Barcelona, España.– Durante su estancia en la segunda etapa del viaje apostólioc por el Reino de España, el papa León XIV visitó la prisión de Brians 1, en el municipio de Sant Esteve Sesrovires de Barcelona. Le esperaban el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, autoridades penitenciarias, voluntarios e internas. La visita duró aproximadamente una hora. El Pontífice recorrió parte del módulo, saludó a las reclusas y escuchó dos testimonios conmovedores.
“No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada”, dijo Prevost al inicio de su discurso. Añadió: “Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho”.
El Papa visitó el centro penitenciario barcelonés, donde escuchó los relatos de Montse y Josefina, dos internas que compartieron su dolor por la muerte de un hijo y por un accidente familiar.
Dos testimonios: la muerte de un hijo y un accidente que tambaleó la fe
Montse, natural de Barcelona, tomó la palabra en primer lugar. Agradeció la visita: “Gracias por visitarnos hoy, nos da muchísima alegría porque aquí muchas veces nos sentimos olvidadas”. Relató que durante mucho tiempo intentó creer en Dios sin conseguirlo. “Realmente la vida no me lo había permitido”, reconoció.
Compartió uno de los dolores más profundos de su vida: la muerte de su hijo: “No podía nunca aceptar la muerte de mi hijo, no entendía por qué Dios tenía que llevárselo. He peleado mucho con él, y me ha costado la vida entender que Dios no es el culpable”.
Contó que pidió la gracia de la fe y que experimentó cómo se fue el rencor: “Volví a creer aquí dentro y agradezco el don de la fe”. Añadió que la fe le permitió descubrir cosas que no sabía que tenía dentro. Agradeció a Dios “el regalo de poder dormir” después de un largo insomnio severo. “Una noche, cogida de una cruz, pude dormir. Yo sé que fue Jesús quien me ayudó”. Concluyó: “Ahora sólo espero reencontrarme con mi hijo en el cielo. También espero la libertad y confío en sus planes”.
Josefina, también de Barcelona, le dijo al Papa: “¡Qué alegría compartir con usted!”. Explicó que la fe cristiana estuvo presente en su vida desde niña: “La Iglesia era mi casa, mi lugar seguro porque allí aprendí muchas cosas buenas y yo siempre sentí que Dios caminaba conmigo”. Reconoció que ha sido “muy impulsiva” y que, desde esa impulsividad, ha cuestionado a Dios. Especialmente, dijo, tras el accidente que sufrió su hijo.
"Sufrí mucho al verlo sufrir y hasta tambaleaba mi fe. No entendía por qué pasó esa desgracia”. Aseguró que su hijo sobrevivió y que para ella “es hoy un milagro”. “Yo siempre voy a creer que es Dios. Siempre es Dios”, afirmó. “Jesús me da fuerza, me da vida. Lo noto dentro de mí, si no, no sé cómo hubiera aguantado esto”. Concluyó: “Esto pasará, retomaré mi vida y seguiré unida a Dios. Seguiré dando gracias a Dios”.
Al terminar cada testimonio, el Papa rompió el protocolo y abrazó a las internas. El gesto fue recibido con emoción por las reclusas y el personal penitenciario.
'Dios te ama como eres, pero te sueña mejor'
León XIV pronunció su discurso después de las intervenciones. Agradeció las palabras del capellán, Jesús, y destacó el compromiso de los capellanes y voluntarios de la pastoral penitenciaria de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat.
Citó su encíclica Magnifica humanitas para recordar que todo ser humano es “digno por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios”. Dirigiéndose a las reclusas, dijo: “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, ‘alzad vuestra mirada’ hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía”.
“Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”, afirmó. Invocó a san Agustín y sus Confesiones para explicar que el pasado no condena el futuro: “Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.
El Papa animó a hacer espacio al Señor en el corazón y a dejarse acompañar por su amor: “Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar”.
“Los invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno les digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”. Y prosiguió: “Ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.
Al finalizar, el Papa dejó como recuerdo una imagen de la Virgen María, “la madre que siempre nos acompaña”. La encomendó a la intercesión maternal de Nuestra Señora de la Merced, patrona de la prisión.
Brians 1 y la pastoral penitenciaria
Brians 1 es un centro penitenciario ubicado en Sant Esteve Sesrovires, a unos 40 kilómetros de Barcelona. Alberga a unos mil 200 internos, en su mayoría hombres, aunque también cuenta con un módulo femenino. La prisión es conocida por albergar a presos de alta seguridad y por su programa de reinserción laboral.
La visita del Papa a Brians 1 no fue anunciada hasta el día anterior por razones de seguridad. Fue la primera visita de un pontífice a una prisión catalana. Juan Pablo II había visitado la prisión Modelo de Barcelona en 1982, pero no Brians. La estancia de León XIV duró menos de una hora, pero dejó una huella profunda. “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor” quedó escrito en los murales de la capilla del centro.
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