril. El alto el fuego no ha detenido los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. Ambos bandos se acusan mutuamente de violaciones. Según el ministerio de salud libanés, más de 2 mil 700 personas han muerto en el país desde el inicio de la guerra el 2 de marzo.
El sacerdote Fadi Flaifel, líder de la congregación cristiana de Debel, declaró a la BBC que rechazaba “totalmente la profanación de la cruz, nuestro símbolo sagrado, y de todos los símbolos religiosos”. “Va en contra de la declaración de derechos humanos y no refleja civismo”, añadió.
La Custodia de Tierra Santa, el organismo de la Iglesia católica que vela por los santuarios de la región, calificó el hecho como “irrespetuoso y ultrajante”. “Debe cesar inmediatamente. Pedimos al gobierno israelí y a las FDI que actúen y envíen un mensaje claro de que tal comportamiento es inaceptable”, señaló la institución.
Los incidentes no se limitan al Líbano. El martes 28 de abril, una religiosa francesa de 48 años, investigadora de la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén, fue atacada cerca de la Tumba del Rey David, en el Monte Sión. Las cámaras de seguridad captaron la secuencia: un hombre la persiguió, la arrojó al suelo y la pateó mientras permanecía tendida.
La policía israelí detuvo al agresor ese mismo día. El 7 de mayo, la fiscalía presentó cargos formales contra Yona Simcha Schreiber, de 36 años, residente del asentamiento de Peduel en Cisjordania ocupada. Schreiber enfrenta una acusación de agresión motivada por hostilidad contra un grupo religioso. La fiscalía solicitó su detención hasta el juicio.
El director de la Escuela Bíblica, el padre Olivier Poquillon, publicó en X: “El flagelo del odio es un desafío compartido”. Agradeció a las personas que auxiliaron a la religiosa durante la agresión.
Un patrón de hostilidad
La Facultad de Humanidades de la Universidad Hebrea de Jerusalén emitió un comunicado en el que expresó “profunda conmoción y condena”. “No se trata de un incidente aislado, sino de parte de un preocupante patrón de creciente hostilidad hacia la comunidad cristiana y sus símbolos”, advirtió la institución.
El informe anual del Centro Rossing para la Educación y el Diálogo documentó 111 casos de ataques contra cristianos en 2024, incluyendo 46 agresiones físicas, 35 ataques a propiedades religiosas y 13 casos de acoso. La mayoría de los perpetradores pertenecen a comunidades ultraortodoxas judías y religiosas nacionalistas israelíes. Las víctimas suelen ser clérigos o personas que portan símbolos cristianos visibles.
Como medida de "buena voluntad" al mundo cristiano, Israel nombró el pasado 23 de abril a George Deek como su primer enviado especial para el mundo cristiano. Deek, diplomático árabe-cristiano y exembajador en Azerbaiyán, fue el primer embajador cristiano en la historia del país. El ministerio de Asuntos Exteriores afirmó que la designación busca “profundizar los lazos de Israel con las comunidades cristianas de todo el mundo”.
El nombramiento ocurrió semanas después de que la policía israelí impidiera al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, celebrar una la Misa del Domingo de Ramos de la Semana Santa en la iglesia del Santo Sepulcro. La restricción, justificada por medidas de seguridad durante la guerra con Irán, generó un rechazo global y fue revocada horas después.
El ministerio de Exteriores israelí calificó el ataque a la monja como “acto vergonzoso” y reiteró el compromiso del país con la libertad de culto. Sin embargo, la comunidad cristiana local observa con preocupación la frecuencia de estos episodios. Wadie Abunassar, coordinador del Foro Cristiano de Tierra Santa, declaró a la agencia AP que los ataques contra cristianos constituyen “un fenómeno en crecimiento”.
Señaló que la rápida respuesta al ataque contra la monja se debió a que quedó registrado en video. “Siento gran enojo con el sistema y gran tristeza, porque siento que esto no terminará pronto”, afirmó.
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