Ciudad de México.- Tal como se anunció semanas atrás, la comunidad jesuita y familias de personas desaparecidas conmemoraron el cuarto aniversario del asesinato de los sacerdotes Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, así como del guía de turistas Pedro Palma, quienes fueron abatidos en una jornada de frenética violencia en Cerocahui, perpetrada por un arraigado capo local. Al mismo tiempo, la titular del ejecutivo estatal de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, encabezó un homenaje y lanzó como gobernadora una crítica al gobierno.
Decenas de fieles se reunieron en la parroquia de la Sagrada Familia, en la Ciudad de México, para recordar a los religiosos jesuitas Javier Campos “El Gallo” y Joaquín Mora, asesinados hace cuatro años en Cerocahui, comunidad de la Sierra Tarahumara, junto con el guía de turistas Pedro Palma. La misa fue oficiada por el sacerdote provincial de los jesuitas mexicanos, Enrique Mireles Bueno, quien recuperó la memoria y el legado de quienes compartieron vida y misión con el pueblo rarámuri.
“Pidamos a Dios que nos conceda vivir sin miedo”, expresó el padre provincial y recordó del Evangelio: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. La exhortación resonó como una clave para comprender el legado de Javier Campos y Joaquín Mora, cuya vida y ministerio estuvieron marcados por una fe que se negó a ceder ante la violencia, aun en los últimos minutos de su vida.
El legado de “El Gallo” y Joaquín Mora
Mireles Bueno recordó las figuras de ambos sacerdotes. Del padre Javier, conocido como “El Gallo”, dijo que fue “un jesuita de corazón grande, donde todos cabían”. Lo definieron así algunos padres de la Tarahumara y mucha gente de la sierra. “Él conocía la Sierra como la palma de su mano y amaba la diócesis de Tarahumara, los pueblos indígenas y los pueblos mestizos con un corazón donde todos tenían un lugar”, añadió. Contó que era muy platicador, que anunció la Buena Nueva y procuró atender las necesidades de la gente desde lo más práctico, como arreglar máquinas de coser y lavadoras, hasta lo más profundo y espiritual. En su estado de WhatsApp escribía: “Sé en quien he puesto mi confianza”.
Del padre Joaquín Mora, el provincial dijo que fue “un jesuita muy ocurrente, sencillo, alegre, muy querido por la gente”. Nació en Monterrey en 1941. Su padre fundó la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Joaquín trabajó la mayor parte de su vida en Tampico y en la Tarahumara, donde estuvo cerca de 25 años. “Él sabía escuchar muy bien a la gente. Visitaba las comunidades y caminaba con un sombrero y un bordón allá en la sierra”, recordó Mireles. En un aniversario de su sacerdocio, Joaquín agradeció porque siempre estuvo Jesús a su lado: “No me ha faltado Jesús en todos, en todos estos años”.
Ambos jesuitas, dijo el provincial, “demostraron su valentía y su fe. Murieron cumpliendo su misión como sacerdotes dentro de la iglesia de Cerocahui, donde El Gallo era párroco y Joaquín, vicario”. Javier alcanzó a llamar a la policía cuando los sicarios perseguían al guía de turistas, mientras Joaquín administró los santos óleos al hombre recién asesinado.
“Cerocahui se ha convertido en un símbolo del martirio y la inseguridad que viven tantos mexicanos, pero al mismo tiempo es un símbolo de esperanza en donde la gente busca superar las pérdidas causadas por la violencia que ejercen los grupos del crimen organizado”, afirmó Mireles Bueno.
Familias de desaparecidos
La misa en la Ciudad de México contó con la presencia de familias de personas desaparecidas, que compartieron sus historias: Vanessa Gámez, madre de Ana Amelí, desaparecida el 12 de julio de 2025 en el Ajusco, pidió no olvidar a las más de 135 mil personas desaparecidas en México. “No necesariamente andaban en malos pasos. También son jóvenes, hombres y mujeres de fe”, expresó.
Carolina Espinoza busca a su esposo, Ignacio Santiago Pérez, médico del IMSS, desaparecido el 12 de junio de 2020 en la alcaldía Magdalena Contreras. A seis años de su desaparición, señaló que su familia continúa en la búsqueda, en medio de una crisis que, solo en la Ciudad de México, suma más de seis mil personas desaparecidas. Pidió acompañar a las familias compartiendo las fichas de búsqueda: “Esas horas pueden ser valiosas para encontrarlos todavía con vida”.
Trinidad Parra, madre de Efrén Emmanuel Castro Parra, desaparecido el 15 de octubre de 2025 en el Centro Histórico, dijo que su fe y el acompañamiento de la Iglesia la sostienen para seguir luchando por encontrarlo. La abuelita de Ana Amelí agradeció la escucha y las oraciones: “Una oración vale más que mil pesos —dijo—, pero la Palabra de Dios es lo más importante”.
En Cerocahui, procesión y toma de parroquia
En la comunidad de Cerocahui, la jornada conmemorativa inició con una procesión desde la entrada del poblado, en la que participaron integrantes de la comunidad rarámuri con danzas tradicionales y banderas blancas, acompañados por sacerdotes jesuitas. Los feligreses avanzaron hasta el Templo de San Francisco Javier, donde descansan los restos de los sacerdotes. Allí se realizó el rito de purificación de las tumbas y luego la Eucaristía, encabezada por el obispo de la Tarahumara, Juan Manuel González Sandoval. En ese marco, se anunció el nombramiento del padre Rodrigo Espinoza López como nuevo párroco de Cerocahui.
La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, acudió al evento, acompañada por los secretarios de Educación, Seguridad Pública y Pueblos y Comunidades Indígenas. Campos refrendó el acompañamiento institucional a la región serrana y destacó la implementación de presupuestos enfocados en salud, desnutrición y combate a la pobreza: “Estamos aquí con solidaridad. Tenemos un presupuesto que se ha venido implementando en la Sierra Tarahumara para el combate a la pobreza, desnutrición y salud”, puntualizó.
'Gobierno de la muerte': la crítica desde el poder
En declaraciones a medios, la gobernadora calificó al Gobierno Federal como un “gobierno de la muerte”, al señalar la falta de atención ante los hechos de violencia ocurridos hace cuatro años.
La titular del ejecutivo estatal politizó y partidizó su aseveración: “Cuando le decimos al Gobierno Federal, a MORENA y a la 4T, que es un gobierno de la muerte [es] porque muchas veces se les pidió atención aquí en la zona y no hicieron caso; hicieron caso omiso y miren lo que sucedió”, declaró. La mandataria estatal, además de responsabilizar directamente al partido político Morena y al Gobierno Federal (en aquel entonces presidido por Andrés Manuel López Obrador) por los asesinatos, lamentó el abandono de la Federación en temas de seguridad y dijo que es evidente la falta de seguimiento tras la tragedia, pese a la presencia inicial de elementos de la Guardia Nacional, cuya permanencia, afirmó, actualmente es inexistente.
Muchos otros Cerocahui en México
Por su parte, la congregación jesuita destacó que los asesinatos de Javier Campos, Joaquín Mora, Pedro Palma y Paul Berrelleza “abrió una conversación urgente sobre la justicia, la seguridad y la construcción de la paz en México. Sin embargo, Cerocahui no comenzó aquel día, ni tampoco terminó entonces”.
En un comunicado, los jesuitas señalaron: “Hay muchos otros Cerocahui en México. Están en las montañas de Guerrero y en las comunidades indígenas de Chiapas, donde cientos de personas siguen siendo desplazadas violentamente de sus hogares y territorios. Están en los pueblos de Michoacán, que viven bajo el control de grupos armados, y en las regiones serranas de Chihuahua, donde el crimen organizado sigue disputando territorios, economías y formas de vida”.
“La experiencia de la Sierra Tarahumara muestra que la violencia no puede atenderse únicamente desde una lógica de seguridad. Cerocahui no ocurrió en un vacío: durante décadas, sus comunidades han enfrentado pobreza, desplazamiento, despojo territorial, falta de servicios básicos y una débil presencia institucional. La violencia encuentra terreno fértil allí donde se debilita el tejido comunitario y persisten condiciones de exclusión y abandono”.
El religioso Mireles Bueno concluyó su homilía con una cita que le gustaba al padre Joaquín: “Doy gracias a mi Dios por todo lo que recuerdo de ustedes”. Cuatro años después, Cerocahui sigue siendo ese lugar donde la memoria no se rinde y donde el llamado a la paz resuena con la fuerza de quienes no aceptan la violencia como destino.

