Lunes, 15 Agosto 2022

O Opinión

Identidad de los comunicadores católicos

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“La ley que establecemos, como quiera que es conforme a la naturaleza, no es, por tanto, una quimera o un vano deseo. Más bien es el opuesto uso, que hoy se sigue, el que repugna a la naturaleza”. Platón

El ser humano, evoca su participación individual o colectivamente en la creación, buscando un dominio llevando en y a Jesucristo siempre como eje rector al comunicar y actuar. Como católicos, nos dice la Doctrina social de la Iglesia, el “reconocer a cada hombre en Dios y a Dios en cada hombre es condición indispensable para un auténtico desarrollo humano”. Esta interpelación que nos impulsa, debe llevarnos a poner al ser humano como culmen de la creación. El libro del Génesis nos dice que Dios creó a la mujer como un ser semejante al hombre. Somos, a la par, el eje de la actividad humana y social.

El llamado al liderazgo a la comunicación, es un elemento esencial, crucial e indispensable para el crecimiento de la identidad productiva de textos, audios y hasta T.V. y streaming. Este proceso social, se da con métodos, estrategias y acciones que los comunicadores católicos utilizamos para la noble, apasionada y diligente tarea para empoderar —en lo posible de nuestras capacidades y discernimiento— espiritual e intelectualmente al católico; labor que es informar, formar y comunicar la verdad.

El stablishment católico es el de estar en el mundo sin ser del mundo y estar buscando la Verdad con confidencialidad, como veremos más adelante; ambas nunca pasarán de moda y nos darán la aportación que puede dar poder al periodismo y comunicación en esta realidad posmoderna – contemporánea, junto con otras virtudes.  

La edad contemporánea en la que vivimos con ha supuesto un cambio de época que nos invita y exhorta a no dejar de lado la brecha de la actividad comunicativa, e incluso a dotarla, a pesar y en la pandemia.

Las circunstancias del mundo, por su proclividad al cambio y conversión, son siempre un área de oportunidad para concertar acciones que insten con apego a la naturaleza humana a esta información y formación de las audiencias. En lugar de citar en sociedad, al estado de naturaleza de Hobbes —el hombre es el lobo del hombre—, o de Rousseau —el hombre nace bueno y se corrompe—, como valores de la naturaleza dentro de un ordenamiento político contemporáneo, nos enfocaremos al valor y capacidades de la naturaleza humana, que aún caída, en espera de la Nueva Jerusalén, nos invita a la gracia de Dios escrita en la Sagrada Escritura y promovida en su Iglesia católica con sus dones y carismas.

Los y las comunicadores católicos en los medios de comunicación social

Consientes que los cristianos hemos de vivir fuera de esa idea de estado de naturaleza, renovándonos en conversión constante, podemos decir que para los comunicadores cristianos, encontrar el hilo conductor de la equidad social y política nos llevará a límites insospechados. Uno de esos logros alcanzados, es la igualdad de la mujer y el hombre, con mucho camino por realizarlos tanto en lo político, económico y social, como decíamos en la introducción.

Esta igualdad entre mujeres y hombres se ha adaptado. Así como los antiguos griegos decían en La República de Platón, que la mujer era inferior en naturaleza al hombre y no obstante añadían —con inclinación incompleta—, que en algunas actividades, ella era mejor que el hombre como tejer o cocinar o que hubiera mujeres filósofas; los tiempos aquellos, eran más guerreros físicamente e indudablemente han cambiado y el hombre incluso puede poner a hacer lo que hace la mujer. Hoy día, el modus operandi del comunicador cristiano, como comunicadores fuera de ese estado de naturaleza —con fe y razón como dice la encíclica de SJPII— féminas y varones han de actuar como decíamos con aprecio por la verdad pero, además, con un rasgo no tan obvio: el respeto a la confidencialidad de toda la humanidad —como sabrá San Pablo en sus cartas.

Como técnica de ser confidencial al escribir, se comporta como una actitud y un pensamiento cristiano. Hemos de que tener equilibro mental para no dejarse influir por gente que no da buena vibra tratando de ayudarla en tus posibilidades, como dice el Papa Francisco, no podemos resolverlo todo solos y, a partir de esa actitud, complementarla con un pensamiento no repetitivo, es decir, v. g. si pensaste en una palabra antes de empezar tu escrito o hablar en tu medio, no la redactes o la digas, para continuar con esa confidencialidad que te dará la seguridad emocional y personal, digna de ser considerada. La confidencialidad, nos dará el método adecuado para con una ampliación de, como decía Borges: escribir haciéndole caso al Espíritu Santo, en mentalidad abierta, es decir, lo malo no acrecentarlo y lo bueno hacerle énfasis. Se puede “engrandecer” con tus palabras y obras a quienes están en tu ambiente laboral, de hogar o estudiantil o inclusive en el propio Estado, dándoles pauta cuando sea necesario. Esta técnica de pensamiento, ayudará a que nos enfoquemos “en lo que importa”.

Observamos un paralelismo entre las noticias “del mundo” y las católicas. Esto nos debe llevar a que la noticia cristiana siempre sea asertiva pero sobre todo, positiva: Una información de valor que trasciende paradigmas culturales y que posiciona al medio católico como sabedor de la literatura y así mismo, co-creadora de un mensaje positivo.

Los comunicadores católicos e incluso cristianos por la unidad en el bautismo, pueden convertirse y dar, en medio de la violencia y el menosprecio de las leyes, en especial la ley moral, una esperanza en el comunicar positivo. Con la confidencialidad en la familia, dice la encíclica Immortale Dei, del Papa León XIII, “se provee a la seguridad, al mantenimiento y educación de la prole”. Esa premisa hará que eduquemos con enfoque, como dice el abate Gaston Courtois, en El arte de dirigir (disponible en internet para los que quieran descargarlo), que “en los barbechos que nacen en la familia generan abundantes frutos, pero por falta de juicio se pasan para otros”. Para completar y como dice el dicho: “Lo que se empieza en casa, se refleja en tu comunidad”. Comencemos por preocuparnos por nuestros iguales, por nuestra comunidad, tus seres queridos y amigos, y por el medio ambiente que es uno de los temas de SIGNIS que puedes ver en su página de internet.

Consejos prácticos del don de comunicar

La comunicación, en cada quién, es un don. En el trabajo de SIGNIS mundial y sus asociadas y de jóvenes, el carisma de la comunicación, nos invita a buscar la Verdad en las realidades temporales y espirituales. El alma o espíritu, que aunque no se ve, tiene en cada uno el aliento de vida que Dios nos dio. El alma nos comunica esa savia que dará a cada era, incluso, como decía Sócrates, el poder escribir para los hombres de todas las épocas, con el sello de Dios, incluso como nos dice Jesús: “no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13).

El proveer de medios católicos o cristianos de comunicación, es y será meta de todo comunicador católico el dar el mensaje vivificador y trascendente de Jesucristo. Su involucramiento debe de dar pauta a que, como dice el Papa San Paulo VI en la encíclica Popolorum progressio, que “dentro del papel de la jerarquía en la enseñanza e interpretación de los principios morales para la sociedad, corresponde al laico la libre iniciativa y el no esperar consignas o directrices para penetrar de un espíritu cristiano las mentalidades, las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que vive”. La disposición antedicha, nos da un abanico amplio para estudiar la Doctrina católica y así mismo, de las cuestiones técnicas —de diseño y de narrativa— que tanto ayudan a comunicar hoy, como abordaremos.

En los aspectos prácticos, con lo mencionado previo, la comunicación debe ser puntual, precisa, amena y sincera. Esto provee con asertividad y timing la gestión interna y externa de nuestra persona y de las Asociaciones de Comunicadores Católicos. Su papel, sea escrito o hablado, la labor de comunicador debe tener fluidez y concreción. El comunicar da la sensación de que conocer para difundir, porque aprender es recordar lo que se dice: labor no poco importante, decidida e implementada en este mundo comunicativo. La labor de concretar la comunicación, depende de la motivación de cada comunicador.

La buena noticia y el bien común

Los anuncios que tenemos en nuestras manos es el eclesial y el temporal. El anuncio del Evangelio, nos dice el Papa Francisco, es anunciar, no solo “una noticia simple” sino “la única Buena Noticia” de Jesucristo. Las realidades temporales son tendientes hacia la reordenación de lo económico, social, político, cultural y profesional en un estado de continua perfección, girando en torno a Dios. Estas realidades, exigen congruencia y utilidad en pro de un mejor ser humano en el bien común.

El bien del hombre, no se queda en sí mismo, como decíamos. El bien común se ha de buscar en las múltiples circunstancias de la vida del comunicador, por encima del bien propio o egoísta, alejado del estado de naturaleza que citábamos. Consiste en que se creen las condiciones que puedan llevar al ser humano a su plenitud y perfección. San Juan XXIII, nos dice, del bien común en la encíclica Pacem in Terris:

“Todos los individuos y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboración personal al bien común. De  donde se sigue la conclusión fundamental de que todos ellos han de acomodar sus intereses a las necesidades de los demás, y la que deben enderezar sus prestaciones en bienes o servicios al fin que los gobernantes han establecido, según normas de justicia y respetando los procedimientos y límites fijados para el gobierno [impuestos y leyes]. Los gobernantes, por tanto, deben dictar aquellas disposiciones que, además de su perfección formal jurídica, se ordenen por entero al bien de la comunidad y puedan conducir a él. […] Hemos de hacer aquí una advertencia a nuestros hijos: el bien común abarca todo el hombre, tanto las exigencias del cuerpo como del espíritu. De lo cual sigue que los gobernantes deben procurar dicho bien por las vías adecuadas y escalonadamente, de tal forma que ofrezcan al ciudadano la prosperidad material, y al mismo tiempo, los bienes del espíritu”.

Para reconocernos como comunicadores católicos pero primero reconocernos como portadores del Evangelio. Debemos participar activamente en la Iglesia más cercana y en algún medio de comunicación católico; con ello, se fomentará en nuestra ciudad o pueblo, el bien común y el desarrollo solidario y cultural sostenible.

A manera de conclusión

Tenemos hoy, como caso representativo en los medios de comunicación social en general, moción desidentitaria. Fortalezcamos nuestra latinoamericidad; trabajemos porque en los medios de comunicación católicos, bajo la protección de la Santísima Virgen de Guadalupe, emperatriz de América, se refuerce la identidad católica y milenaria en las sociedades intermedias y comunidades del mundo latinoamericano y del mundo entero, con la habilidad y actitud del cristiano. Nuestra labor, como agentes de cambio y de pastoral, no estará exenta de formación y sacrificios, pero tengamos seguro que nuestros pueblos, comunidades y auditorio agradecerán la variedad que reciban. “Tengan ánimo y ármense de valor, todos los que en Dios esperan” Salmo 31, 24