Me llegó la información de un buen amigo. Va a venir en noviembre, toma nota. Me dijo. Tomé nota y lo apunté en la agenda azul que tanto me gusta. Faltaba mes y medio, de allí el porqué lo apunté.
Esa misma noche busqué por los libreros de casa. Primero por el más grande en la sala espaciosa. Luego en mi oficina, y por último -aunque sabía que allí no estaría- en los tres libreros de la recámara. No encontré ninguno de él. Tenía la certeza de que en algún momento post pandemia había comprado algo de él en alguna visita a las librerías de Guadalajara. Pero no salió nada.
¿Acaso lo presté? Sí, en algún momento de mi vida más reciente he ido venciendo mi repulsión natural y ordinaria al préstamo de mis libros. Aunque no anoté absolutamente nada de dichos préstamos, estaba seguro que no lo había hecho con él. Seguro. Pero no podía explicar el porqué no encontré nada.
Entonces cuando pude, asistí a la Librería San Ignacio, que los jesuitas tienen en mi Chihuahua. Vi todos los libros de él y no me pareció que hubiera comprado alguno. ¿Podía entender tan grande y grave omisión? Contrario a mis usos y costumbres, no compré alguno, esperando que podía aún encontrar alguno en casa. Pero nada.
Luego me surgió un compromiso ineludible para el mismo día que vendría. Imponderables. Ni modo. Resignado acepté le realidad. Ni modo.
Llegó el sábado 22 de noviembre. El compromiso me lo adelantaron una hora, y cuando lo terminé faltaban exactamente 33 minutos para que comenzara la segunda de sus conferencia en Chihuahua. Ni mandado a hacer. Gracias Dios…
En la antesala pude comprar dos de sus libros y llegué con ellos debajo del brazo y me senté en la última hilera para oír tranquilamente sus ideas, algunas de las cuales he leído por su Twitter y por sus poesías leídas en dos de las aplicaciones que él dirige.
José María Rodríguez Olaizola. Jesuita español, escritor magnífico. Conferencista. Director de las aplicaciones AMDG y Rezando voy.
Bailar con el tiempo es el primer libro que leí de los dos que compré. Es una gran texto. Solo una pequeña recomendación: no lo lea de jalón, disfrute su lectura pausada, asumida con el paso de los días, y déjese sumergir por el mensaje de cada uno de los capítulos absorbiendo su sabiduría a sorbos. Es mi recomendación.
Está pensado para los jóvenes que van madurando y están pasando poco a poco a la edad de la adultez. Como yo me siento joven con mis 60 recién cumplidos, me atreví a leerlo. Vale la pena. Es un libro que puede leerse a cualquier edad y se podrá sacar provecho. De verdad.
De cada uno de los diez capítulos se pueden extraer enseñanzas. Grandes o pequeñas. Fiel a mi estilo, fui subrayando las ideas generales que me fui encontrando. Pondré a continuación algunas de estas ideas subrayadas.
- Necesitamos elegir en qué empleamos el tiempo, porque es limitado.
- Hacerse adulto es plantarle cara al miedo. El problema no es tener miedo. El problema es dejar que los temores te impidan vivir.
- La vida no es un camino fácil que discurre por un carril predeterminado, donde todo está escrito y es seguro.
Tienes que decidir si el amor va a ser una suma de puros presentes, en cuyo caso no se convertirá en historia, o si realmente quieres escribir, con tu vida, historias de amor.
Tan malo sería un presente absoluto como un pasado o un futuro absoluto. Mirar al pasado es bueno. Porque es escuela, porque es parte de la verdad de la propia vida, y porque hay en él vivencias que nadie nos puede arrebatar. Pero pretender quedarse en pasados felices es renunciar a vivir. La nostalgia es buena si no se convierte en una prisión. Por su parte, mirar al futuro es necesario. Pero si es tan invasivo, exigente u utópico que no hay manera de vivirlo con paz desde el ahora, entonces se puede convertir en una prisión igual de oscura que de la nostalgia.
Bailar con el tiempo es conquistar la propia vida como historia. Comprender que en nuestro camino convergen y se entrelazan lo ya vivido, el momento actual y las expectativas del porvenir.
Estas ideas son solo una entrada a una excelente lectura para hacer que el tiempo cotidiano se convierta en una tiempo fructífero. Yo disfruté mucho este libro, pausado, lleno de diálogo profundo y me llegó al corazón.
Al final de la charla aquel 22 de. noviembre, el sacerdote jesuita tuvo tiempo de firmar algunos libros y dialogar con las personas. Yo me acerqué sabedor que me encontraba con una gran sacerdote, un gran escritor y un gran jesuita. Fue muy amable en firmarme ambos libros, mientras platicábamos de Rezando voy, la aplicación que me ha hecho mucho bien en las situaciones de desasosiego.
Por cierto, Olaizola -como es más conocido- prepara su libro Bailar con Dios. Lo espero.
Y pues a bailar con el tiempo.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!

