Sentados frente a frente, divididos por un escritorio atestado de libros y periódicos, su figura siempre tranquila se alzaba por encima. La voz pausada que lo caracteriza me hizo saber su pensamiento: no pienso escribir más sobre el tema.
Aquella tarde con presagio de frío nocturno lo volví a ver. Habría transcurrido un año exacto y volvimos a tocar el tema. Estoy escribiendo al respecto.
Había cambiado de opinión. Por fortuna.
Las primeras veces que lo traté, el Padre Dizán Vázquez me imponía. Era yo un chavalete que no había llegado a la mayoría de edad a principios de los 80. Lo seguí tratando mientras aprendía el noble oficio del periodismo, y tuve que romper esa barrera psicológica cuando me invitó para ayudarle con la edición del periódico Notidiócesis, por aquel entonces con 30 mil ejemplares vendidos cada semana.
Fueron años intensos, de esfuerzo diario y aprendizaje colosal. Aprendí mucho a su lado, gracias a sus consejos. Luego, llegó la distancia. Se fue a África, volvió enfermo, mi alejamiento de las letras, los compromisos… llegó él al Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Chihuahua, levantó un edificio adecuado y siguió con su voz pausada.
Nos une la pasión por la biografía del P. Pedro Maldonado, el único santo chihuahuense. El año pasado me dijo que ya no escribiría más sobre el sacerdote con la publicación de una conferencia que se hizo libro al agregarle un capítulo para entender la persecución religiosa.
En febrero de este año lo volví a visitar. Estaba preparando la segunda edición, porque la primera se había agotado. “Pensé en agregarle unas pocas más, luego otras y otras y hasta que se hizo muy grande”, me dijo.
Me enseñó el primer borrador. Lo comencé a leer. Descubrí allí el gran trabajo de investigación que había hecho. Se lo dije. Me corrigió: “que estoy haciendo… no he terminado”. Estaba con la última parte, sobre el culto seguido a su martirio. Un trabajo inmenso.
El P. Pedro Maldonado Lucero nació en Chihuahua capital en 1892. Estudió allí mismo en el Seminario, que atendían los padres vicentinos. Cuando se cerró, debido al levantamiento armado de la revolución, tuvo que salir y se dedicó a pequeños oficios, entre ellos al de la música. Cuando volvió una cierta paz, a instancias de un sacerdote, el Padre Maldonado regresó al Seminario.
De esas fechas -informa el Padre Dizán en su libro San Pedro Maldonado, su vida y su tiempo- es cuando el santo pronuncia la frase tan afamada por estas tierras: “He pensado tener mi corazón siempre en el Cielo y en el Sagrario”.
Debido a una seria enfermedad del obispo de Chihuahua Nicolás Pérez Gavilán, el Padre Maldonado fue ordenado sacerdote en El Paso, Texas, en 1918. Su primera Misa la celebró el 11 de febrero de 1918, en el templo de la Sagrada Familia, en Chihuahua.
Fue párroco de San Nicolás de Carretas, San Lorenzo, San Francisco de Borja, Cusihuiriachi, Santo Cristo de Burgos en Jiménez y Santa Isabel, a donde llegó en 1924.
Su celo apostólico lo hizo llevar su ministerio a todos los lugares de sus parroquias, por diminutos que fueran. Promovió principalmente la Adoración Nocturna, la catequesis infantil y los Caballeros de Colón. Cuando arreció la persecución religiosa de los años 20, sin tener permiso, no abandonó a sus feligreses y estuvo a salto de mata celebrando los sacramentos.
En Chihuahua, la “segunda” fue más intensa. Comenzó en 1932 con la llegada al gobierno estatal de Rodrigo M. Quevedo. Se permitió solo la labor de un sacerdote para todo el estado de Chihuahua, con sus más de 240 mil kilómetros cuadrados y 67 municipios.
El Padre Maldonado fue aprehendido el Miércoles de Ceniza de 1937, el 10 de febrero, en Santa Isabel. Fue llevado a la alcaldía, donde fue brutalmente golpeado en la cabeza.
Falleció el 11 de febrero en el Hospital Central de Chihuahua, por las heridas causadas por los golpes. Su vida, desde entonces, fue tenida por el pueblo con fama de santidad. Fue beatificado en 1992 y canonizado en el 2000.
El libro del Padre Dizán sobre el Pare Maldonado tiene grandes virtudes. Es el más completo y el más investigado que se haya hecho al respecto. Nuestro santo ya merecía un trabajo así.
Incluye una parte inédita: el juicio que se le siguió a los personajes que intervinieron en su asesinato. Había sido descubierto en el 2009 y ningún trabajo biográfico lo había incluido. Ayuda a entender más claramente la aprehensión y la cronología de su martirio.
Además, en el texto se incluye un número extenso de testimonios que enriquece la biografía. He de decir que no se conocen escritos del santo. No hay un diario, apuntes de reflexiones, homilías escritas… se conoce su vida gracias a los documentos oficiales de la curia eclesiástica y a los testimonios de quienes estuvieron cerca de él. Ambas fuentes fueron consultadas por el Padre Dizán.
Hay una parte también muy encomiable. Se refiere a los supuestos milagros obrados por la intercesión del Padre Maldonado. Al ser considerado mártir, su beatificación no requería el reconocimiento oficial de un milagro, y por estar incluido en el grupo llamado Cristóbal Magallanes y compañeros mártires, no se requirió un milagro específico de él, sino del grupo, para la canonización. No significa que no haya milagros obrados por su intercesión: no se han estudiado oficialmente… el Padre Dizán incluye algunos de estos.
Por último, incluyo dos más de los aciertos de esta biografía. Aparece el Camino de Maldonado, del que de alguna manera estoy ligado. René Molina es el alma. El Camino se convertirá -tengo la certeza- en un camino espiritual que ayudará en mucho a conocer la vida de nuestro santo. Con el paso del tiempo se convertirá en punto neurálgico del turismo religioso en México.
Y dos. El Padre Dizán incluye la devoción que existe en El Paso. Lo cuenta así el autor: En 2018 se decidió crear una nueva parroquia y construir su propio templo. Se hizo una encuesta para conocer el pensamiento de la feligresía. Había cuatro opciones, y ¡qué opciones!: Santa Teresita del Niño Jesús, San Juan Pablo II, Santa Teresa de Calcuta y Padre Maldonado. Ganó el Padre Maldonado… de este tamaño.
Un último final, si me lo permiten. El Padre Dizán tuvo la osadía de invitarme a ser parte de la presentación de su libro. Honor inmerecido, pero muy gustoso de hacerlo. Fue una gran experiencia, a pesar de que mi carga emocional no me dejó en paz. Tambien estuvo Ricardo Schiebeck.
Todo sea por el Padre Maldonado.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!
PD. Perdón Jaime. Perdón Felipe. Perdón Chivo… Perdón a mis cuatro lectores. Me excedí en las palabras. Solo por hoy. El libro y el Padre Maldonado lo merecían.

