Crecí leyendo cómics. Cuentos de caricaturas, les decía. El Pato Donald, Archi, Fantomas, Chanoc, Memin Pinguin… Los llevaban mis hermanos, o a veces mis papás me los compraban cuando les ayudaba en la compra semanal del super.
Aunque sí llegaban, yo no leía ni El libro Vaquero, ni los Supermachos. Tampoco La familia Burrón, que no la llevaban mis hermanos.
Más tarde, adolescente ya, me hice super aficionado a Mafalda. Luego descubrí a Quino sin Mafalda. Genial en ambos. También compré en comics las grandes novelas de la revolución mexicana, que luego se fueron en una limpieza que se hizo en casa cuando yo no estaba y no pude defenderlas.
A mediados de los 80, me encontré con José Luis Cortés, un sacerdote español que hacía comic religioso con una inteligencia grandiosa. Quedé prendido. Era difícil conseguir sus libros, pero me las ingenié para tenerlos.
Eso fue ayer. O antier. Desde hace rato, varios años ya, no tengo acercamiento con los comics. Si acaso, de vez en vez, vuelvo a Cortés. No estoy al tanto de lo nuevo. Me sorprendí cuando algún alumno me interrogó sobre mi lectura de mangas. No entendí. Se rieron todos. En la Feria del Libro de Guadalajara se dispone un gran espacio para los stands de comics, que recorro muy rápido sin detenerme.
Por lo anterior, cuando recorrí de corridito las mesas atestadas de la Librería Infinito y me encontré con la primera novela de Maitena Burundarena no me llamó la atención el nombre de Maitena, pero sí la recomendación de ese libro de Rosa Montero. Pensé de inmediato que si Montero recomendaba a Maitena, debía ser buena. Y salí con Rumble.
Explica la autora argentina: “En las revistas de historietas, rumble es el sonido de la tierra vibrando bajo tus pies, cuando caen las rocas por la ladera o está a punto de explotar un volcán, ¡rumble! ¡rumble! Lo escriben en letras rojas con los bordes en zigzag, pero nosotras lo usamos para describir esa sensación que te frunce todo adentro del cuerpo y tenés que apretar los labios y mordértelos para que no se te caigan los dientes…”.
Rumble cuenta la historia de una niña que se convierte en adolescente y va describiendo las historias a su alrededor. Su inapetencia a la escuela. Las relaciones amistosas. La convivencia con la familia y también la “desconvivencia”. El descubrimiento de la libertad y el libertinaje. El primer novio…
Debo reconocer que la primera parte me fue difícil. No encontraba la empatía con la historia ni la forma de la narración. Leía y volvía a leer. Releí varias páginas. De pronto encontré el clic cuando descubrí que la autora Maitena Burundarena era creadora de comics. Busqué su historia. Famosa en Argentina. Rumble es su primera incursión en la literatura sin comics.
Después de encontrarme con esos saberes hice clic de inmediato con Rumble. Quizá intenté hacer de sus palabras una imagen o quizá me imaginé la imagen y la encontré diáfana en las palabras. El desarrollo de su narración es de frases cortas, como si estuviera escribiendo un comic, y esto tiene su encanto si lo descubres y luego vas imaginando las imágenes en esas pequeñas frases. El resultado fue que Rumble se me apareció más iluminada.
La novela no tiene grandes intenciones. No es su cometido. Cuenta la historia con historias. La adolescente y sus vagancias escolares, la ida y la vuelta en tren, los viajes que hacen dentro de la ciudad, la descripción de su familia a través de cómo se lleva con los padres y con los hermanos, el descubrimiento del amor y los amoríos, el desencuentro con las drogas, el hallazgo de la enfermedad… Allí se va reflejando la vida de la protagonista, y un poco en el fondo -solo un poco- la vida de la Argentina en los años 70, bajo la dictadura militar y el encanto del mundial de futbol de 1978.
De alguna manera, Maitena va desvelando su visión de la sociedad en una familia pudiente, que le gusta guardar las formas, pero que en el interior vive la descomposición familiar afectada por las ideologías en boga en los 70. La adolescente adolece del amor paterno y no logra congeniar con el materno. Los hermanos viven en un caparazón egoísta que hace que la convivencia fraternal no se realice. Encima, los compañeros de la protagonista no ayudan mucho en el crecimiento fraternal.
Rumble es un rumble de crítica social familiar. Y me parece que Maitena lo logra de sobra.
Cuando colocaba a Rumble en su nuevo hogar en el librero de la sala espaciosa de la casa rosalina me encontré con Mundo Quino. Es una antología de imágenes del creador de Mafalda, que no contiene palabras ni rumbles. El ingenio de Quino aparace allí en todo su esplendor. No cualquiera. Estoy tentado a hacer una historia de su libro sin palabras, pero sería complicado para mis pocos talentos describir con palabras lo que el genio hizo sin ellas. Luego les hablo de mil cosas…
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida! Es Cuaresma, tiempo de dejar que las palabras y la Palabra se hagan vida en nuestra vida.

