Martes, 25 Febrero 2020

O Opinión

SÍNODO DE LA AMAZONIA, RIESGOS Y OPORTUNIDADES

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selva y ciudad sínodo panamazónico

La Iglesia católica es un cuerpo en constante adaptación, hay que comenzar desde esa convicción. Por supuesto, es principalmente una institución que resguarda bienes espirituales trascendentales y los protege desde el gobierno pastoral, el magisterio de la fe y la disciplina de los sacramentos.Hay una fisonomía esencial pero la institución eclesial se renueva y adapta por fidelidad a Cristo, incluso acondicionándose a los más profundos cambios civilizatoriosque la humanidad ha experimentado en los últimos dos milenios.

Todo parece indicar que la institución católica está frente a uno de esos complejos procesos; no por sí misma o por su voluntad, sino porque la realidad cultural, tecnológica y ambiental se lo exige. Del 6 al 27 de octubre próximos, se realizará la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica y se espera que se pongan en el debate algunas ideas que hoy podrían ser controversiales pero que probablemente se inserten en el magisterio contemporáneo y, con el tiempo, hallen un lugar en la cotidianidad de una Iglesia universal.

Por supuesto, este tremor profundo despierta dos reacciones naturales al interior de la Iglesia: de quienes desean empujar todos los cambios sin reflexionarlos mucho y de aquellos que ni siquiera desean la reflexión para que nada cambie. Como ya se ha vuelto una costumbre en el pontificado de Francisco, ciertas voces han manifestado sus preocupaciones sobre el Sínodo de la Amazonia: han llamado herético al Instrumentum laboris y al documento preparatorio del sínodo, han cuestionado la inexplicable ausencia de los misterios de la fe cristiana en la ruta del trabajo sinodal y, por tanto, han alimentado el seductor relato sobre la validez del pontificado reinante en una enfebrecida caterva de antibergoglianos. ¿Cuáles son los riesgos que este sector advierte del Sínodo?

Empecemos por el principio: El sínodo de la amazonia lleva desde su convocatoria parte de su intención: “encontrar nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Está orientado a atender una porción específica -hasta pequeña podríamos decir- del orbe terrestre pero cuya relevancia simbólica adquiere una importancia vital para el resto del planeta y, quizá, para el destino mismo de la humanidad.