Ciudad de México.- Ante la errática tendencia global de quienes quieren ganar la guerra en lugar de construir la paz, el Papa León XIV ha compartido un potente mensaje en el que reitera el llamado a construir una paz desarmada y desarmante.
En este novedoso Mensaje, el Pontífice ha puesto en evidencia los efectos negativos del relativismo, que nos impiden conocer la realidad, la naturaleza y la verdad de las cosas, del ser humano. Por otro lado, indicó que el gran desafío antropológico, es ayudarle a vivir en una dinámica trascendente, más que inmanente. El hombre que vive encerrado en sus ideologías, en sus intereses, en su poder, no podrá ser puente para construir la paz, el diálogo, el desarrollo que requiere la humanidad.
En el episodio 171 de Diálogos por la Esperanza, en la novena temporada dedicada a los primeros mensajes y pensamientos del Papa León XIV, se convocó a dos prominentes laicos mexicanos, con sendas trayectorias polifacéticas en tanto que han participado tanto en la academia y la investigación como en organismos sociales y en el servicio público: el Dr. Jaime del Arenal Fenochio y el Mtro. David Eduardo Calderón Martín del Campo.

Bajo la conducción del Pbro. Maestro en Ciencias Eduardo Corral Merino y con el afectuoso saludo del Arzobispo Emérito de León, Mons. Alfonso Cortés, Responsable de la citada Dimensión, y del secretario de la misma, Pbro. Dr. Carlos Sandoval, los disertantes, calificaron el referido Mensaje al Cuerpo Diplomático, como muy oportuno y rico en planteamientos ante los conflictos coyunturales. Señalaron que, además, es una gran pieza del Magisterio Social y una brújula para navegar la profunda crisis civilizatoria actual. Ante los distintos conflictos que vive nuestro mundo, este Mensaje no se limita a una mera descripción de los problemas sino que nos exhorta a explorar, sobre todo, la posición de los seres humanos frente a ellos.
El diálogo reveló una preocupación del Papa León respecto a la fractura del lenguaje y la consecuente imposibilidad del diálogo auténtico que, como efecto pernicioso, producen los conflictos que impiden la paz. Esta crisis se enmarca, a su vez, en una comprensión errónea de la relación entre lo terrenal y lo eterno. El Papa Agustino, puntualizó con la ayuda de San Agustín, en su obra la Ciudad de Dios, que: “los cristianos están llamados por Dios a habitar en la ciudad terrenal con el corazón y la mente puestos en la ciudad celestial, su verdadera patria. Al mismo tiempo, los cristianos que viven en la ciudad terrenal no son ajenos al mundo político y, guiados por las Escrituras, buscan aplicar la ética cristiana al gobierno civil”.
El exembajador y actual Director del Centro de Estudios Interdisciplinares, Dr. Jaime del Arenal, destacó que el Papa advierte sobre un “relativismo del lenguaje” que ha creado una nueva Torre de Babel: “Las palabras ya no significan nada o si significan algo, significan lo que a mí me parece”, afirmó. Este “voluntarismo políticamente interesado” vacía de contenido objetivo conceptos fundamentales como: padre, vida, matrimonio o derechos humanos.
“Llamarle al pan, pan y al vino, vino, es una necesidad ineludible para entablar un diálogo... El problema ahora es que se dificulta muchísimo porque las palabras dejan de tener su sentido original. La subjetividad y el relativismo del lenguaje imposibilita que nos entendamos. Va a llegar un momento en el cual hay que seguir los lineamientos de alguien que imponga su lenguaje”, planteó.
Esta distorsión, señaló el embajador, no es inocente; es un instrumento de poder que busca dominar la realidad, redefiniéndola. El ejemplo del concepto de matrimonio –como lo planteó Del Arenal– es paradigmático: la lucha no es solo por un reconocimiento legal, sino por la apropiación del significante mismo, por imponer una nueva “verdad” subjetiva sobre la realidad objetiva. Cuando el lenguaje deja de ser un puente, se convierte en un arma. Los contertulios convergieron en las palabras del Papa: “El lenguaje se ha vuelto arma con la cual engañar y golpear”.
Frente a esta Babel conflictiva, el Papa León XIV reiteró a los representantes diplomáticos, en continuidad con su mensaje de inicio del Pontificado, la urgencia de una “paz desarmada y desarmante”. Al respecto David Calderón, filósofo, pedagogo y actual Director del Centro de Excelencia e Innovación para los Derechos y Oportunidades de la Niñez, profundizó en este núcleo del pensamiento pontificio, contrastándolo con la idea de “paz armada” o la paz como simple ausencia de conflicto impuesta por la fuerza: “Esta perspectiva de una paz desarmada y desarmante... está conectada con la humildad y la perseverancia. Se tiene que pensar en una paz desarmada, que es humilde, que no recurre a los medios de la fuerza; y que es desarmante, a partir de la perseverancia de estar ahí apostándole sistemáticamente al diálogo”.
La paz, por tanto, no es un estado pasivo ni el botín del vencedor, que impone “la fuerza de la violencia”. El sacerdote Eduardo Corral sintetizó estas reflexiones retomando del Papa: “Mientras que la guerra se conforma con la destrucción, la paz requiere esfuerzos continuos y pacientes de construcción”. Recordó que la paz es un don que viene de Dios, pero también una tarea humana que exige justicia. Como definió León XIV, “es la instauración de un orden querido por Dios que comporta una justicia más perfecta entre los hombres”. Esta paz es, en esencia, diálogo constante, construcción de consensos, que requiere, hacer atractivo el bien y reconocerlo.

Los disertantes reflexionaron en torno a este equilibrio fundamental: el cristiano no es un extranjero apático ni un revolucionario que impone un paraíso terrenal. Es un peregrino con los pies en el lodo –como la metáfora citada por el Mtro. Calderón– que actúa en la Ciudad de los Hombres con la brújula puesta en la Ciudad de Dios. Su acción política y social se guía por una ética que busca el bien común desde la fraternidad, no desde la imposición ideológica. Esto implica rechazar tanto el quietismo como el “lenguaje violento” o la “cristiandad batalladora” que romantiza la confrontación, como advirtió Calderón respecto a la historia de México.
Del Arenal Fenochio llevó la crítica del relativismo al ámbito jurídico y señaló el “cortocircuito de los derechos humanos” del que habla el Papa y que afecta a la civilización contemporánea. Esto ocurre, dijo el jurista, cuando cada derecho “se vuelve autorreferencial” y se desconecta de la realidad, la naturaleza y la verdad. Se pasa de una dignidad humana objetiva a una “dignidad humana subjetiva”, donde mis derechos prevalecen sobre los tuyos, destruyendo la base misma del pacto social y del Estado de Derecho.
Frente a este panorama, la conclusión del diálogo y la experiencia sobria de la realidad compleja es una llamada a la esperanza activa y responsable. Por ello, los invitados coincidieron que el discurso del Papa al cuerpo diplomático “no es un mensaje solo para embajadores, sino para todos los bautizados y personas de buena voluntad”.
“Desarmada y desarmante tiene que ser una tarea de estarle dando vueltas... ¿en dónde puede ser mi trabajo, mi construcción, mi propuesta, desarmada y desarmante... para que todos los bautizados nos hagamos responsables de este llamado?”, concluyó David Calderón, quien también es cofundador y expresidente ejecutivo de la asociación Mexicanos Primero.
El documento, finalizó el sacerdote Eduardo Corral, llama a una profunda conversión y exhorta a la comunidad creyente a decir “como dijo Jesús: guarden las espadas; y entremos a la parte evangélica que significa esfuerzo, entrega, trabajo”. Esto, acotó, exige el reconocimiento personal de “un referente que nos trascienda, en el cual pueda objetivar claramente mi lenguaje y mi visión sobre la realidad”; de lo contrario, “cada quien vivirá en su inmanencia interpretando, valorando, posicionando y por supuesto reconociendo, o no, a los otros seres humanos, a lo otro -que es la Creación- y a el Otro, con mayúsculas”.

Corral Merino también sintetizó que el nuevo nombre de la paz es el progreso -en referencia a Pablo VI-, o de una manera más moderna, como lo definió Benedicto XVI, “un desarrollo humano, integral, solidario, sustentable”. Concluyó: “más que enfrentarnos en batallas, más que querer hacer guerras,.. mejor dediquémonos a la educación, al desarrollo, a la infraestructura, al cuidado, a la procuración de la democracia, a ejercer correctamente la libertad religiosa, de expresión, de asociación y a levantar instituciones que cada vez nos permitan ir alcanzando gradualmente, en lo posible, una paz que vendrá a su realización y a su plenitud sólo con la intervención de Nuestro Señor. Él llevará a plenitud todos nuestros esfuerzos, nosotros no, nosotros tenemos que entender que los esfuerzos humanos son eso”.
Anticipó que se realizarán posteriores comentarios y análisis a este mismo mensaje cuya importancia radica en que no ilumina una coyuntura, sino que alimenta el sustrato permanente de la acción socializante: la caridad que desarma, la verdad que libera y la esperanza que construye, incluso cuando se camina entre límites y se anhela una patria, que no es de este mundo.

