Acapulco, Guerrero.- La Iglesia católica en la costa de Guerrero debe dar mayor seguimiento y acompañamiento a las víctimas de la violencia y familiares consideró el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González. En su mensaje dominical, el pastor hizo un llamado a la feligresía y a los agentes pastorales de la región para que redoblen esfuerzos pues "no se puede alcanzar la paz si no se coloca en el centro a quienes han sufrido hechos delictivos", dijo.
González González ofreció palabras de consuelo y solidaridad a familiares y amigos de quienes fueron asesinados en estas últimas semanas, así como a quienes han sido víctimas de otras formas de violencia.
Comentó que el dolor de las víctimas de la violencia en México es compartido por la sociedad y advirtió que existe el riesgo de normalizar o volverse indiferentes ante el sufrimiento provocado por estos hechos delictivos.
El arzobispo enfatizó que todas las personas son corresponsables en la construcción de la paz y que esta tarea debe realizarse de manera conjunta, aun y cuando esté presente la presión de las estructuras del crimen organizado. Aseguró que se debe ser constructores de paz desde el hogar y urgió a prestar atención los jóvenes.
En su mensaje, el pastor lamentó que decenas de personas quedaran varadas durante su regreso de vacaciones la semana pasada y reconoció el dolor que generó esa situación en las familias; por ello, reiteró que los procesos de paz implican expresar desacuerdos sin afectar los derechos de terceras personas, siempre dando prioridad al diálogo para buscar el bien común como un eje fundamental.
El arzobispo ofreció una disculpa especialmente a los turistas y automovilistas que permanecieron varados por más de siete horas durante el bloqueo del pasado 2 de febrero en la Autopista del Sol; llamó a expresar inconformidades sin vulnerar los derechos de terceros, subrayando que el diálogo debe ser la vía para resolver conflictos.
El prelado reconoció la gravedad de la violencia y la presencia del crimen organizado, pero enfatizó que la construcción de la paz no corresponde solo a las autoridades, sino que debe comenzar en las familias, comunidades y barrios.

