Ainara, una joven vizcaína de 17 años, se encuentra en un proceso de discernimiento vocacional pues ha sentido un llamado a la vida religiosa conventual en pleno siglo XXI. Su proceso no es sencillo pues vive en el seno de una familia española moderna, secularizada con tradiciones sociales católicas remanentes y cuyos miembros lidian con el peso de la agitada vida contemporánea. Esa es la premisa que la directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa (Cinco Lobitos, 2022; Querer, 2024) ofrece como un moderno conflicto entre el incómodo e inoportuno llamado espiritual ante las inmensas expectativas y gratificaciones del mundo secular.
En su breve pero intensa producción cinematográfica, Ruiz de Azua propone un tipo de costumbrismo moderno en el que los hábitos, los tipos humanos y las tradiciones contemporáneas se enfrentan a silenciosas explosiones del ser, el sentimiento y la emoción.
En Cinco Lobitos, por ejemplo, nos ofrece adentrarnos a las sensaciones de una madre primeriza que intenta comprender su nueva realidad junto a sus padres y la crisis de la ausencia temporal de su pareja; en su miniserie Querer, Ruiz nos contraría aún más al ser testigos de una profunda ruptura familiar cuando la esposa decide denunciar a su marido de abusar sexualmente de ella durante los 30 años en los que han estado casados y han criado a sus dos hijos varones.
En sus propuestas, la cineasta explora los abismos de las relaciones familiares, es decir: las expectativas de amor, lealtad e incondicionalidad entre sus miembros, mientras intentan resolver los conflictos internos, indescifrables, inconfesables o vergonzosos para los cuales no hay respuesta ni en las palabras ni en ninguna argumentación racional.
Quizá por ello, en Los Domingos el cuadro central es la familia moderna y cómo enfrenta las inquietudes espirituales y vocacionales de una amada hija y sobrina. Porque, para la modernidad, la elección de una vida religiosa apartada del mundo y confirmada por un llamado divino es un acontecimiento que incomoda, que perturba y confunde, que resulta incomprensible e incluso doloroso: Ainara (Blanca Soroa) ha sentido el llamado de Dios al cual quiere responder y su familia desea comprender las razones, incluso confrontarla racional y argumentativamente para hacerla cambiar de opinión.
El problema, es que la elección de una vida monástica, contemplativa y conventual, no sabe de razones pragmáticas o utilitarias sino que pertenece al mundo celestial, etéreo y extraordinario. Es eso que la poeta Rosalía de Castro describió: “Ansia que ardiente crece, / vertiginoso vuelo / tras de algo que nos llama / con murmurar incierto”.
La película no se distrae en lo seráfico –quizá porque eso le corresponderá en todo caso a la protagonista– pero persigue esas miradas de desconcierto que el padre de Ainara, Iñaki (Miguel Garcés) y su tía Maité (Patricia López, espectacular) no logran asir a ninguna certeza: ¿Qué le ha faltado a Ainara? ¿Su madre? ¿Su espacio? ¿Amor? ¿Deseos? ¿Por qué no quiere seguir el rumbo esperado para una joven de su edad: la universidad, los novios, las amigas, las parrandas, la autosuficiencia laboral o el éxito profesional? ¿Por qué “teniéndolo todo”, Ainara parece “querer nada”?
Los Domingos es un filme inteligente y sobrio por cuenta propia, y al mismo tiempo, violentamente incómodo ante la sociedad actual. Obtuvo una extraordinaria aceptación de la crítica española y se llevó el Premio Goya 2026 a mejor película; y, sin embargo, su propuesta ha sido inconveniente y hasta irritante para ciertas audiencias; como es el caso de la comediante Silvia Abril quien denostó al filme al decir: “Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Iba a decir lo místico, pero es que no es lo místico. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado".
La mortificación de Silvia Abril precisamente confirma el conflicto de la sociedad española moderna secularizada y descristianizada que exige preservar su identidad antirreligiosa (o por lo menos despreciativa de ‘lo religioso’) incluso ante una propuesta cinematográfica que plantea inquietudes filosóficas profundas. La reacción de la familia de Ainara en la ficción es generosa frente a lo que quizá sucede en familias modernas ante el llamado espiritual de alguno de sus miembros.
Y eso nos lleva a una última reflexión que el filme plantea sutilmente: la fuerza del drama no sucede en las palabras ni en las cosas o las acciones, sino en el silencio, el vacío y la quietud (las escenas del monasterio inquietan por su radical austeridad). Esa opción narrativa es atinada y muy oportuna; Byung-Chul Han ha asegurado que nuestra sociedad productiva e hiperconsumista hace que las personas “rueden como rueda la piedra, conforme a la estupidez de la mecánica”, reduciendo al ser humano a términos de trabajo, rendimiento y juego de intereses. Vivimos así en una profunda crisis antropológica y civilizatoria, porque “estamos perdiendo cada vez más la capacidad contemplativa. La creciente obligación de producir y comunicar dificulta la pausa” y por ello, la vida religiosa es un signo discordante e incómodo, porque “la religión presupone una atención particular… y la atención es la plegaria natural del alma”.
Los Domingos es un filme que no hace propaganda religiosa ni intenta evangelizar a nadie; pero invita precisamente a poner atención en el sentido natural y trascendente de lo religioso pues: “La religión respira allí donde la libertad misma ya se ha convertido de nuevo en naturaleza” (Schleiermacher). Gracias al Festival Internacional de Cine Espiritual (FICES) que este 2026 se inaugura en México como un espacio de divulgación y reflexión cinematográfica, la película Los Domingos y una selección de ocho filmes más estarán disponibles en las pantallas grandes de varias salas del país para la apreciación y reflexión espiritual.
*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

