Barcelona, España.– El papa León XIV cumplió este miércoles una jornada dividida en dos escenarios: la montaña sagrada de Montserrat por la mañana y la iglesia de Sant Agustí en Barcelona por la tarde. El primer acto fue el rezo del Santo Rosario en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, presidido por el Pontífice ante una reducida representación de fieles. Entre las autoridades civiles estaban los ministros Óscar Puente y Ana Redondo, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el vicepresidente Josep Rull.
El Papa fue recibido por el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xavier Gómez García, y por el abad de Montserrat, Manel Gasch i Hurios. Comenzó su discurso en catalán: “Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo, que clama pidiendo justicia y paz”, dijo.
'La Moreneta siempre me ha acompañado'
León XIV confesó su devoción mariana: “Con emoción he recordado mis años como párroco de la parroquia de Santa María de Montserrat en Trujillo, Perú. La Moreneta siempre me ha acompañado. Gracias, Cataluña, por vuestra fe”.
“Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat”, afirmó. También destacó que esos muros “han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo” y que en ellos “han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles”.
Recordó que el papa Francisco ofreció la rosa de oro a esta imagen en 2023, gesto que evidenció que “María es fundamental en la vida de todo cristiano”. Subrayó que ella suscita conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que “en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero”, iniciando una vida nueva al servicio de Jesucristo.
'Hagan lo que Él les diga'
El Papa invitó a acoger la invitación de María en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Juan 2,5). “María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme”. Eso implica alcanzar “un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio”. Jesús, dijo, desenmascara la violencia que puede esconderse en las palabras y actitudes: “la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”.
En catalán, lanzó una petición: “Contemplemos a María de Montserrat, que nos muestra a Jesús como un niño indefenso descansando en su regazo. Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón. El Niño Dios que María sostiene en sus brazos no lleva armaduras y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor”.
“Hoy, como peregrinos en Montserrat, manifestemos el sincero deseo de reafirmar nuestro servicio a Dios Padre”, afirmó. La Virgen, que sostiene la esfera del mundo en su mano derecha, invita a reconocernos hermanos “donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división”.
Gracias a Cataluña por enseñar cómo integrar
Al término de la celebración, el Papa subió al camarín de la Moreneta y rezó ante la imagen. Luego se asomó al balcón de la abadía, donde miles de fieles lo esperaban bajo el sol. Improvisó un saludo.
Dijo: “Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una sola familia. Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de todos los países, por enseñar cómo integrar a todos en una sola familia”.
Y concluyó: “La fe da vida, la fe da esperanza. María es la expresión materna del amor que acompaña siempre”.
Sant Agustí: el Papa se confiesa y responde a los niños
Por la tarde, León XIV se trasladó a la iglesia de Sant Agustí en Barcelona para un encuentro con las realidades diocesanas de caridad y asistencia. Allí recibió una carta con preguntas de un niño llamado Renzo. El Papa se explayó en respuestas personales.
Confesó que de pequeño “nunca pensé en ser Papa. Pero desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios”. Aconsejó a los niños: “Más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro o padre de familia, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús. Porque la amistad con Jesús nos da alegría, nos hace libres y nos ayuda a ver la vocación que Dios ha pensado para cada uno”.
Sobre el sufrimiento injusto, dijo: “Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor”.
Pidió cuidar a los abuelos: “Nunca deberían quedarse solos. No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás”.
Sobre el perdón, fue claro: “Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”. Jesús pide perdonar siempre, “hasta setenta veces siete”, porque es la única manera de experimentar la paz de Dios.
Caridad: 'la persona en el centro'
El Papa elogió la labor de las comunidades de caridad. Recordó que “la dignidad inalienable de todo ser humano no depende de las capacidades que posee, de las riquezas que acumula o del rol que desempeña, sino del don que lo precede y lo excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla”.
“La caridad es el mayor mandamiento social”, afirmó. Alentó a los voluntarios a seguir dando testimonio del Evangelio y a ser “testigos creíbles de la esperanza cristiana en el servicio solícito a los hermanos”. Concluyó encomendando todo a Nuestra Señora del Buen Consejo.
TE PODRÍA INTERESAR
- MÁS DEL Viaje Apostólico de León XIV a España
- 'Sean humanos', el llamado de León XIV a los jóvenes en vigilia histórica en Madrid

