Saltillo, Coahuila.- Tras el proceso de reducción de personal y despidos de más de mil 900 trabajadores de la empresa automotriz General Motors en Ramos Arizpe, el obispo de Santillo, Hilario González García, advirtió sobre el impacto inmediato de esta medida en las unidades familiares, en el mercado local y la economía regional.
“Primero, quisiera decirles a los trabajadores que no pierdan la esperanza”, expresó y agregó que “empezar el año sin trabajo nos puede desanimar; nos puede ser un golpe muy fuerte”.
A pregunta expresa, el obispo consideró que no existe una crisis generalizada en el sector automotriz: “Creo que se debe a cierto reajuste del tipo de producción”, explicó.
Sin embargo, el mensaje central del líder religioso se centró en la respondabilidad empresarial. En primer lugar se pronunció sobre las indeminizaciones justas y de ley que deben recibir todos los empleados despedidos por ajustes a su estrategia de producción e inversión: “Ojalá que el finiquito sea justo”, expresó y demandó que los pagos se realicen conforme a la ley para que los ex empleados tengan un respaldo económico en las semanas por venir.
Pero también hizo un llamado a las empresas e industrias locales para no ser indiferentes: “Ojalá que las otras empresas se hagan solidarias y puedan ofrecer un reacomodo”, señaló. Hizo énfasis en la necesidad de “que haya esa iniciativa de solidaridad para que no queden desprotegidos”.
Como una medida de apoyo concreto para ex empleados y sus familias, el obispo propuso que las parroquias actúen como enlaces. Sugirió que los párrocos faciliten la creación de bolsas de trabajo comunitarias para conectar a las personas afectadas con oportunidades laborales.

