Ciudad del Vaticano.- El Vaticano vivió una jornada histórica; por primera vez, un pontífice asistió en persona a la presentación pública de uno de sus documentos magisteriales. León XIV ocupó un lugar en el Aula del Sínodo —ubicada dentro del complejo Pablo VI— junto a cardenales, teólogos y expertos en alta tecnología, entre ellos Christopher Olah, cofundador de la firma Anthropic, especializada en interpretabilidad de sistemas de IA.
El acto congregó a las máximas autoridades de la Curia Romana. Intervinieron como ponentes el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe; el cardenal Michael Czerny, S.J., prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; y el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, quien presentó formalmente el evento.
Junto a ellos, la teóloga británica Anna Rowlands, de la Universidad de Durham; Christopher Olah; y la profesora Leocadie Lushombo, docente de teología política en la Jesuit School of Theology de California, aportaron la visión científica y académica.
El Pontífice firmó simbólicamente la encíclica el 15 de mayo de 2026, fecha que coincide exactamente con el 135 aniversario de la promulgación de la “Rerum Novarum” (1891), el documento con el que el papa León XIII sentó las bases de la doctrina social de la Iglesia frente a la revolución industrial.
Desarmar la IA, petición central
El papa León XIV explicó el origen y el sentido de su primera encíclica durante el discurso pronunciado en el Aula del Sínodo. Relató que escuchó a científicos e ingenieros que trabajan con entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar el sufrimiento humano; a líderes políticos que buscan reglas justas; a padres y maestros preocupados por el futuro de las nuevas generaciones. También escuchó “voces muy preocupantes” sobre sistemas de armas autónomos, algoritmos que bloquean el acceso a la salud, el empleo y la seguridad, y “el silencio de quienes no tienen voz” ante decisiones que generan nuevas formas de exclusión.
“De esta escucha maduró una convicción inquietante expresada en ‘Magnifica humanitas’: la inteligencia artificial necesita ser desarmada”, afirmó el Papa. Reconoció que la palabra “desarmar” es fuerte, pero la eligió deliberadamente porque este momento requiere palabras capaces de “despertar conciencias e indicar caminos hacia adelante para la humanidad”.
El pontífice pidió liberar a la IA “de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, exclusión o muerte” e invocó el desarme de las tecnologías para que se pongan al servicio del bien común. Recordó el apoyo de la Iglesia al desarme nuclear y aplicó ese mismo principio a la inteligencia artificial. “Toda gran potencia tecnológica debe ir acompañada de discernimiento moral y rendición de cuentas pública”, sostuvo.
El documento consta de 245 números distribuidos en una introducción, cinco capítulos y una conclusión. Incluye 224 citas y referencias que abarcan desde las Sagradas Escrituras hasta el magisterio reciente. Está disponible en diez lenguas, entre ellas latín, español, árabe y chino.
La premisa fundamental de “Magnifica humanitas” es que la tecnología no es “una fuerza antagonista a la humanidad” ni es “intrínsecamente maligna”. Sin embargo, “la tecnología nunca es neutral, porque adquiere las características de quienes la diseñan, financian, regulan y utilizan”.
El primer capítulo traza la Doctrina Social de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II y la presenta como una “teología de comunión en la historia”, no como un manual de principios y normas para aplicar. El segundo capítulo explora los fundamentos de esa doctrina: la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. El Papa advierte que “la presión de nuevas ideologías o ciertos intereses muy poderosos” pueden reducir a la persona a “un recurso para ser usado y explotado” o reducirla a “lo que logra o produce”.
Entre las principales ideas del documento se incluyen: la crítica al paradigma tecnocrático deshumanizador; la defensa de la verdad como bien común democrático; la primacía del trabajo sobre la automatización; la justicia social con opción preferencial por los pobres; el destino universal de los bienes digitales, entendiendo algoritmos, datos y plataformas como bienes comunes; el rechazo a la guerra y a las armas autónomas, con la prohibición de delegar decisiones letales en máquinas; la condena a las nuevas esclavitudes digitales y al “colonialismo de datos”; y una alianza educativa entre familias y escuelas para formar en la sobriedad digital.
León XIII, la nueva revolución
El papa León XIV eligió su nombre precisamente para continuar la senda de su predecesor. Como dice VaticanNews: si “el León de antaño” observó la situación de los obreros y las familias desarraigadas por la transformación industrial y comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen, el “León de hoy” mira hacia las “cosas nuevas” de este tiempo: la inteligencia artificial, con su potencial y sus peligros.
“Hoy nos encontramos frente a una transformación de magnitud similar, con consecencias quizás aún mayores”, afirmó el pontífice. La Iglesia está llamada a “descifrar las cosas nuevas a la luz del Evangelio y de la dignidad del hombre”.
El Papa recurrió a dos imágenes bíblicas contrapuestas: la 'Torre de Babel' y la 'Ciudad donde Dios y la humanidad habitan juntos'. “La humanidad, creada por Dios en toda su grandeza, enfrenta hoy una elección crucial: construir una nueva Torre de Babel o edificar la ciudad en la que Dios y la humanidad moren juntos”, abre la encíclica.
León XIV asegura que la Iglesia no pretende sustituir a quienes tienen competencia técnica: “No tenemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a quienes tienen la competencia necesaria”, señaló. “Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común”.
El pontífice recordó su experiencia como misionero en Perú durante las inundaciones de 2017: “Aprendí que reconstruir no significa simplemente reemplazar lo que ha sido destruido. Significa reparar los lazos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro”, afirmó. “Nadie reconstruye solo”. Con esa misma lógica, invitó a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana a aprender a escucharse unos a otros, a afrontar con valentía los desafíos del presente y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.
La presentación de Magnifica humanitas ocurre en un momento de regulación creciente de la inteligencia artificial en diversas latitudes. La Unión Europea avanza en la implementación de su Ley de IA, mientras Naciones Unidas discute marcos globales para el uso de sistemas autónomos. El Vaticano se suma a este debate con una perspectiva antropológica y teológica que trasciende lo técnico.

