Zamora, Michoacán.- Ante la presencia de más de 300 fieles, 200 sacerdotes, una treintena de obispos de la República y diversas autoridades civiles en el Santuario Guadalupano de Zamora, Joel Ocampo Gorostieta tomó posesión como décimo primer obispo de la Diócesis de Zamora. En su mensaje, pidió "redoblar esfuerzos" y "vivir en serio la fe para que brille la luz de Cristo a través de nosotros en los distintos ambientes sociales donde nos movemos".
En su primer mensaje pastoral, el obispo invitó a su nueva grey: "Reconozcamos y promovamos el don de la vida...en una sociedad laicista, hedonista y materialista donde se ha desplazado a Dios e incluso en muchos ambientes se le han cerrado las puertas: Los invito a vencer los miedos y a vivir en serio nuestra fe".

En la celebración donde fueron leídas y mostradas las letras pontificias con las que se verifica su designación para asumir la cátedra diocesana y el servicio episcopal en Zamora, Ocampo Gorostieta compartió el momento en que recibió el nombramiento. Relató que el nuncio apostólico, Joseph Spiteri, le anticipó la noticia durante la pasada asamblea plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Confesó que esa fue una de las asambleas más difíciles de su vida: “Solicité tiempo para discernir la encomienda”, dijo el nuevo obispo. Tras consultar a dos prelados a quienes definió como sabios y prudentes, decidió aceptar. Expresó su convencimiento de que “si el Papa lo pide, lo pide Dios”.
El obispo también compartió parte de su trayectoria sacerdotal en Tacámbaro donde él había decidido ser "cura de pueblo"; pero que el papa Francisco lo envió como pastor a Ciudad Altamirano. Su hermana, monja consagrada, le dijo que entonces debía ser "un obispo del pueblo". Por ello aseguró que llega ahora a Zamora "con confianza en la gracia de Dios y en la riqueza humana y espiritual de los sacerdotes, religiosos y fieles laicos". Aseguró que llega a su nueva diócesis "sin prejuicios y con el corazón abierto, con el único deseo de servir".
Ocampo Gorostieta pidió a la comunidad diocesana la oportunidad de conocerse mutuamente, dialogar, discernir, decidir y caminar juntos. Invitó a fortalecer la comunión para consolidar una Iglesia sinodal, como lo promovió el papa Francisco.

Reconoció la amplitud territorial de la Diócesis, que abarca la Ciénega, la Laguna de Chapala, la Meseta Purépecha y los valles del centro. Señaló que la realidad social y de violencia que vive Michoacán exige un mayor testimonio y compromiso cristiano para transformar la vida eclesial y social.
“Una de mis prioridades será la atención a los sacerdotes y a la vida consagrada”, afirmó. Consideró que el bienestar del clero permite un mejor servicio al pueblo de Dios. Exhortó a vencer el cansancio, superar el conformismo y salir a las periferias geográficas y existenciales para anunciar el Evangelio.
"Será prioritaria mi atención a los sacerdotes y a los consagrados; porque si nosotros estamos bien, podremos atender mejor a nuestros fieles laicos a quienes debemos servir con verdadero amor, con el amor de Jesucristo, el Buen Pastor. Los invito, hermanos sacerdotes, religiosos y hermanas religiosas a vencer nuestros cansancios, a superar nuestro conformismo, a salir de nuestras zonas de confort y a acudir a las periferias existenciales, para llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos y de manera especial a los más pobres y necesitados".

El obispo hizo además una invitación a los padres de familia y a los agentes de pastoral para comprometerse en la tarea catequética de las nuevas generaciones: "Luchemos por hacer de la familia la Iglesia de casa.. donde se aprenda a respetar la dignidad, los derechos y la vida de los demás".
Destacó la importancia del seminario como corazón de la Diócesis y saludó a los seminaristas. Ante la disminución de vocaciones, llamó a intensificar la oración y a promoverlas mediante el testimonio de vida.
Dirigió un saludo especial a los pueblos purépechas y a las comunidades migrantes, tanto a quienes permanecen en la región como a los que se encuentran en Estados Unidos u otros destinos. Les envió su bendición y cercanía pastoral.
Finalmente invitó a redoblar esfuerzos en los centros de misión diocesanos: "dando lo mejor de nosotros y sirviendo con alegría y entrega generosa. Que nada ni nadie nos robe la alegría de servir".
Pidió a sus colaboradores ponderar las tres palabras clave de su lema episcopal: unidad, justicia y paz, pues "trabajemos todos para lograr la unidad y la comunión. La paz será siempre fruto de la justicia, es un don de Dios y una tarea nuestra. No basta rezar. Es necesario que todos seamos verdaderos agentes y artesanos de paz, erradicando de nosotros todo acto amenazador y de violencia".
Al respecto, momentos antes, durante la reflexión homilética, el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, habló sobre la paz y la justicia hacia la unidad: "Es el gran desafío de la vida humana... hoy se siente a flor de piel el conflicto. Ese es el mayor desafío". Advirtió que la unidad "se construye, se teje suavemente en la escucha, en el diálogo y el perdón. La unidad es una resultante de un trabajo intenso y una tarea cotidiana".
Recordó que Cristo utilizó la imagen y el objeto de la red de pesca "y quiso que la Iglesia fuera esa red; donde el obispo debe saber tejer, lavar, remendar [pues] solo así la Iglesia puede caminar". Por ello, invitó al nuevo obispo de Zamora "a este servicio humilde y paciente de crear la unidad, esta que se rompe fácilmente pero que también se construye con el esfuerzo acético de la escucha y el perdón".
"La unidad -continuó el arzobispo- no se logra por decreto, no se impone; se construye sólo cuando perdemos, cuando nos ofrecemos, cuando morimos, cuando cedemos... Pues cuando el pastor se guarda para sí mismo, la comunidad se fragmenta; [pero] cuando el pastor se entrega, el pueblo se reúne y camina".
En un acto previo, Ocampo Gorostieta realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad en la Catedral diocesana. Reafirmó su compromiso con la Iglesia católica y con el Pontífice. Enfatizó que su misión pastoral se centrará en enseñar al pueblo de Dios, santificarlo y regirlo en comunión con la cabeza del Colegio Episcopal. Afirmó que custodiará de manera pura e íntegra el depósito de la fe y enseñará con fidelidad las verdades que se deben creer.
A la ceremonia de toma de posesión asistieron los presidentes municipales de Zamora, Jacona, Purépero, Chilchota y Sahuayo, además de diputados locales y funcionarios públicos.


